sábado, 30 de julio de 2016

Abrir los ojos


“Abrir los ojos”

CONFERENCIA DEL SR.  ROBERTO RUGGIERO
en you tube, desde aquí

Queridos Amigos, 
Todos: teniendo que hacer las actividades del mes, elegimos como pensamiento el siguiente: “No es nuestra intención excitar tu curiosidad; deseamos si, suscitar en ti el ansia de deseo – deseo superior – de alcanzar la sabiduría y el amor fraternal, con la intención de que sea empleado en el sentido de “abrir los ojos” a la luz, y contemplar la Verdad Divina”.
Esto es, nada más que la realidad que se persigue con la evolución. La dimensión del campo físico de la Tierra es una medida nueva para cada uno, porque nadie es de la Tierra: todos son de los Cielos. El principio Divino que se manifiesta en cada uno, tiene un origen muy superior, pero necesitamos de las condiciones en las que
estamos para cultivarnos y desenvolvernos. Posibilidades que como potencial cada uno tiene internamente, desenvolverlas como poderes dinámicos que sólo se alcanzan por la actividad, el trabajo, por la acción en la vida terrena. Al alcanzar nuestro desenvolvimiento, algún día estaremos en condiciones – porque pasamos por el esmeril de la experiencia – para enseñar a quien venga detrás. No por teoría, sino porque lo experimentamos y aprendimos, sabremos por tanto, enseñar. Tenemos, por lo tanto, que seguir experimentando y alcanzando a sacar de dentro de nosotros mismos las notas reales que existen, pero que tienen que ser cultivadas y despertadas.
Para esto, hay una palabra que le damos poco valor, que es “yo”. Acá le damos mucha importancia a la palabra “nosotros”. Sientan el sentido que queremos darle.
Todavía hay dos palabras que tenemos que repetir siempre que corresponda: “muchas gracias”. Y tres palabras que no debemos olvidar cuando corresponde. Tres: “Qué opina usted”. De la misma forma que no tenemos que olvidarnos de esta frase compuesta ahora de cuatro palabras: “Reconozco que me equivoqué”.
No podemos disfrazar nuestras verdaderas posibilidades envolviéndonos en disfraces del mundo, no podemos ocultar lo que tiene que manifestarse como verdad clara y útil para si mismo, para el conjunto. Detrás de esto que hemos procurado expresar, se esconde modestia, se esconde humildad. Cuando conseguimos darle el verdadero valor a estas cualidades, comenzamos verdaderamente el camino hacia delante, hacia arriba y para siempre.
Estamos desenvolviendo valores. Cuando estudiamos los Mundos Invisibles, como son invisibles – pensamos – están ahí, posiblemente lejos de nosotros. Se mezclan en nuestro interior, como se mezclan la sangre, la linfa y los jugos del cuerpo; se mezclan en forma ordenada, cumpliendo propósitos; y el manejar estos poderes que tenemos internos, que son los poderes de Dios, es nuestra finalidad aquí.
Cuando se organizan los mundos para cumplir determinados propósitos, es un poder Creador que emana de si cualidades; porque al hablar de mundos, no estamos hablando nada más que de cualidades, de funciones, de valores. Posibles para un Creador. Nosotros hoy estamos recibiendo esas posibilidades, pero posibilidades que
harán que algún día también consigamos manifestarlas. De ahí el proceso de la evolución, que va propiciando oportunidades.
El que despierta a un ansia superior, va adelantando; el que no, se retrasa. A pesar de que las oportunidades de Dios son uniformes para todos, hay un principio en cada uno que hace que se manifiesten ciertas actitudes en unos, que en otros demoran más hay rezagados, y no conciban esta situación como una falla del plan divino.
El plan que seguimos es de desenvolvimiento individual para alcanzar a desenvolver poderes que si no, no se manifestarían. Si el impulso nos obligara a proceder de esta o de otra manera, no alcanzaríamos la manifestación superior que se espera que llegará, y que consideramos desenvolver.
Nuestra posición en el mundo es contar con un equipo que responde maravillosamente; pero nuestra condición es tan especial, que no podemos ni conseguimos tener roce con lo más denso, con lo material. Cada uno como entidad inteligente, está rodeado de un aura compuesta del mundo mental abstracto, que es lo más denso que puede soportar la chispa divina de cada uno. Esto se terminantemente que es así, porque cierren sus sentidos y se van a encontrar totalmente aislados ¿Es o no es verdad?
Cuando todo es gracia, por ciertas leyes que procuran impulsar (y en este sentido la ley de causa y efecto limita los sentidos), provisoriamente en una encarnación, el ser está aislado. Si es ciego, no ve la luz y el color. Si pierde sensibilidad, no tiene contacto con el mundo físico. Si no llegan los impactos por medio de los sentidos, no los recibe.
