miércoles, 13 de abril de 2016

Cómo ayudar por medio del Pensamiento


CÓMO AYUDAR POR MEDIO DEL PENSAMIENTO

            ¿Cuántas veces al día tenemos a la mente bajo control hasta el punto de poder decir que pensamos voluntaria y conscientemente? ¿Cuántas veces somos responsables de lo que pensamos y cuántas discernimos para elegir entre pensar bien o mal? La verdad es que, en la mayoría de los casos, muy pocas. Podemos estar centrados responsablemente en un asunto y actuar y pensar correctamente, pero entre este asunto y el siguiente pueden pasar incluso horas sin tener un control verdadero sobre los cuerpos que nos llevan a hablar, actuar y pensar. Por un lado, el cuerpo de deseos nos está tentando constantemente con las cosas que ya ha experimentado muchas veces y que producen placer, ocurriendo que nuestra voluntad cede gustosamente sin que nos pongamos a analizar el hecho para ver si nos beneficia o nos perjudica. Por otro lado, la mente se deja dominar por dichas tentaciones y por deseos que, más egoístas que altruistas, satisfagan nuestros sentidos, ante lo cual tampoco se utiliza la razón para evitarlo. Por último, el cuerpo físico, impulsando por las repeticiones anteriores y por el cuerpo de deseos y al no ser frenado por el discernimiento ni por la voluntad, actúa de forma automática, por impulso o por instinto buscando egoístamente una vida cómoda y de placer.

            De todos los cuerpos que utiliza el hombre, (el verdadero yo) entendiendo que dicho hombre se manifiesta como conciencia y voluntad, la mente es la que debería predominar sobre los demás puesto que, si se requiere, tiene el poder suficiente como para dirigir el cuerpo físico y vencer a los impulsos, instintos y deseos que llevan al hombre a actuar de la manera que lo hace. Pero el poder de la mente no se debe utilizar solamente para el control de los vehículos o cuerpos del verdadero hombre, sino que se puede utilizar también para propósitos altruistas y benefactores respecto a las demás personas; es más, la Ley de Consecuencia recompensa más las buenas obras que se hacen al prójimo que las que se hacen sobre uno mismo. Y es por este razonamiento por lo que deberíamos de preguntarnos ¿Si mi mente está pensando todo el día, por qué no utilizarla para beneficiar al prójimo en los momentos de ocio y descanso?

            Antes de entrar a fondo en lo que trata este artículo conviene, sobre todo pensando en los que apenas saben nada sobre filosofía oculta, explicar algo sobre lo que somos y muy especialmente sobre la mente. El ser humano está compuesto de:

1º.- Un cuerpo físico cuya materia es igual que la de cualquier otro objeto, es decir, de átomos; por tanto, ni tiene deseos, ni sentimientos, ni tampoco piensa como ocurre con el mineral.
2º.- Un cuerpo etérico o vital (de materia más sutil) que es el que mantiene vivo al cuerpo físico y el que encarga de que el organismo cumpla sus funciones; si fuéramos solo estos dos cuerpo seríamos como las plantas que nacen, crecen, se reproducen y mueren, pero no tienen deseos ni piensan.
3º.- Un cuerpo de deseos o emocional que es el que hace que el cuerpo físico actúe en una dirección o en otra según sus deseos, sentimientos y emociones; su fin, entre otros, es que el hombre tenga experiencias que le sirvan para evolucionar. Si sólo tuviéramos esos cuerpos seríamos como los animales.
4º.- Un cuerpo mental que sirva al hombre para obtener conocimiento, discernir entre lo correcto o incorrecto y entre lo verdadero y lo falso, y para que sea consciente de su ser y del sentido de la vida para así poder imponer su voluntad y dirigir su destino.

