lunes, 23 de julio de 2018

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO Por Max Heindel - en you tube -

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
Por Max Heindel

He aquí cómo puede ser explicado, en esencia, el argumento que sustenta la religión Cristiana ortodoxa sobre el sacramento del matrimonio.
Primero: Tentados por el demonio, nuestros primeros padres pecaron y por ello fueron arrojados del Paraíso y en consecuencia, quedaron sujetos a la ley y la muerte de la que no podían escapar por su propio esfuerzo. 
Segundo: En su gran amor por los hombres, Dios envió a su hijo Unigénito al mundo para redimirle y establecer en él el reinado del cielo. Luego la muerte será al fin vencida por la inmortalidad. 
Este sencillo credo ha hecho sonreír compasivamente a los ateos, a los puramente intelectuales que han profundizado en filosofías trascendentales y también a muchos que estudian la Misteriosa Doctrina Occidental. Pero tal actitud es enteramente gratuita, según vamos a demostrar. 
En primer lugar hemos de reconocer que los guías divinos no hubieran permitido que millones de seres vivieran en el error durante siglos y siglos. 
Cuando se despoja a la Misteriosa Doctrina Occidental de todo exceso de demostraciones y prejuicios y de detalladas descripciones secundarias, se ve claramente que sus enseñanzas concuerdan con los de la doctrina cristiana ortodoxa. 
Hubo un tiempo en que la humanidad vivía en la pureza, desconociendo la tristeza del dolor y la muerte. 
Digamos también, que no es una superchería ni un mito de la Cristiandad el “tentador personal” (demonio) pues los espíritus de Lucifer fueron realmente ángeles caídos que tentaban y están tentando al hombre, valiéndose de la sugestión en la fase material de su existencia donde el hombre está supeditado a la ley de la decrepitud y de la muerte. 
Muy cierto es así mismo que la misión de Cristo fue la de ayudar a la humanidad a elevarse a un estado más sutil en el cual no será necesaria la disgregación para librarse del cuerpo denso. 
Este es realmente un “cuerpo de muerte” del cual vive únicamente una pequeña porción, pues, una parte de su masa es materia nutritiva que no ha sido todavía asimilada y otra gran parte está ya en camino de la asimilación, encontrándose entre ambos polos la sustancia que es enteramente vivificadora por el espíritu. 
Hemos considerado ya, en números recientes los sacramentos del bautismo y de la Eucaristía que afectan particularmente al espíritu. Vamos ahora a tratar de la parte profunda del sacramento del matrimonio que afecta al cuerpo.
Cual los otros sacramentos, la institución del matrimonio tuvo su principio y tendrá su fin. El principio fue expuesto por Cristo cuando dijo: “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo? Por lo tanto, el hombre dejará padre y madre y se unirá a su mujer y serán dos en una carne. Así que no son ya más dos sino una carne”. (San Mateo, capítulo 19 vers.4-6). 
Del mismo modo indicó Cristo el fin del Matrimonio diciendo: “Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres ni las mujeres maridos, más serán los Ángeles de Dios en el Cielo” (San Mateo, capítulo 22. vers.30). 
La lógica de la enseñanza que encierra este pasaje, es evidente, pues el matrimonio es necesario para que se produzcan, instrumentos por el mismo nuevos, que vengan a suplir los que la muerte destruyó, y cuando la muerte sea absorbida por la inmortalidad y no sea preciso por lo tanto, producir nuevos instrumentos, el matrimonio no tendrá razón de ser. 
Con admirable audacia, la Ciencia ha creído haber desentrañado el misterio de la fecundación, y nos ha explicado de qué manera se opera aquella en los ovarios, cómo está formado el huevecito recluido en oscura cavidad, como sale de allí para introducirse en la trompa de Falopio, y que en ella, penetra el espermatozoide del macho, quedando así completo el embrión del cuerpo humano. Parece pues, que la Ciencia ha hablado por fin, de la “fuente y origen de la vida”. Pero la vida no tiene principio ni fin, y lo que la Ciencia considera ser fuente de la vida, no es más, ¡AY! Que el origen de la muerte, ya que todo lo que nace de la matriz irá a parar tarde o temprano a la tumba. 
El matrimonio, al mismo tiempo que procura nacimientos, provee de alimento a la voracidad insaciable de la muerte, y mientras el matrimonio sea necesario para la generación y el nacimiento, la desintegración y la muerte serán inevitables. 
Es de primordial importancia conocer la historia del matrimonio, sus leyes, la duración de su institución y como puede ser espiritualizado. 
Cuando obteníamos nuestro cuerpo vital en la “Hiperbórea”, el sol, la luna y la tierra estaban unidos y las fuerzas lumino-solares permitían a los seres perpetuar su especie respectiva por medio de la yema y el esporo, tal como sucede en ciertas plantas de hoy día. 
Los esfuerzos del cuerpo vital para ablandar el vehículo denso y mantenerlo vivo, no se interpenetraban, a la razón con él y este cuerpoplanta vivía por edades. 
El hombre era entonces inconsciente y estaba en estado estacionario como una planta, es decir, no hacía esfuerzo alguno. La adición del cuerpo de deseos despertó en el hombre incentivos y anhelos, y de la lucha del cuerpo vital (que construye) con el cuerpo de deseos (que destruye el cuerpo denso) resultó la conciencia. 
Por consiguiente, la disolución de ambos cuerpos no es más que una cuestión de tiempo.
La energía constructiva del cuerpo vital fue también necesariamente dividida. Una parte o polo, servía para las funciones vitales del cuerpo y la otra para reponer el vehículo perdido por causa de la muerte. Así como los dos polos de una magneto o de una dinamo son necesarios para la manifestación de fuerza, así también dos seres de sexo contrarios fueron indispensables para la generación. El matrimonio pues, y el nacimiento, fueron precisos para contrarrestar los efectos de la muerte. De donde resulta que la muerte es el precio que pagamos por nuestra conciencia en el mundo presente.