Y estos impactos siempre los recibirá de acuerdo a la condición en que se encuentre. No es la condición externa la que lleva al interior de cada uno, sino como la reciben sus sentidos. Un mismo hecho, varios seres responden de forma distinta. Ante el mismo hecho, porque sus condiciones internas son distintas.
Si vemos un hecho que acontece a nuestro alrededor, por intermedio de nuestros sentidos vitalizados por el cuerpo vital, pero llega o llegamos a poder leerlo en nuestra mente, ya con el sentimiento que despertó pasando por nuestro cuerpo de deseos, y sentimos ante un hecho equis, alegría, dolor, inquietud, producido por la condición en que nos encontramos, producido por la condición en que hemos cultivado nuestros vehículos internos.
Cuando la enseñanza habla de esos vehículos, no es para llenar la mente con un conocimiento; es para ponerles en alerta, para que cultiven esos vehículos de forma cada vez más eficiente y más cierta. Porque ustedes reciben un impacto, o todos recibimos un impacto del exterior, lo leemos en nuestra mente con las condiciones que reflejan nuestros cuerpos internos. Tomamos una resolución, una idea, la envolvemos en material mental concreto, y procuramos que tenga la suficiente cantidad de sustancia de deseos para que estos puedan impulsar todo el sistema nervioso (que es esencialmente nuestro cuerpo vital) que lo vitaliza para que recién los músculos puedan ser movidos y se ejecute la acción. Cuántas veces hemos decidido algo nosotros, independientes de toda intervención externa; es nuestra decisión, la tomamos, la vamos a ejecutar, y si nuestro cuerpo de deseos está envuelto en sustancia regida por la ley y por la fuerza de atracción constructiva, impelente, nos ayudará y se realizará la acción. Cuando nuestro cuerpo de deseos encuentra una fuerza de repulsión, centrífuga, que procura expandir, lucha nuestra idea con la situación, y depende de la voluntad (o sea, nuestra energía espiritual) para conseguir vencer la situación que se enfrenta, contraria, y realizar la acción. ¡Cuántas veces vence nuestro cuerpo de deseos! No realizamos aquello que hemos planeado. Esto es un hecho que lo verifica cualquiera sea el valor. Vean cómo depende de cómo cultivamos, de lo que hacemos, de cómo vivimos.
Dijimos que los Mundos Invisibles están interpenetrándonos, suministrándonos todo el material que seamos capaces de asimilar; pero en esa capacidad de asimilación está la diferencia. Si somos felices constructores de nosotros mismos, tendremos todo lo que nos ayuda; si no, tendremos oposición dentro de nosotros mismos. Hemos creado esas guerras que se hablan externas, que se multiplican, que sorprenden. Existen también en nosotros mismos, porque no hemos sido suficientemente sabios para cultivar una paz real, interna, que nos lleve a realizar enteramente lo que disponemos. Así se construye la vida. Esta cumple sus propósitos. Nuestra rectitud, estamos procurando, como personas responsables, cumplir ciertos cometidos; somos responsables, y esa rectitud es una cualidad divina que imprime en la parte del espíritu humano. Va cultivando como consecuencia, un alma de rectitud, un alma consciente. Es un hecho.
De la misma forma que estudiosos, sabiendo meditar, sabiendo estudiar y buscar la verdad de los hechos de la vida, buscar la razón, buscando ser más cuidadosos en todo lo que estudiamos, memorizamos y cultivamos nuestra capacidad mental, estamos desenvolviendo un alma eminentemente intelectual. Como, de la misma forma, cuidando nuestros sentimientos al estar vigilante con lo que sentimos, con nuestras emociones, con nuestros deseos, con nuestro querer y anhelar, estamos cultivando un alma emocional, un alma de crecimiento interno.
Nuestro espíritu se alimenta de estos resultados; de este esfuerzo, del esfuerzo continuado que realiza todo aspirante a la luz se va traduciendo en condiciones internas que lo van haciendo crecer. El crecimiento de la capacidad de cada uno, depende estrictamente del cultivo que tengamos, el cuidar lo realizado. No estamos esperando milagros de crecimiento instantáneo, sorprendente. No está dentro del panorama de crecimiento humano, lo anormal; somos partidarios de la perseverancia, del cultivo personal cuidadoso, constante. Y los resultados llegan de acuerdo. Cuando transcurre el tiempo, cada uno va sintiendo que mentalmente y en lo que respecta a sus emociones y sus sentimientos, se va cultivando de forma más adecuada y va formándose una posibilidad para cada uno. Se van abriendo las posibilidades que cada uno tiene de verdadero crecimiento espiritual, y la Tierra, entonces, cumple su maravilloso propósito.
Pero tenemos que hacer un análisis, un balance, tenemos que profundizarnos nosotros mismos, tenemos que sentir lo que es y en qué consisten las leyes del progreso que se van dando etapa a etapa, y los que tienen flexibilidad, los que se van adaptando a nuevas normas de conducta, y más dentro del principio universal en que están dictadas todas las condiciones humanas.