            Razonando lo que estamos tratando, está claro que es la mente la que, bajo la dirección de la voluntad y la conciencia, puede llevar por buen camino a los demás cuerpos y para obtener mayor beneficio y rendimiento respecto a nuestro desarrollo y a la humanidad. La mente crea y emite pensamientos, pero también recibe y se deja llevar por otros ajenos y por determinadas atmósferas mentales. Por consiguiente, no se trata nada más que de decidir entre crear pensamiento buenos o malos, fuertes o débiles, egoístas o altruistas, interesados o indiferentes, etc.; y por otro lado, controlar la mente de tal manera que la observación sobre ella permita elegir, recibir y rechazar los pensamientos que lleguen del exterior y los impulsos del cuerpo de deseos.

            Pero, veamos lo qué es y cómo actúa un pensamiento. Cada pensamiento repercute sobre su cuerpo mental, y cuando se repiten pensamientos de la misma naturaleza se crean las costumbres o hábitos. También repercuten sobre los demás cuerpos, por ejemplo, determinado pensamiento puede producir un sentimiento, deseo o emoción que impulse al cuerpo físico a la acción. Los pensamientos atraen a otros pensamientos de similar naturaleza de igual manera que la vibración emitida por un instrumento musical y trasportada por el aire puede estimular la misma nota musical en otro instrumento afinado con el mismo diapasón. También afecta a las diferentes regiones de los mundos según la naturaleza del pensamiento, así, los pensamientos malévolos aumentarán los malos sentimientos y pensamientos de esos mundos y, a su vez, a los cuerpos mentales de las personas que vibren en ese grado de desarrollo. El pensamiento afecta al cuerpo mental de otra persona según la fuerza, la claridad y la voluntad y persistencia con que se envíen o creen. Pero para que un pensamiento afecte a alguien éste tiene que estar atento o tener esa vibración en su cuerpo mental, ya que si no es así, el pensamiento pasará de largo como pasan las palabras por los oídos de alguien que está pensando en un problema y no escucha a quien le habla. Sin embargo, cuando un pensamiento penetra en la mente de otro, éste vibrará hasta intentar reproducir lo que es o dejarla hasta verse fortalecido por otro pensamiento similar.

            En la vida cotidiana de cualquier persona suele haber tres clases de pensamientos:

1º.- Los que se crean con una intención determinada.
2º.- Los que flotan a su alrededor y que pueden ser suyos o atraídos de otras personas por estar en sintonía.
3º.- Los que se crean, la mayoría de las veces inconscientemente, y se van dejando por donde esté su creador, manifestando así su propio carácter y personalidad.

            Es muy importante pensar consciente y positivamente para que el efecto de nuestros pensamientos sea de ayuda a los demás, pero tan importante como eso es estar atentos a lo que nuestra mente piensa como efecto de lo que nos afecta del exterior porque cuando cedemos a pensamientos malos, su vibración se asentará en nuestro cuerpo mental para germinar y fortalecerse con cada pensamiento que de  esa naturaleza atraiga. Cuando ocurre esto, esa maldad se manifestará en pensamiento, palabra y obra. De hecho, cuando una persona tiene arraigado el hábito de pensar mal es porque en otra vida ha acumulado pensamientos de esa naturaleza y estarán ahí hasta que los transforme haciendo exactamente lo contrario.

            Hay veces que conocemos a alguien que tiene problemas y sabemos, o hemos intentado y no hemos podido, que por su carácter o poca relación con él, no nos va a escuchar. Es en estos casos cuando nuestra actividad mental debe dirigirse hacia él para ayudarle a expensas de su cerebro físico; es  decir, actuando o  influyendo en su cuerpo de deseos y su mente. Por muy poderosa que sea esa mente o por muy centrada que esté en sus problemas o asuntos, siempre habrá una oportunidad de influirle con nuestra mejor voluntad, sea despierto o sea dormido.