El matrimonio y los nacimientos repetidos son nuestra arma para combatir al rey del terror, (la muerte) hasta que cambiando nuestra constitución, lleguemos a ser como ángeles.
Nótese bien que no decimos llegar a ser Ángeles, sino “como” ángeles, pues los ángeles son la humanidad del periodo lunar. Ellos pertenecen a otro orden de evolución enteramente distinto del nuestro. Esta diferencia de evolución entre el ángel y el hombre, es
equivalente a la que existe entre los espíritus humanos y los espíritus de los animales actuales.
En su Carta a los hebreos, decía San Pablo que el hombre fue hecho por poco tiempo inferior a los ángeles. El hombre desconoció la maternidad durante el Período de la Tierra, al paso que los ángeles jamás habitaron un mundo más denso que el éter. Del mismo modo que nosotros construimos nuestros cuerpos con los elementos químicos de la tierra, los ángeles forman el suyo del éter. En esta sustancia residen todas las fuerzas de la vida, y una vez el hombre llega a ser como los ángeles y aprenda por consiguiente a construir su cuerpo del éter, ya no está sujeto a la muerte y no necesita, por ende, del matrimonio para producir nacimientos.
Pero mirando al matrimonio desde otro punto de vista, considerándolo más bien una unión de almas que de sexos, descubrimos el sublime misterio del Amor. La unión de sexos sirve, desde luego, para perpetuar las razas, pero el verdadero matrimonio, une también a las almas, sublimando los sexos.
Los seres que se juntan en el elevado plano de la intimidad espiritual ofrecen sus cuerpos en aras del “Amor del rio nacido” atrayendo así el espíritu que espera entrar en un cuerpo, sin mácula concebido. He ahí como la humanidad puede redimirse del imperio de la muerte.
Hallaremos evidente lo dicho, si comparamos la acción bienhechora del cuerpo vital con la del cuerpo de deseos en el paroxismo del deleite sensual, en cuyo estado, el hombre pierde el dominio de sí mismo, sus músculos adquieren extraña rigidez y la energía nerviosa se pierde en proporciones enormes, quedando luego, el cuerpo, sumido en un profundo abatimiento que puede durar algunas veces, semanas enteras. El trabajo más pesado no fatiga ciertamente, tanto como aquel acto natural, cuando se realiza con brutal frenesí.
El niño concebido con tan intensa pasión, nace con pocas probabilidades de gozar larga vida, y así vemos que son raros en nuestros días los casos de longevidad por el aterrador incremento de la mortalidad infantil. Las tendencias constructivas del cuerpo vital, que es el vehículo del amor, no se pueden analizar muy fácilmente, pero la observación y la experiencia demuestran, que el gozo espiritual vigoriza la vida. Podemos pues, deducir que el niño concebido en condiciones de armonía y cariño tendrá más probabilidades de vivir que el que fue engendrado en un momento de pasión violenta.
Según se lee en el Génesis, fue dicho a la mujer: “Con dolor parirás tus hijos”. Los comentadores de la Biblia no han llegado a explicarse nunca qué relación puede haber entre el hecho de comer la fruta prohibida y los dolores del parto, más si comprendemos las
explicaciones que nos da la Biblia sobre la castidad del acto de la generación, pronto descubriremos que aquella relación, existe real y positivamente.
Sabido es que la poco sensitiva madre etíope o india, poco después de haber dado a luz reanuda sus habituales quehaceres en la granja o en el campo, mientras que a la mujer occidental, más sensitiva y de un temperamento nervioso más refinado, le es muy difícil la prueba de la maternidad, pese al auxilio que recibe de la Ciencia.
Son varias las causas que contribuyen a ello, figurando en primer término la falta de selección. No deja de ser chocante lo que ocurre, ponemos un cuidado asaz escrupuloso en la selección de nuestros caballos y demás ejemplares de ganado para la cría, con la mira de obtener el mejor rendimiento posible, y en cambio, descuidamos la selección del futuro padre o madre de nuestros hijos. Nos casamos por mero impulso, a favor de las leyes establecidas que nos facilitan grandemente la entrada en el templo de himeneo.
Las palabras pronunciadas en el acto del casamiento por el sacerdote o juez, parece que son tenidas como una licencia que nos dan, para obrar a nuestro capricho, y poco o nada nos fijamos en que el legislador no tiene poder alguno para contravenir la ley de Dios.
Entre los animales, el ayuntamiento carnal se verifica en épocas determinadas y la hembra es respetada por el macho durante el período de gestación. No sucede así por lo general, en la especie humana.
Dígase pues, si ante los peligros que ofrece la maternidad, no es tiempo ya de que se ponga remedio al mal mediante una relación más sana entre los cónyuges.La Astrología revela el temperamento y tendencias de todo ser humano. Por la Astrología, pues, pueden descubrir dos seres el modo de unirse para vivir una vida de verdadero amor, y esa misma ciencia les indicará el momento en que las líneas interplanetarias de fuerza son propicias para evitar los dolores del parto.Por consiguiente, la ciencia astrológica nos da el medio de obtener del seno de la madre naturaleza, hijos de amor, dotados de dilatada vida y de salud perfecta.
Finalmente, día vendrá en que esos cuerpos sean tan perfectos en su pureza etérea, que puedan subsistir hasta la Edad venidera, lo que hará superfluo el matrimonio.
Y aunque ahora nos amemos, viéndonos unos a otros a través de un cristal oscuro y de la máscara de la personalidad o del velo del engaño, estamos persuadidos de que el amor espiritual, purgado de toda pasión en el crisol del dolor, será mañana nuestra joya más esplendorosa en el cielo, cuyo pálido reflejo es el amor de la tierra.