Nuestros tropiezos es que nos hemos habituado dentro de la condición material a nuestra condición personal, y la vivimos contrariando las verdaderas corrientes que impulsan al mundo. No estamos bien adaptados y sufrimos los resultados. Las vidas se suceden en la Tierra con constantes tropiezos, por no estar adaptados a la verdadera finalidad que se persigue. Si somos criaturas que hemos venido de un punto equis, y que no hay en la Tierra nada tan evidente como que realizamos ese regreso; si eso se hace evidente, y de eso no tenemos ninguna duda ¿cómo es que todavía no cultivamos la suficiente observación y el correspondiente discernimiento que nos dice a las claras que estas no son condiciones estables, que estas no son condiciones verdaderas, sino que son nada más que transitorias, que no las podemos llevar con nosotros? Sin embargo, nos adherimos a ellas.
Amigos, nuestro deber es este: ustedes se reúnen en un cónclave espiritual para pensar en las cosas eternas y no en las cosas diarias que ya los días de la semana se ocupan de alertarlos. Todos los hechos son muy ciertos y debemos darles cumplimiento.
Aquel que se aísla en la cumbre de una montaña porque no quiere contaminarse con las cosas del mundo, comete el error más grave. No solamente no adelanta, sino que se atrasa. Esa es la vicisitud del mundo: el trabajo de todos los días que estamos siendo probados, entrenados, para etapas mayores. Estamos siempre en nuestra actividad, pero no como fin. En nuestro bagaje espiritual, no llevaremos una sola de las satisfacciones
materiales; porque enfrentaremos una condición inmediata a la partida, una condición espiritual que nos va a hablar de otra realidad.
¿Qué es lo que sufrimos cuando se da la partida y enfrentamos la nueva situación ¿ ¿Alguien que nos martirice, un infierno de fuego que nos maltrate? Tal cosa no existe en parte alguna. Pero si nuestra capacidad que durante las horas de vigilia es activa y cierta, todavía no es nada comparada a la capacidad que recuperamos cuando nos vemos libres de vehículos que durante la etapa en la Tierra fueron muy útiles pero que en cierta forma limitan. Dijimos que si nos faltan los sentidos, quedamos en nuestro interior completamente aislados. Existe esa limitación. Los vehículos son preciosos y precisos para la comunicación con el medio físico; pero no somos nosotros. Cuando en los Mundos Invisibles vamos perdiendo estos vehículos, aumenta en la misma proporción nuestra sensibilidad. Y es nuestra sensibilidad aumentada que nos dice de la realidad final, que nada de lo que fueron satisfacciones esencialmente materiales, nos brindarán el más mínimo adelanto en los mundos celestes, que requieren o que exigen cualidades cultivadas. Es por esto la enseñanza rosacruz advirtiendo de que acumulen tesoros en la Tierra. Aunque saben todos que deseamos el bien general, deseamos que las condiciones en la Tierra vayan siendo como corresponde, lo que entendemos, lo que decimos “como corresponden” es algo equitativo para todos, bienestar general, para que en la tranquilidad todos puedan hacer esfuerzos más seguros; pero desgraciadamente la Tierra todavía no está en estas condiciones. Pero sigue sirviendo para los propósitos que fue creada: nuestra experiencia, nuestro crecimiento, el desenvolver cualidades que sólo en la experiencia y en el esfuerzo pueden ser cultivadas.
Entonces, vivamos la realidad día a día, pero la realidad de nuestras obligaciones, que no podemos dejarlas, no podemos abandonarlas. Vivamos la realidad de cultivarnos para estas etapas que nos esperan, y que actuaremos de acuerdo a la preparación que hagamos ahora.
En estos momentos en que la expansión natural del esfuerzo de todos los días hace que las personas deseen viajar más que nunca, está en el deseo de la mayoría hacer tales o cuales viajes, más o menos cerca, o más o menos lejos. Es implícito el hecho de que cada uno se organiza con las condiciones que va a encontrar. No hay duda.
Deseamos saber la lengua que se platica, adonde iremos, las ropas que de acuerdo al tiempo atendremos que tener, y los medios par cumplir con los pagos necesarios.
¿Acaso durante el transcurrir de la vida estamos teniendo las mismas precauciones para lo que fatalmente llegará que es nuestra partida? Y nuestras condiciones ya las sabemos a través del estudio teórico que representa la enseñanza de la filosofía, sabemos que nos enfrentaremos con condiciones totalmente distintas a la Tierra.