            Si los pensamientos que queremos hacer llegar a una persona en forma de ayuda, consejo o consuelo, son suficientemente fuertes, claros y concentrados, sin duda que le alcanzarán. Aún en el caso de que no ocurra en el mismo momento, se quedará flotando y le penetrará cuando su mente esté fatigada o inactiva. Son infinitas las cosas en que podemos beneficiar a otros con nuestros pensamientos auxiliadores, en la calle, en el trabajo, a familiares, vecinos, amigos, etc. Es importante no pensar mal para no ir dejando semillas de discordia por donde nos encontremos, pero también lo es expresar lo mejor de nosotros en pensamiento, palabra y obra ante cualquier persona y lugar. Esto, a su vez, rodeará nuestros cuerpos en forma de aura etérica y emitiremos vibraciones de bondad allá donde nos encontremos.

            Veamos, por tanto, algunos ejemplos de lo que podemos hacer con nuestra mente a lo largo del día y de la noche. Uno de los beneficios que podemos obtener de la mente es cuando la sabemos preparar antes de dormirnos pero, ¿qué es el sueño? Cuando, después de estar todo el día gastando energía y destruyendo tejidos del cuerpo, llega la noche, al no poder reabastecerse más, el yo abandona el cuerpo físico con su cuerpo de deseos y con su mente para reconstruir y revitalizar dicho cuerpo. Como consecuencia y puesto que la conciencia pasa a dos mundos que se corresponden con dichos cuerpos, el cuerpo físico queda dormido pero el hombre sigue existiendo en esos mundos aunque no pueda imprimir lo que hace en el cerebro.

            La diferencia de estar despierto o dormido en relación a lo que estamos tratando es que cuando se está fuera del cuerpo no interviene el cerebro físico y la mente es, como consecuencia, más poderosa en cuanto a la creación de pensamientos. Aun en los estudiantes esotéricos, de poco sirven estos conocimientos porque no se suelen tener en cuenta ya que en vez de dormirnos con cierta intención de aprovechamiento nocturno, nos dormimos pensando en nuestros asuntos cotidianos. Entonces no “emitimos pensamientos con determinada intención” sino que seguimos pensando en nosotros mismos y en nuestros asuntos, no obteniendo así ningún resultado o ayuda.

            Entre las muchas cosas que hacemos y que podemos hacer cada noche después de dejar el cuerpo físico dormido, está la de obtener respuestas a nuestros problemas o dudas. Así es que comenzando por preparar papel y lápiz por si nos hace falta por la mañana para escribir algún recuerdo, lo primero que hay que tener en cuenta es que cuando vayamos a dormir no hay que dar vueltas a dicho problema o duda. Es importante no intentar encontrar la solución en ese momento porque eso impediría coger el sueño, más bien al contrario, hay que tener muy claro lo que se desea y plantearlo con claridad para después dejarlo en el aire. Con esto, lo que estamos haciendo es dormirnos con esa idea activa, y con el yo o pensador preparado para que se ocupe del problema. En muchos casos se obtiene respuesta porque el yo o Ego se encarga de imprimirlo en el cerebro, pero estas impresiones duran muy poco y por eso se aconseja apuntarlo cuando nos despertamos.

Si, como hemos explicado, el hombre es más libre y poderoso para pensar cuando está fuera del cuerpo físico, quiere decir que también podemos hacer otras obras benefactoras a otras personas desde esos mundos. En este caso da igual que la persona esté muerta o dormida, es decir, que ayudemos a un vivo mientras duerme que a una persona que hace poco que ha fallecido. Como en el ejemplo anterior, hay que tener una idea muy clara respecto a lo que se quiere hacer y representarse lo más perfectamente posible a la persona a la cual queremos dirigir nuestros pensamientos. Si se hace esto con la intención y el fuerte deseo de encontrar a esa persona para ayudarla, dicha imagen mental atraerá a la persona y se efectuará la comunicación. Es importante que antes de dormirse el interesado en ayudar a otro esté relajado mental y emocionalmente porque la inquietud, la agitación o una emoción fuerte, crean remolinos en el cuerpo de deseos y éstos impiden que haya buenos resultados, y a veces hay algún recuerdo o “sueño” de ello pero, aunque no fuera así, eso no impide que se cumplan los deseos de la comunicación. Todo pensamiento, dormido o despierto, que es dirigido con fuerte voluntad y persistencia a un fin determinado, cumple una misión. Si creamos pensamientos de esta forma para ayudar a alguien, a una misión, a un grupo o movimiento, etc., que no nos quepa duda que estas corrientes de pensamiento alcanzarán al grupo o personas y dejarán su mensaje en sus cuerpos mentales.