Por Max Heindel

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jueves, 19 de julio de 2018

CÓMO AFRONTAR LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO - Editorial - Revista Conocimiento - en you tube -

CÓMO AFRONTAR LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO 
Editorial - Revista Conocimiento

“La vida no comenzó cuando nacimos, ni termina si morimos”. Hay tres verdades que pueden ser de gran ayuda cuando tengamos que afrontar la pérdida de un ser querido. 

I. La vida es eterna 

“El don de Dios”, dijo Pablo, “es vida eterna”. La vida no comenzó cuando nacimos, ni cesa si morimos, así como no comenzamos a vivir cuando nos ponemos una prenda de vestir, o dejamos de vivir cuando la echamos a un lado. Es cierto que parte de nuestro desarrollo espiritual estriba en aprender a usar el poder que Dios nos ha dado para ejercer dominio sobre el cuerpo, pero “el último enemigo a vencer es la muerte”. Damos un gran paso hacia esta meta cuando vencemos el temor a la muerte. No podemos vencer la muerte si insistimos en pensar en la muerte así como no podemos vencer la debilidad pensando en debilidad. Para vencer la debilidad debemos usar la fortaleza que tenemos. Mientras más la usemos, más aumentará. Para vencer la muerte , debemos dar énfasis a la vida. Mientras más vida expresamos, más aumentará nuestra vida. 
No debemos querer perpetuar el cuerpo tal como es, sino que debemos vencer cualquier imperfección que se le manifieste. Lograremos esto, no alimentando estas imperfecciones, sino sosteniéndonos en el modelo perfecto de Dios, creado a Su imagen, por la sustancia espiritual. 
“Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad”. 
No debemos pensar que el cuerpo compone todo nuestro ser. No soy solamente cuerpo o mente. Tengo un cuerpo y una mente Soy Espíritu. “El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”.
“Dios con ellos estará, como Dios suyo; y limpiará toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; ni habrá más gemido, ni clamor; ni dolor; porque las cosas de antes han pasado ya”. 
Esta fué la revelación de alguien cuya visión era clara, que percibió las cosas como son en Verdad, y como serán cuando el hombre haya aprendido a expresar completamente la Verdad. 
Pero sin embargo, la muerte y el luto todavía existen en el mundo -la muerte, como un escape de cuerpos de hombres que no han aprendido a revestirlos de salud y bienestar; el luto, porque los hombres no han percibido claramente que la vida no finaliza con la muerte, y no comienza con el nacimiento.
A pesar de todo, debemos avanzar hacia la muerte como la suprema voluntad de Dios, así también reconoceremos el amor de Dios a través de las duras experiencias que nos llevan a esa meta. A través de las experiencias de la vida mantenemos nuestra divina identidad, y aunque cambien de ropaje, extraemos la esencia de la vida y la sustancia espiritual que contribuirá a edificar el cuerpo perfecto e incorruptible. 

II. El amor es más poderoso que la muerte. 

Leemos en los cuentos de hadas de la invisibilidad. El cuerpo es lo opuesto a esto, para nosotros, es el manto de lo visible. El cuerpo nos hace vernos unos a otros. Es el instrumento por medio del cual lo divino puede expresarse a sí mismo en el plano físico del ser. Es un regalo muy valioso e importante, que el Padre nos ha dado. Pero si lo echamos a un lado, no cesamos de existir, así como no dejamos de existir cuando echamos a un lado cualquier otra vestimenta, o cuando nos alejamos de la vista de nuestros amigos al ir a un lugar distante. 
Nuestra proximidad o distanciamiento de otros no se determina por la cercanía o la remóta distancia en que estemos de ellos. Podemos estar distantes de aquellos que podemos tocar con la punta de los dedos; y muy cerca de nuestros seres queridos que se encuentran a larga distancia. Estamos cerca de nuestros seres queridos, porque les amamos, porque tenemos algo en común, porque el vínculo que nos une a ellos no es el cuerpo sino la mente y del espíritu. 
Es muy natural que nos guste tener cerca de nosotros a aquellos que amamos, pero así como les vemos distanciarse para ir a la escuela, para comenzar un trabajo, o por alguna otra razón, así también no debemos buscar apego a aquellos que dejaron sus cuerpos físicos. Debemos amarlos con el suficiente desprendimiento para liberarlos de nuestra voluntad personal, pero debemos afirmar con firmeza y seguridad que viven para siempre, y así les daremos el sostén, la fortaleza y la comprensión que les ayudará a vencer el “último enemigo”. Debemos bendecirlos con la convicción de que están amparados por el amor y la sabiduría de Dios, y que El les guía paso a paso hacia el supremo bien. 
No debemos temer a la muerte para nosotros o para otros. No la tememos si descansamos firmemente en el conocimiento del amor de Dios para todos nosotros. Deseamos lo mejor para aquellos que amamos. Si nuestro amor humano haría mucho, ¡cuánto más hará el amor de Dios! Olvidamos fácilmente las faltas de los que amamos. Les ayudamos a sobreponerse a la debilidad, a manifestar sabiduría y fortaleza. ¡Cuanto más Dios olvidará nuestras flaquezas, y nos audará a ser fuertes y sabios!. 