Estos libros escritos últimamente por profesionales médicos que investigan condiciones fuera del cuerpo de muy diferente manera por estudios serios y que coinciden, muestran que todo ser que parte se encuentra con condiciones esencialmente espirituales y de luz que le exigen su capacitación para enfrentarlas. Cuando ahora, en estos momentos nos estamos preocupando de conocer esas condiciones, de meditarlas suficientemente y vivir de acuerdo, estamos haciendo lo que será más productivo el día que enfrentemos lo que vendrá después. Vivamos, no cesemos de deslizar nuestra vida en forma ordenada y cumplidora, y todas las aspiraciones que tengamos de adelanto – mientras sean moderadas- tenemos pleno derecho de alcanzarlas. Pero todas ellas son nada más que medios para que en el transcurrir de las horas, de los días, y del tiempo, seamos probados espiritualmente a todo aquel que transitó por la Tierra.
En estos momentos, no es extraño que nos sintamos resentidos porque nos falte tal o cual cualidad, o que tengamos tal o cual tendencia. Procuramos ir corrigiéndonos, aunque nos cuesta. Todo lo que se manifieste en estos momentos es por cultivo anterior.
Nada es improvisado en cada uno.
Cuando se quiere meditar en lo que hayamos podido ser, no tenemos más que observar nuestras actitudes y condiciones presentes; son consecuencia de un cultivo anterior. Lo que se cultivó, dictará nuestro carácter, nuestro temperamento, y es lo que se llama “karma”. Es lo que traemos, no como una penitencia, no como una limitación, sino como un alcance de lo que hemos sido capaces de hacer y de alcanzar. Pero en estos momentos, plenos de conciencia, la conciencia activa de durante el día, plenos de responsabilidad, cultivemos los aspectos que por ventura sintamos aún negativos dentro de nosotros mismos.
Hemos dado en oportunidades pasadas expansión a lo que aún gravita en contra de nuestros propósitos de crecimiento. Pero como tenemos a nuestra disposición la voluntad, que es una condición, que es una fuerza espiritual, que es una energía espiritual, vamos aplicándola en el sentido de ir moderando hasta hacer desaparecer lo que por ventura ya no nos corresponde.
Entonces, sientan la vida en toda su plenitud, sientan los poderes divinos que están trabajando para que la chispa que está en cada uno se transforme algún día en una llama constructora, porque cada no tiene en si esas posibilidades de transformarse en una llama que se asegura capaz de ser creadora. Lo que se asegura es algo tan extraordinariamente grande que ni repetimos, pero que cada uno tiene que sentir, darle el verdadero valor y procurar ser digno, para que sea posible. los que instruyen los mundos celestes al dar una enseñanza filosófica nueva en la Tierra, como es la Filosofía Rosacruz, teniendo épocas nuevas que ya vienen. Acuario, con su influencia de Urano, va a hacer una vida en la Tierra más activa, más dinámica, y la enseñanza es justamente para que los que sientan el deseo de ponerse en condiciones, comiencen desde ahora; porque nada en lo espiritual es repentino, sino que para que sea cierto tiene que ser esencialmente gradual. Entonces, se despliega delante del estudioso todas las posibilidades, para que cuidadosamente las vayamos cultivando y seamos capaces de alcanzarla.
Cuando despertamos dentro de nosotros sentimientos amigos, sentimientos nobles, sentimientos fraternales, existe el movimiento del que así siente algo que ninguna paz se le puede igualar. Todo triunfo mundano es efímero. Todo lo que es material hay que renovarlo permanentemente; pero lo que es espiritual perdura, y da una sensación interna que solamente se puede alcanzar en ese sentido o con esa conquista.
Hemos vivido demasiado para nosotros mismos. Tiene que comenzar una reacción lenta pero sabia en un sentido más universal. Porque las leyes nos están guiando, que nos trajeron a las presentes condiciones, son universales y jamás personales. No existe ninguna ley que sea para un individuo; la ley es para todos. Tenemos que ajustar nuestra manera de sentir, nuestra manera de pensar, nuestra manera de actuar en esa línea que es la única cierta, que es la única que nos hará cumplir los propósitos que nos trajeron a la presente existencia.
El proceso para volver, siempre es consecuencia de palabras sabias emitidas por seres de gran Amor y gran Sabiduría que nos expresan nuestras posibilidades, que nos explican nuestras necesidades, que nos van indicando en la forma que tenemos o las posibilidades que se nos pueden brindar para nuestro crecimiento. Palabras que las sentimos tan sabias, llegan tanto a nosotros que la consecuencia es que aquí estamos todos de vuelta, una y otra vez, a pasar por las experiencias de la Tierra, porque sabemos que esas inspiraciones nos guían para el bien. En estos momentos subsisten esas inspiraciones y esas palabras; recorramos a nuestra conciencia. Ella nos va a hablar con esas palabras sabias que se emitieron en los Cielos para enviarnos a la Tierra.
Cuando queremos tener una respuesta, busquémosla dentro de nosotros mismos; no busquemos afuera, salvo que tengamos cerca personas sabias en las que podamos confiar y a veces consultar. Pero tenemos dentro de nosotros mismos, alguien permanentemente sabio, verdadero; es nuestra conciencia, que jamás nos va a engañar, que es la voz verdadera depositada en cada uno que nos hablará siempre de lo que es cierto.