III. Venciendo la pena 

La pena que sentimos por los fenecidos, generalmente no es por ellos. Tampoco nos apenamos porque ellos no lograron hacer el supremo vencimiento que hizo Jesús pero más bien nos apenamos porque nos harán falta, y porque nos parece que estamos separados de ellos. Nos libramos de la pena causada por la muerte de un ser querido cuando nos convencemos de que en realidad nuestra pena es por nosotros mismos. 
Hay muchos medios más prácticos para expresar nuestro amor a los que nos han dejado. Una madre, angustiada por la muerte de su hijito, que se convenza de este hecho, valerosamente echa a un lado su pena y se consagra a la ayuda de cientos de niños que han sido privados del afecto y cariño que ella le prodigó a su propio hijo. Un esposo, que se vuelva al Cristianismo práctico al buscar consuelo por la perdida de su esposa, no solamente regenera su vida sino que ayuda, con su ejemplo y compartiendo sus riquezas, a atraer a las otras personas al convencimiento de la Verdad que tanto le ayudó. 
Mejor que apenarnos por aquellos que amamos, es hacer de nuestra vida un noble testimonio de nuestro amor por ellos.

JOYAS ESPIRITUALES
FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY
ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE CRISTIANOS MÍSTICOS 
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LA OUIJA - De la Revista FARO ESPIRITUAL de Agosto de 1989


LA  OUIJA
De la Revista FARO ESPIRITUAL de Agosto de 1989

Esta es una información verdadera de la experiencia de una amiga con la tabla-ouija. Tengo su permiso para relatar esta historia, la que demostrará ser digna de tenerse en cuenta, sobre todo aquellos que sienten deseos de experimentar algún tipo similar de fenómeno negativo que se relacione con la invocación de los espíritus de un carácter desconocido. Mi propia observación de sesiones, quizás el método más común para atraer a los extranjeros de otros planos, me ha convencido desde entonces del peligro relacionado en el proceso de obtener “la más pequeña información”, que no tiene ningún valor aún siendo cierta, y mientras parece ser un entretenimiento inofensivo, el médium no tiene manera de conocer cuando una entidad poderosa y viciosa puede acercarse a la “fiesta”. 
La siguiente historia se relaciona con la clase de “demonios” a que uno se expone abiertamente, y que mi buena amiga lo hubiera evitado, si hubiese estado prevenida de las verdaderas condiciones que reinan en esa clase de experiencias. 
La Sra. H. es una mujer de mediana edad, mas bien gorda, de complexión obscura y con ojos negros grandes y profundos. Un tipo sensitivo, buena madre y excelente pianista, teniendo un número de alumnos de piano. Un día, al mencionarle en una conversación a la que ella dio lugar, el tema del ocultismo, demostró estar interesada y pronto tuve que contestar muchas preguntas que hizo. En vista de su entusiasmo y de que parecía estar preparada, empleé algún tiempo explicándole los preceptos fundamentales. Ella tenía una idea definida de la religión, y aunque desconocía el ocultismo había abandonado desde hace algunos años la forma de adoración ortodoxa. 
Cuando mencioné los otros planos y cómo las fuerzas del anti-Cristo trabajaban allí, lo mismo que en este plano, sus ojos tomaron una extraña y temerosa mirada. Tembló un poco y estaba intranquila en su silla. Dejé de hablar, y enseguida me dijo que no hacía mucho había tenido una experiencia que guardaba en secreto, no solamente por su horrible naturaleza, sino porque temía que nadie pudiera creerle. Sin embargo, y debido al tema de nuestra conversación, se decidió a contarme su historia. 
Un día, hacía dos veranos, un muchacho vecino la llamó para preguntarle si uno de sus hijos estaba en la casa. Ella le informó que no, y el muchacho dijo: “Yo sé donde está Sra. H. -Está en la casa de G...- La tabla ouija me lo dijo”. 
La Sra. H. no creía en eso que ella consideraba como “tonterías” y no dijo nada. Sin embargo, después que el muchacho se fue, volvió a pensar en ello. No obstante no creer en esa clase de fenómenos, sabía que su hijo estaba en casa de G. y al comenzar sus visitas diarias a sus alumnos de música, pensamientos sobre este incidente le venían una y otra vez. Al fin, su curiosidad venció, y dejando su trabajo salió a la ciudad y compró una tabla ouija, mientras que se reía de ella misma. 
Aquí podrá notarse lo sutil de estas fuerzas diabólicas; trabajan a través de los canales que parecen más inocentes, y cómo debe tenerse sumo cuidado con el objeto de no caer en una trampa. Max Heindel enseñó que mientras más avanzada está un alma, es más necesario para las entidades del mal emplear un alto grado de astucia para burlar el trabajo del alma sensitiva que está buscando. 
Cuando llegó a su casa, la Sra. H. se puso a bromear con su familia acerca del rato de distracción que pasaría con la ouija, pero secretamente estaba decidida a hacer una prueba con seriedad. Al día siguiente, cuando estaba experimentando con la tabla, sola, repentinamente sintió que su brazo derecho se movía sin su dirección. Le hizo una pregunta y permaneció pasiva. Sin errar, su mano se movía libremente sobre la planchita, deletreando la respuesta correcta sin ningún esfuerzo de su parte. 
Al principio estuvo sorprendida e interesada, y por espacio de una hora se estuvo divirtiendo haciendo preguntas importantes, a las cuales recibía respuesta, prontas y lógicas. Los siguientes días continuó con esta práctica y no tardó mucho para que el lazo entre ella y su “amigo” invisible se hiciera cada vez más fuerte, y al fin trató el asunto religioso con él. Invariablemente él se refería a pasajes de la Biblia que parecían contestar sus preguntas o de alguna manera aclarar ciertas fases de la discusión. Era evidente que su “maestro” estaba bien informado así como parecía ser muy culto y religioso, y la Sra. H. comenzó a pensar que era muy afortunada en obtener esta ayuda.
Más tarde arregló un código especial para comunicarse, que no me dijo cuál era. Había veces que solamente colocaba su mano sobre la plancha y decía alguna palabra, y su dedo índice inmediatamente marcaba alguna inscripción inglesa y muchos signos intrincados de los que jamás había oído. Un día, un pordiosero llamó a su puerta, y mientras le daba algo de comer, ella fue informada por mediación de su código algo acerca del pasado de aquel hombre, lo que ella le comunicó enseguida. El pordiosero asombrado, naturalmente, desparramó por todos lados que la Sra. H. era una vidente y pronto fue asediada por la gente que deseaba que le dijeran su “buena suerte”. La Sra. H. negó esta habilidad sobrenatural y las sacó a la calle, riéndose de la idea. 
Un día estando sentada en su sala conversando con su amigo invisible, éste le dijo que ella poseía muy fuertes poderes aún desconocidos por sí misma, y para probárselo le encendía y apagaba las luces eléctricas y realizaba otros actos similares. El le dijo que su gran conocimiento referente a los secretos de la naturaleza simbolizado por los números, y en una plática le habló de la importancia del número ocho. 
Entonces fue para mí algo absolutamente seguro, que ella estaba tratando con una entidad no vulgar; en efecto, él era una fuerza de la Hermandad Negra, pues el Concepto Rosacruz del Cosmos enseña que el Nº ocho representa la octava esfera, de la degeneración. 
Ese día él ofreció escoltarla a los reinos invisibles, de gran belleza, en donde le enseñaría las maravillas del universo desconocido por la humanidad. Mi amiga tuvo sus dudas y él no insistió más por el momento, pero continuó día a día presionándola a que la acompañara a los lugares que él describía en términos resplandecientes. Ella se sentía tentada a aceptar la invitación, pero ese viaje al mundo desconocido la asustó y al fin se decidió a no llevarlo a cabo. Finalmente puso una barrera contra su “amigo”, indicándole que había determinado cortar sus relaciones con él, completamente. Algún instinto en esta buena mujer se reveló contra la idea de abandonar su cuerpo para acompañar a este espíritu aventurero, el que durante meses había trabajado pacientemente para obtener su confianza. 
A partir de la negación de mi amiga, él comenzó a forzarla, y como ella no le hacía caso, empezó a hacerle sentir que le apretaban fuertemente la garganta y el pecho. Bien pronto se convirtió en una lucha abierta, y el tal “amigo” comenzó a dejar de usar palabras floridas y delicadas, pues su ira se desató contra ella con furia demoníaca tratando de forzar a la infeliz mujer a que saliera de su cuerpo.
Ella suplicó, pero todo fue en vano; él la hostigaba constantemente, manteniéndola despierta día y noche. Por momentos se sentía tan mal, que llegó a creer que enloquecería. Finalmente llegó a la desesperación y no tuvo más remedio que recurrir a un sacerdote al que conocía, a quien le contó que el “diablo” no la dejaba. El buen hombre pensó que ella había sido tentada por alguno de los pecados comunes, así que la encomió a que se arrodillara e hiciera la acostumbrada súplica por la salvación de su alma. Durante esta oración, el espíritu maligno parecía mofarse de los procedimientos sujetando el brazo derecho de mi amiga, el mismo que él había utilizado tan a menudo dejándole unas marcas verdosas y puntos negros. Verdaderamente podemos ver aquí las fuerzas del bien y del mal en una lucha abierta con la mente y el cuerpo de esta pobre mujer. Finalmente, cuando hubieron finalizado las oraciones, los moretones de su brazo desaparecieron y ella se fue sin darse cuenta de lo que había sucedido. 
Sin embargo, esto no había sido una victoria final para el bien, pues el “demonio” la seguía molestando constantemente durante el día y la noche, tanto que al amanecer ella se encontraba literalmente agotada. Un día por fin, ella tomó la firme e importante determinación de orar, pues sabemos que una de las más importantes enseñanzas Rosacruces es que debemos aprender a confiar en nosotros mismos, llamando al Cristo Interno. “He aquí, os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” San Lucas 10:19. 
Así pues, la Sra. H. se levantó, fue a su ventana y permaneció contemplando el Sol. Elevó su voz y sus brazos a Dios y respirando profundamente, pronunció una ferviente y sincera oración. El efecto fue instantáneo. La presión que sentía sobre su sistema nervioso cesó y en ese momento se pudo considerar como una mujer libre. 
La narración anterior demuestra los peligros que encierra el uso de la tabla ouija y todos los sistemas en que para poder obtener resultados el interesado debe ponerse en condiciones negativas. Este estado lleva consigo el peligro de posibilitar una invasión física y obsesión por parte de los espíritus desencarnados, que por regla general, aunque demuestren lo contrario, son malignos. La historia de mi amiga, como vimos, tuvo un final feliz, sin embargo, muchos no escapan tan fácilmente como ella. Muchas personas han sufrido serios desarreglos mentales y también físicos por no tomar en serio cualquiera de estas experiencias e internarse en los mundos desconocidos por ellos, sin la debida protección y sin tener los conocimientos necesarios.