Cuando tenemos aprensión sobre determinado hecho, mantengamos calma, seamos prudentes, seamos cautos, detengámonos. ¿Cuántas veces en el pasado – cuando hablamos de “pasado” decimos “vidas anteriores” – hemos pasado por experiencias que aunque no las recordamos dejaron su señal, su cicatriz, su marca dentro de nosotros?
Son las sensaciones de prevención que siempre nos advertirán y nos hablarán con toda claridad sobre la conducta a seguir; escuchémonos a nosotros mismos, no bajo el imperio de las cosas materiales que engañan y nos desvían de la verdadera finalidad.
Escuchemos la parte verdadera que existe dentro de cada uno y guiémonos para el desenvolvimiento que nos dará satisfacciones permanentes.
Mis Amigos: semana a semana, cuando les dirigimos un conjunto de palabras que envuelven ideas espirituales, lo hacemos procurando impactarlos, despertar dentro de cada uno los valores verdaderos que tienen que ser cultivados. Perseguimos nada más que ese bien dentro de cada uno.
Deseamos que los momentos que pasamos juntos puedan ser útiles, y al regresar a sus casas en días como hoy de tema espiritual, vayan guardando la mayor calma posible; busquen de ir a descansar lo más rápidamente que puedan. No se distraigan porque esto que hemos procurado expresar en una etapa de vigilia, se repite en las noches, en la hora del sueño, para reafirmar las ideas, fortalecerlas y hacerlos adelantar más. Si por ventura tienen otros deberes, tendrán que cumplirlos. Pero de preferencia los días jueves disminuyan los problemas, encamínense a su hogar luego que sea posible.
Descansen, que son noches en que se siguen tratando temas de ayuda y de impulso para el verdadero crecimiento de cada uno.
Las escuelas invisibles tienen su réplica, y muy sabia, en los Mundos Invisibles.
Los templos en los Mundos Invisibles son una realidad. Llegará un momento en que traerán al día siguiente, el recuerdo de haber sido instruidos durante las horas del sueño.
Espero que así sea, como ya más de uno consigue recordar.
Les dejamos, deseando que la paz, la verdadera paz, la verdadera tranquilidad, el bien espiritual les acompañe, sea con vos.

2/4/81

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viernes, 29 de julio de 2016

Cómo responder al plan evolutivo


“SANTUARIO ROSACRUZ”
Max Heindel
Fundador Roberto Ruggiero Grimaldi
Casilla de Correo 20071 – UPAEP
E-mail: juanrezzano99yahoo.com.ar
http://santuariorosacruz.tripod.com
MONTEVIDEO – URUGUAY

Conferencia dictada por el Sr. Roberto Ruggiero

Cómo responder al plan evolutivo
en you tube, desde aquí

Este tema tiene por finalidad servir de auxilio a todos los que aspiran a adelantar.
En el momento en que comprendemos que la Enseñanza Superior nos invita a un cierto cambio, anhelamos realizarlo; pero con sorpresa percibimos que detrás de la cortina que se presenta para lo nuevo hay algo que nos hace sufrir.
A través de los tiempos, los procesos han tenido algo en común: ningún progreso se ha llegado a alcanzar que no haya representado para los seres un proceso doloroso. Vamos a comprobar cómo ésta ha sido la característica.
Cuando estudiamos y analizamos tiempos pasados, lo hacemos para que, conociendo lo que costó alcanzar las condiciones de hoy, comprendamos por qué el cambiar las condiciones actuales nos representa una dificultad similar.
La antigua Lemuria es una etapa trascendente porque marca el momento en que, por primera vez, la humanidad es dividida en sexos, y es también la etapa inicial de conciencia. Esto no significa que se haya alcanzado la conciencia completa, total, de inmediato.
La conciencia primera fue enormemente precaria.
El lemur no tenía ojos; los valiosísimos sentidos de que hoy disponemos son consecuencia de un proceso muy lento y demorado.
El esfuerzo de los mundos celestes – principalmente de los Ángeles de Jehová – fue dirigido en el sentido de hacer que la humanidad respondiera a los impactos de los arquetipos que trabajaban para ir organizando mejor el cuerpo humano, desarrollando facultades que no existían. Representó el esfuerzo de imprimir al organismo físico los canales necesarios de comunicación al exterior, para lo que fuimos cuidadosamente ayudados.
Este proceso fue doloroso; dolor que a través de los tiempos no se pudo evitar, como tributo. El querer, el hacer, esta actitud de realizar del ser humano, es una condición intrínseca, natural del propio ser; pero la conquista es esfuerzo, y éste es dolor. ¿Por qué lo decimos? Para que se vaya sintiendo que lo que aún nos falta alcanzar o realizar, no se podrá evitar que sea de la misma forma o modalidad.
Sigamos examinando los tiempos pasados: el lemur no veía el mundo físico. Mas tenía que verlo, porque de otra manera hubiera seguido viviendo en el mundo espiritual, no propicio para el adelanto primero. El mundo físico, en su condición estática, sirve mejor para la etapa de experiencia elemental.
En el esquema reservado para la humanidad terrena, estaba previsto el desenvolver mente, la cual no se poseía; la humanidad vivía en un perfecto paraíso, sin choques, sin dificultades, pero sin realizaciones ni crecimiento anímico. Era una vida totalmente pura, pero sin valor, porque no había experiencia. Intervino entonces un factor extraño: los Luciferes, Ángeles caídos, atrasados en su desenvolvimiento – más exactamente estacionados – vieron en la evolución del ser humano una oportunidad de progresar ellos mismos, y como tenían un cierto desenvolvimiento, influyeron en la conciencia interna, especialmente en el sexo femenino. Son la “serpiente” de la Biblia.
Ellos fueron los gestores de la individualidad de cada uno de los seres humanos; con su intervención, consiguieron apresurar el proceso de contacto con el medio físico, e independizar al género humano de la tutela rectora de los Ángeles, que existía hasta entonces. Enseñaron a actuar por sí mismos, desenvolviendo el deseo propio y voluntad independiente. Esto, que hoy es un hecho común, no existía entonces.
El querer, el anhelar, el desear no era propio de los lemures en un principio; son los Luciferes que nos impulsaron a actuar por nosotros mismos, como dijimos. Pero al propulsar la individualidad, nos enseñaron a desobedecer, y esta anormalidad trajo como consecuencia el dolor, que de ahí en adelante se repite como ley general.
Los Luciferes impulsaron al género humano, pero son los responsables de las condiciones actuales; por medio del desenvolvimiento inteligente de este plan evolutivo cósmico, ellos alcanzaron egoístamente determinado crecimiento que les faltaba, pero se enfrentaron a una realidad que puede calificarse de terrible, o más duramente, de horrorosa, porque ellos son los responsables de todo el dolor que vive la humanidad.
El ser humano, por actuar sin la debida experiencia, cayó en el error y la destrucción. Hoy los Luciferes comprenden la consecuencia de lo que hicieron; no les falta capacidad. Si bien son Ángeles caídos, continúan siendo Ángeles y enfrentan un proceso doloroso de consecuencias por haber adquirido un crecimiento exclusivamente por el error ajeno.
Presentamos este cuadro para que cada uno medite, para hacer sentir que estas condiciones de consecuencia permanecen también para nuestro adelanto; pero queremos indicar que la Enseñanza Rosacruz, al darnos los medios de corregir nuestras acciones, en las presentes circunstancias, nos invita a que cada uno se dirija por sí mismo; que se eviten las tutelas externas y que cada uno tenga confianza en sí. Si bien no se niega la comunicación con los demás, así como tampoco los comentarios y relación en nuestra cotidianidad, que son indispensables y normales, se pide que, para su propio adelanto, cada uno actúe decididamente de acuerdo a su sentimiento, a su razón y discernimiento. Es necesario, en primer lugar, la absoluta confianza en sí mismo, porque al actuar por nosotros mismos estamos desenvolviendo algo indispensable: las fuerzas internas de cada uno, de su propio yo. El Yo interno tiene que manifestarse finalmente, por su trabajo propio y continuo en la
condición física existente, para dar lugar al desarrollo de un Yo superior y no inferior. Entendamos que en un ser hay un sólo Yo, pero al mostrar las tendencias del mundo material, esas adherencias, esos deseos personales, crean la ilusión de la separatividad, equivocadamente.
Lo que llamamos egoísmo e interés personal, tenemos que calificarlo de Yo inferior; y tenemos que calificar de Yo Superior a algo diferente, más real, más benigno y más inmortal. Esta es la causa de la diferenciación que hacemos. Pero para que se manifieste definitivamente el Yo Superior, tenemos que hacer un cierto ordenamiento, una cierta limpieza, ese llamado cambio al que cada uno se enfrenta con sorpresa, sobre el que cuesta decidir, que finalmente titubea si se hará o no.
Este titubeo existe en el Aspirante a la Luz, porque está sorprendido consigo mismo. Cree estar mirando una realidad nueva, de serena belleza, en un plano eterno e inmortal, pero para alcanzarlo se ve ante la necesidad de reconocer algo dentro de sí, de naturaleza inferior, que debe cambiar, que debe arrancar, desgarrar, y eso produce dolor.
Pero recordemos la etapa lemúrica, origen de los sufrimientos actuales por haber elegido mal, y que ella nos sirva de ejemplo para ahora saber elegir y tener la necesaria energía para el cambio, aunque ésta nos represente un esfuerzo. A veces las circunstancias de la vida nos hacen esperar, para después acercarnos a tal o cual meta; parece que las detuvieran especialmente para nosotros. Es la armonía del plan cósmico que trabaja para ir concediendo el adelanto en el momento que debe ser y no cuando, por exceso de inquietud e indebidamente preparados, queremos apresurarnos.