JOYAS ESPIRITUALES 
FRATERNIDAD ROSACRUZ DEL PARAGUAY
 ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE CRISTIANOS MÍSTICOS 

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miércoles, 18 de julio de 2018

LA ETICA DE DAR - POR FERNANDO AMIEVA - en you tube -



LA ETICA DE DAR 
POR FERNANDO AMIEVA 

El poeta Lowell’s en su maravilloso poema escrito en inglés, titulado “La visión de Sir Launfal”, nos relata una emocionante historia que esclarece la esencia misma de la ética de dar. Con una penetración espiritual incomparable y a través de una patética alegría impregnada de un profundo sentimiento cristiano, nos alecciona sobre el poder de dar, de servir que no reside exclusivamente en el hombre adinerado, pues el dinero entregado sin discernimiento puede trocarse en mal. 

Para edificación del alma, he aquí esta bella historia. Ella nos presenta al joven y ambicioso caballero Sr. Laufal, quien revestido de su brillante armadura y luciendo un suntuoso vestido, parte de su castillo en busca del Santo Grial, el místico cáliz que se usó en la Santa Cena. En su estandarte lleva estampada la cruz, símbolo de amor, pero el corazón del caballero está corrompido por el orgullo y el desdén. En su camino encuentra un leproso que le implora una limosna; el caballero le arroja una moneda como si le arrojara un hueso a un perro, y el “leproso no alzó el oro, pero dijo: 

-Mejor es la corteza, del pan que entrega el pobre, y mejor su bendición, aunque yo tenga que irme sin un cobre. 

Inútil es el oro del que da tan sólo por deber. 

Pero el que parte su pobreza y da para quien no alcanza a ver -ese divino hilo de Belleza que compenetra y une la Creación-, “la magnitud de su limosna no puede abarcar en su extensión la mano del que pide porque, amorosa, la entrega el corazón”. 

Pasaron muchos años de riesgosas aventuras y a su regreso Sir Launfal encuentra que ha perdido la posesión de su castillo y que hay otro dueño que lo habita. 

El poeta describe al caballero que regresa: 

“Viejo y doblegado, volvió de su aventura; pero ya no le importaba el señorío que en lejanas épocas tuviera; ni lucía en su capa y estandarte la cruz del Salvador, pues llevaba grabado en lo profundo la divisa y el signo de los pobres, y de aquellos que andan por el mundo transidos de dolor”. Al salir, expulsado, de la que antes fuera su mansión, encuentra otra vez al leproso quien nuevamente le pide una limosna. Pero esta vez el caballero, porque ha sufrido, le responde diferentemente:

 “Veo en tí la imagen de aquel Ser 
que en la cruz murió de muerte cruenta. 
Tu corona de espinas has tenido; 
has sufrido como El burla y afrenta,
 y en tu vida no faltaron las heridas 
en las manos y en los pies como el Rabí. 
Reconóceme, ¡oh hijo de María! 
¡Por El, te doy a ti! 
Y parte en dos su única corteza de pan, 
rompe el hielo de la orilla del arroyuelo 
y da de comer y beber al leproso. 
Entonces una sublime transformación se opera. 
“El leproso ya no estaba acurrucado. 
Glorioso estaba ante él! 
Y una voz más dulce que el silencio.
 -La divina e inefable Voz de Aquel-, 
susurrándole: -Mírame, no temas! 
Mírame, soy Yo! 
Sé que en muchas tierras has gastado 
sin provecho tu vida, -prosiguió-, 
buscando el Santo Grial, Míralo aquí!
Esa taza que llenaste para Mí 
con el agua del arroyo, es esa sangre 
que Yo un día derramé y esa corteza 
es Mi cuerpo partido para tí.
La sagrada Cena has realizado 
con la cosa más humilde que ofreciste, 
con el pan y el agua que Me diste; 
pero sabe que es estéril la limosna 
si no se hace donación también de sí. 
El que da su propio ser a tres sustenta: 
a sí mismo, a su prójimo y a Mí”. 
Y así termina la historia del caballero 
Sir Laufal a quien Cristo dió su bendición.

JOYAS ESPIRITUALES
  ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE CRISTIANOS MÍSTICOS


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martes, 17 de julio de 2018

El jardín del alma - Del Boletín del Centro Fraternal Rosacruz, Santiago de Chile - en you tube -