Nos enfrentamos entonces al mismo problema: no alcanzamos lo que creemos merecer, y esa meta se distancia en el tiempo para obligarnos a algo, a un cultivo; al cultivo de los valores que finalmente nos harán acreedores a esa meta que deseamos. Son todos procesos, pero procesos que tenemos que acompañar de forma sabia y consecuente: queremos, podemos y debemos.
Esta es la posición del aspirante a la Luz que ya alcanzó a saber lo suficiente para reconocer dentro de sí mismo una centella divina que puede, quiere y debe finalmente alcanzar su destino.
¡Cómo no hablar de la confianza en sí mismo! ¿Puede un ser pretender poder si no tiene absoluta confianza en sí mismo?, si no reconoce en principio lo que él realmente es? De esta forma se va descubriendo el Ser Superior, esa etapa de Luz radiante que espera a todos. A veces se dice, con cierta tristeza, que el sendero espiritual se presenta de forma compleja para todos; pero se dice porque no se entiende.
Se persigue desenvolver el ser interior, perfecto ideal, solamente leyendo, y los que así hacen quedan completamente satisfechos porque creen que ya saben; no se ocupan de la otra etapa, del cambio que hay que realizar como consecuencia del saber; están totalmente equivocados.
A veces relato a los amigos una anécdota que es una enseñanza. De joven, tenía las mismas inquietudes que tengo ahora, y acompañé a alguien que sabía mucho a escuchar a un conferencista que se presentaba como un gran conocedor de las cosas espirituales. La conferencia fue muy larga, y el orador hizo una exposición muy completa, que versaba en todos los conocimientos que existen en La Tierra, y, por supuesto, sorprendió al auditorio. La persona que estaba conmigo, sin embargo, me dijo: este conferencista demostró saberlo todo, pero, en verdad, ¡no sabe nada!
Vamos a ver cómo desciframos este problema.
Sócrates vivió en Grecia, en la época en que esta nación era el punto culminante de la Tierra en valores y cultura. Se habían reunido seres con un cierto cultivo y Sócrates dedicó muchos años de su vida a hablar en plazas públicas, promoviendo discusiones con preguntas suficientemente hábiles, para que le contestaran ciertos sabios que asistían a sus charlas y que creían saberlo todo.
Él, con una sabiduría fuera de lo común y una capacidad sorprendente, les demostraba sus errores. Surge aquí el problema tremendo del orgullo intelectual; el ser llena su mente de conocimiento y queda plenamente satisfecho. Esto, lamentablemente, es no saber nada.
El conocer no representa absolutamente ningún adelanto en el sendero espiritual. El que estudia todas las filosofías y no aplica estos conocimientos para un cambio ideal dentro de sí mismo, está en una posición más difícil para el progreso, que el ser que no estudió nada, ya que éste último no tiene tanta responsabilidad.
El conocimiento representa aplicación, pero no para fuera de sí mismos señalando a otros que no saben y que tienen que aprender, sino que se debe dirigir toda esta sabiduría mental para dentro de sí mismo, para aplicar este conocimiento y ver en qué medida lo hace una realidad en su existencia, en su relación con el mundo. ¿Qué aporte dio de todo lo que aprendió? Reclama del mundo respeto, admiración, homenajes, pero no ve la necesidad del hermano, de la hermana, conocido o desconocido. No ve que tiene los mismos problemas que todo ser humano enfrenta: la gran necesidad de adelantar.
¿Qué hace el cambio? El respetar el defecto y el error de los demás, el comprender que el prójimo es un reflejo de sí mismo, que es alguien que desea alcanzar las mismas conquistas y que tiene las mismas dificultades que nosotros.
Este esfuerzo fue el que hicieron los Apóstoles para comprender al Cristo y él los llamó “mis amigos” en el sentido de unión, de acercamiento; usó el término más noble que podía encontrar. Y en el momento de ser dolorosamente crucificado, todavía tiene fuerzas para decir: “Perdónalos Señor, no saben lo que hacen”. Estudiemos y meditemos para entender esto: no hay ningún adelanto si no se llega a comprender el sentido del servicio a los demás.
¿Qué hizo Buda, nacido con un título de nobleza? Dejó todo para servir. No quería nada que fuera ilusión. Lo que él quería era poder servir y ser útil a los demás.
Moisés es otro ejemplo de alguien que entendió y tuvo e privilegio de ser un director, un impulsor, a quien se dio las Tablas de la Ley y vivió para instruir, para servir.
Ponemos estos ejemplos para confirmar lo que estamos explicando; ellos vivieron de tal forma que anularon dentro de sí toda naturaleza que no fuera estrictamente altruista y terminaron su existencia envueltos en luz.
Esto es a lo que debe aspirar el espiritualista, el que cultiva la enseñanza. Pero ésta le invita a realizar, y también le advierte que todo cambio, para ser real, representa dejar algo, desprenderse de algo, y este desprendimiento es dolor, sufrimiento, porque dentro de sí siente que tiene que dar lugar a algo que antes no existía. Y cuando llegue ese momento, ¡bendito sea! Porque está comenzando a hacer el cambio que lo llevará a otra posición. La Enseñanza entonces no pasó por él, sino que entró en él.
Queridos amigos, lo que estamos pretendiendo explicar es cómo acompañar el plan evolutivo. Sólo podemos trabajar en este sentido si vamos comprendiéndonos a nosotros mismos en nuestras verdaderas necesidades, y así iremos comprendiendo, por lo tanto, las necesidades de los demás, que son exactamente las nuestras.
Colaboraremos y daremos apoyo en la medida que podamos: una palabra cariñosa, una sonrisa ...
Por esto hacemos hincapié en la absoluta confianza en nosotros mismos aunque nos equivoquemos: porque como somos honestos, cuando percibamos el error, lo corregiremos definitivamente y para siempre.
No hay ningún peligro en la absoluta confianza en nosotros mismos, porque va paralela a una absoluta responsabilidad, de manera que cuando nos damos cuenta de que algo fue lo suficientemente cierto o correcto, esta responsabilidad que adquirimos hará que modifiquemos nuestra conducta, nuestras opiniones, nuestra actitud, poniéndonos en la posición debida.
Entonces nuestros anhelos se transformarán en una devoción permanente hacia lo ideal, lo superior. Tendremos nuestros pies bien apoyados en La Tierra, cumpliendo todos nuestros deberes, pero procurando elevar nuestra mente lo más alto que podamos, para hacer comunión con lo celeste.
La devoción es hacia lo ideal. Si la Tierra aún no es un campo totalmente apropiado para ello; vivamos de tal forma que cada día adelantemos un paso para alejarnos de lo material, acercándonos a la ansiada meta.
Entonces nuestros días van a ser útiles, porque estaremos trabajando ordenadamente, estaremos dejando al ser que antes vivía una vida común, para dar lugar al ser que, por el conocimiento, procura ser una expresión de verdad y de realización sabia. Es decir, vamos dando lugar a un ser nuevo. Generalmente se dice que nace entonces un nuevo niño para el mundo, algo que va a crecer de forma robusta y sana, para transformarse en un maestro constructor capaz de construir un templo sin ruido de martillo, de construir silenciosa y sabiamente. Esta clase de constructores son poco nombrados en el mundo.
Se conocen aquellos que consiguen acumular, para asombro de los demás, grandes fortunas, apareciendo en las columnas de los periódicos, y se les presenta como realizadores. La realidad es que el que construye en silencio, que no llama la atención de nadie, que transita por el mundo con devoción, humildad, modestia, y que si se le pide un pan es capaz de dividir el propio, y si se le pide agua y no tiene es capaz de ir al arroyo y quebrar el hielo para conseguir un poco de agua que calmará la sed al necesitado, ese ser es grande en los cielos.
No los queremos impresionar con la enseñanza; deseamos que mediten serenamente y se resuelvan a tomar nuevas decisiones, más reales y seguras, si la razón y la lógica así les indican que deben hacer.
La Enseñanza Rosacruz es muy cuidadosa y terminante al decir que cada uno debe dirigirse por sí mismo, que los guías espirituales fueron necesarios en el pasado, cuando la humanidad joven precisaba ser guiada. Pero esa humanidad maduró a través de los tiempos y ahora está en condiciones de autodirigirse. Hoy la Enseñanza quiere hacer seres independientes que necesitan y saben actuar por sí mismos, porque ésta es la posición que corresponde al momento evolutivo. Además, sirve de directriz para nuevos rumbos, nuevas direcciones, porque la dirección común que todos tenemos ya no sirve. El tiempo ha pasado para presentar nuevos esquemas, nuevas necesidades y nuevas posibilidades.
Comprendiendo estas perspectivas y estudiando las bases espirituales, es como podemos tornarnos colaboradores de este magnífico plan evolutivo.
Después de leer estas palabras, Uds. las analizarán y las usarán en la medida que sientas que pueden serles útiles. Todo lo que decimos, insistimos, es para que lo mediten cuidadosamente y lo acepten solamente si lo hallan útil y provechoso.
Nuestra invitación es: elevar la nota devocional a la mayor altura posible, hacia un ideal superior que les abrirá, finalmente, las posibilidades que desean y que esperan.
Realicen y colaboren usando primeramente este proceso del cambio interno, que es el medio que tenemos para tornarnos obreros eficientes en la magna obra del Creador.

9 – 10 – 1975
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