EL JARDIN DEL ALMA
Del Boletín del Centro Fraternal ROSACRUZ, Santiago de Chile

¡Cuántos impulsos siente el hombre hacia la contemplación de la belleza y las vivas expresiones de la alegría, deteniéndose ante las flores que lo atraen y cautivan. Haciéndole sentir el encanto de una vida que es dicha pura de vivir! Sus variados matices nos presentan diferentes hermosas actividades, todas ellas tiernamente buenas; y sus perfumes intensos y distintos, esencias de la rica gracia del poder creador. Y hasta sus generativas corolas miran siempre al sol, como el más hermoso ejemplo de pureza y natural virginidad. 
Sus buenos jardineros las cultivan y protegen con delicados cuidados, para que hagan más grata la vida de los demás seres en esta dura vida terrenal. 
Ellas, nos despiertan emociones suaves y delicados sentimientos; y nos muestran una vida pura y bella, brindada en amor y alegría, para que así sea en todos y en todas partes. Nos invitan a ser primorosos jardineros del espíritu, para que cultivemos y hagamos también bello el jardín de nuestra alma. Que labremos mucho la tierra y sembremos muchas semillas en ella, cultivando sus plantas con el cuidado y gusto del divino amor. 
Estas lozanas plantas, nos darán sus bellas amorosas flores, nuestras virtudes, nuestros afectos verdaderos, nuestros gustos exquisitos, nuestras habilidades, nuestras excelencias, nuestras finuras, nuestros primores, nuestras delicadezas y nuestras primicias; nuestra originalidad, nuestra gracia, nuestro vigor, nuestra pureza, nuestra alegría y nuestra exquisitez. Especies todas de rica selección, cuyos hermosos ejemplares llenarán nuestra vida con la ternura y el encanto de la eterna juventud. Sus preciosos colores, serán las vivas expresiones de nuestras buenas cualidades; y sus fragancias y perfumes, las esencias de nuestras almas en vuelo espiritual hacia Dios. 
De este campo de sublime floricultura hay variedades que se destacan, como el lirio, convertido en nosotros en intensa amabilidad del alma, adornando también nuestro propio templo; en cuyo altar de nuestra conciencia, realizamos el íntimo oficio espiritual en directo contacto con nuestro amantísimo Padre Celestial; y como la rosa, con color de nuestra sangre y símbolo de su purificación, ejerciendo majestad entre las otras flores, hecha en nosotros caridad, virtud que tiene también la soberanía sobre las demás, y el grandioso poder de hacer de nuestra existencia el superior florecimiento espiritual sobre esta cruz de nuestra vida terrenal. Otras más pequeñas, pero sin dejar de ser grandes, como la violeta, poco visible entre sus hojas, como nuestra humildad pasandi desapercibida entre las hojas de nuestra persona humana; con sus cinco chiquitos pétalos de color espiritual, nuestros cinco sentidos, observando y percibiendo las cosas sublimes que nos acompañan y ayudan para llegar un día a la Patria Celestial. 
Cada una de todas estas flores del jardín de nuestra alma, es una gracia que Dios nos concede para que nos hagamos grandes y buenos, viviendo en armónica alegría como lo hacen las flores. Uniendo nuestros gustos como éllas unen sus perfumes, y sonriendo siempre, aunque, como ellas, vivámos a veces, también, entre nuestras espinas. Sólo brindándonos las tiernas caricias de sus suaves pétalos y expresar bellos matíces que nos contemplemos mútuamente, para hacer hermosa y feliz nuestra humana existencia. 
Y como estas grandezas y bellezas de las flores, convirtiendose después en ricos frutos para ser los mejores alimentos de nuestro cuerpo, también las del jardín de nuestra alma se conviertan en los superiores frutos que han de nutrirnos majestuosamente: para ser hombres de talla angelical, hombres plenamente actores de su propia mejor vida, y constructores de un mundo nuevo, en el que se vea la plenitud del verdadero progreso, el del alma y el del cuerpo, en activos pasos ascendentes hacia la cima de la perfección.

JOYAS ESPIRITUALES
ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE CRISTIANOS MÍSTICOS

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martes, 10 de julio de 2018

LO QUE DAMOS Y RECIBIMOS EN LOS SERVICIOS DE CURACIÓN Y DEL TEMPLO DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ - en you tube -

LO QUE DAMOS Y RECIBIMOS EN LOS SERVICIOS DE CURACIÓN Y DEL TEMPLO DE LA FRATERNIDAD ROSACRUZ
por Diómedes Aquino
Apartado No. 613 Santo Domingo, Rca. Dominicana

Es de imperiosa necesidad darnos cuenta de que, cuando estamos oficiando en los Servicios Devocionales de la Fraternidad, desde el principio hasta el fin, estamos proyectando a las personas participantes, todo lo que tenemos en nuestro interior o en nuestros corazones. 

Cada palabra, cada frase que decimos, aunque ésta quiera significar la más sublime idea de Dios, de la Luz o del Amor; si no estamos tratando de vivir vidas de pureza, proyectamos a nuestros oyentes una atmósfera espiritualmente negativa, y los más sensitivos se sentirán incómodos o molestos, mientras que los menos sensitivos se sentirán más o menos igual que cuando entraron al templo. 

Cuando estos Servicios son oficiados repetidamente por personas que no están viviendo de acuerdo a los lineamientos espirituales de las enseñanzas Rosacruces, el ambiente se va saturando o cristalizando, y a esto sigue, invariablemente, una prueba colectiva, especialmente para los Probacionistas que son los responsables del Centro. 

Claro está, que a nadie se le pide que haya dejado de pecar o que sea un santo para ser Estudiante. Pero el Probacionista, debe cada día sacrificar su yo inferior por el Yo Superior; debe tratar de que el Cristo Interno crezca en él cada día. Así, el esfuerzo que él hace, le resta fuerzas al yo inferior, y entonces, cuando oficia, puede sensibilizar mejor las vibraciones del Templo, y las personas unirán sus pensamientos de acuerdo al Servicio que se esté efectuando, y todos saldrán saturados de la esencia espiritual del Servicio. 

Cuando el sincero aspirante espiritual, que ha estado purificando su mente y su cuerpo, llevando una vida de servicio, sabe que tiene que servir de Oficiante, debe prepararse mentalmente para que pueda servir de instrumento para ayudar a elevar el nivel de consciencia de sus hermanos que buscan elevarse espiritualmente. 

En la Radiofonía hay un aparato que se llama transmisor (que transmite), y otro que se llama receptor (que recibe). De la calidad y funcionamiento del primero, depende la calidad de lo que reciba el segundo. 

Así mismo, el Oficiante es como un transmisor, y los participantes son receptores. Entonces, de la calidad o condiciones que tenga éste, depende mucho lo que puedan recibir o asimilar los participantes. 

Es pues de vital importancia, la preparación mental y emocional del Oficiante. Debe tratar de que nada le estorbe en cuanto a alimentos en el estómago; no es que vaya a hacer el Servicio en ayunas, nos referimos por ejemplo a que acabando de desayunar o de cenar, se ponga a oficiar. 

Sabemos que es imposible meditar cuando tenemos alimentos en el estómago, pues la sangre se dirige a esa parte para efectuar la asimilación; al contrario, nos sentimos soñolientos, debido a que la sangre -(vehículo del Ego)- ha abandonado el cerebro. 

Debemos entrar al Templo por lo menos diez minutos antes de la hora del Servicio, relajar nuestros vehículos con una música suave, especialmente a base de instrumentos de cuerda; la música de Bach o Beethoven es muy aconsejable. 

La persona que va a oficiar, debe pedir al Cristo para que le ilumine, y así pueda ser un verdadero canal para transmitir la esencia del Servicio a las personas que han llegado hasta allí en busca del sustento espiritual. 

Debe pedir al Cristo, que ilumine a cada uno de los asistentes, para recibir la ayuda espiritual que pueda hacer de ellos mejores hombres y mujeres al servicio de la humanidad. 

Después de estas Oraciones mentales del Oficiante, las vibraciones espirituales creadas, han puesto a los asistentes en las condiciones receptivas espirituales apropiadas para recibir el Servicio. 

Todos oyen o cantan el Himno de Apertura con toda la reverencia posible. Las letras de este Himno fueron escritas por Max Heindel. Su música está escrita en RE mayor (Do sostenido). Esta clave pone en vibración el poder de la oleada de Vida de Libra, los Señores de la Individualidad, ayudando a uno a balancear sus fuerzas y vibrar en equilibrio, justicia, cortesía y esperanza. Venus, regente de Libra, incorpora en los seres el amor, la armonía y la unidad. 

El Oficiante debe realizar la apertura del Emblema Rosacruz lentamente y con toda reverencia. Debe sentir cómo las vibraciones espirituales que emanan de este sagrado símbolo, iluminan las almas de todos. 

El saludo Rosacruz: “QUE LAS ROSAS FLOREZCAN SOBRE VUESTRA CRUZ” debe salir del mismo corazón del Oficiante, el cual debe sentir el deseo intenso de que esto se realice. De la misma manera,los participantes responderán: ...”Y SOBRE LA VUESTRA TAMBIEN”, no sólo de palabras, sino también de corazón. 

Las glándulas de secreción interna, son llamadas “Las Siete Rosas” sobre la Cruz del Cuerpo, y están ligadas al desarrollo oculto de la humanidad. 

El Oficiante debe ir leyendo lentamente, cada frase del Servicio, pesándola y asimilándola en su laboratorio mental. debe hacerse de cuenta que está leyendo el Servicio por primera vez, ya que muchos son influenciados negativamente, por el hecho de haber “leído” muchas veces el Servicio, y ya se lo saben de memoria. 

Cuando el Oficiante se encuentra en las condiciones espirituales ideales, puede notar cómo al “ver” y “leer” cada frase del Servicio, estas son reproducidas instantáneamente en “altos relieves” en la materia de su pensamiento, y, cómo las mentes de los participantes están vibrando en el mismo tono, la transmisión espiritual es automática, por así decirlo. 

Nos dice Max Heindel que: “La capacidad de emitir un pensamiento y el poder de que este pensamiento realice su propósito, depende de la nitidez con que el pensador pueda visualizar lo que quiere. Cuando hayamos aprendido a pensar correctamente, podremos crear cosas aquí en el mundo físico, en mucho menos tiempo que el que ahora tardamos en formar laboriosamente”. 

Los participantes deben estar tan a tono con el que oficia, que puedan repetir cada palabra o frase del Servicio. Se nos dice que Max Heindel, cuando participaba en los Servicios de Mount Ecclesia, repetía en voz baja todo el Servicio, según el Oficiante iba leyendo. 

Durante la Concentración para la Curación, los participantes deben enviar, con todo el sentimiento posible, sus pensamientos de amor y curación hacia la Rosa blanca del Emblema Rosacruz.

En el Servicio del Templo, el concentrarse en la palabra Servicio, puede hacerse exteriorizando hacia el Emblema, nuestros pensamientos y deseos de servir a nuestros semejantes. Podemos notar que sentimos más el fluir del deseo que del pensamiento, porque el primero se nos dió primero que el segundo. 

Este fluído es recibido por la contraparte etérica del Emblema Rosacruz, a través del Oficiante, quien ha estado recogiendo la esencia de la Concentración colectiva, y enviándola al Emblema, el cual ha estado visualizando en su mente. 

Aunque damos estas pautas para concentrarse, hacemos notar, que esto es algo individual, que bien merece la aplicación de nuestra Epigénesis. 

La persona que da la conferencia, debe ser contraparte en polaridad (masculino o femenino) del Oficiante, y contar con las mismas condiciones espirituales que el segundo. El Conferenciante tiene a su cargo la parte intelectual del Servicio del Templo. Este debería preparar su propia conferencia con antelación, poniendo a funcionar su Epigénesis. Este esfuerzo es recibido bajo las mismas condiciones enunciadas más arriba. La conferencia debe tener puntos de sumo interés como ayuda espiritual para todos. 

Finalmente, todos oyen o cantan el Himno de Clausura, el cual, cuando es tocado en RE bemol mayor, emite la nota de la Oleada de Vida Ariana, la más avanzada de las doce. 

Luego de la Admonición de Despedida, salimos del Templo en absoluto silencio, como nos dice Max Heindel, para no alterar las vibraciones espirituales formadas. 

Después de haber participado en un Servicio Ideal como el descrito, nos parecerá haber regresado del Primer Cielo. Max Heindel nos dice, que hay muchos “profesores”, pero muy pocos “poseedores”. 

Pongamos todas nuestras fuerzas en vivir la vida de pureza y de servicio, que es el soporte más efectivo para transmitir el aroma espiritual de las Enseñanzas Rosacruces a nuestros hermanos.

JOYAS ESPIRITUALES - 08/05
 ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE CRISTIANOS MÍSTICOS

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