El hecho de que cada uno de los cuerpos mencionados esté constituido de materia más sutil o etérica uno respecto a otro, no significa que no cumplan una misión o que sus acciones no tengan sus efectos. Por ejemplo, la repetición de un hecho hace que el cuerpo etérico cree un hábito; la repetición del deseo de consumir tabaco o alcohol crea apego o pasión hasta el punto de verse la persona dominada. Respecto a la mente, aunque su actividad no sea tan fácilmente demostrable, es más poderosa que los demás cuerpos y por eso les domina o puede dominar; en realidad la mente es creadora puesto que todo lo creado por el hombre tiene su origen en ella, y está capacitada, entre otras muchas cosas, para comunicarse con otras mentes. Las imágenes que llegan a los ojos gracias a las ondas de luz (vibraciones electromagnéticas) y que luego se traducen en impulsos nerviosos para llegar al cerebro, son las que capta la mente (puesto que es etérica y compenetra al cerebro físico) y de estas imágenes es de donde extrae el conocimiento el yo (también representado como voluntad) Cuando el yo desea expresarse utiliza la mente para razonar el hecho, ésta pone en actividad el área del cerebro correspondiente y, por último, lo expresa por medio del sistema nervioso como palabra u obra.

En el caso de los muertos es diferente puesto que no tienen cerebro físico ni sentidos, pero eso no representa un inconveniente sino lo contrario porque las mentes se comunican directamente y las formas de los pensamientos son tan reales en ese mundo como los objetos en nuestro mundo físico. Cuando una persona abandonan su cuerpo definitivamente comienza otra forma de vida muy diferente a la terrestre por el hecho de no tener sentidos físicos con que expresarse, como consecuencia se ve obligada a vivir internamente sintiéndose mucho más identificado con su mente que lo que lo estaba aquí en la tierra. Por otro lado, el cuerpo de deseos hace las veces del físico y “encuentra” toda clase de expresión (salvo pocas excepciones) para que el hombre pierda la comunicación con el mundo físico, con la particularidad de que cuanto más poderosa sea la barrera que impide expresarse más receptividad interna hay respecto a lo que proceda de las mentes y del mundo de pensamiento.

Esto es así hasta el punto de que, cuanto más desarrollo espiritual haya obtenido una persona en su vida física, más poder interno, de comunicación y de expresión tendrá en esos mundos superiores. Así es que, un pensamiento de amor fraternal o de cariño a una persona fallecida le es más real y le causa más efecto que si se le dijera ante ella misma o físicamente. Los pensamientos de ayuda, consuelo amor, etc., (excepto los que pueden atraerles en algún sentido hacia la tierra) dirigidos a un fallecido no solo le darán paz y amor sino que también le ayudarán a atravesar las regiones inferiores de ese mundo muchos antes. Es triste que estas personas no pueden verse ayudadas por sus familiares y amigos por el hecho de no conocer o no creer en esta filosofía, pero lo cierto es que cuando se envía un pensamiento con voluntad y concentración en la imagen del ser querido fallecido, este pensamiento actuará como un Ángel Guardián.

Los pensamientos son creadores, todo lo creado por el hombre en la tierra tuvo su origen en las ideas que tuvieron sus creadores y que después razonaron para ver la manera de crearlo físicamente, pero la mente, además de inventar y razonar, también se puede utilizar para auxiliar a otras personas como hemos podido ver respecto a los muertos. Los pensamientos correctamente dirigidos, concentrados, y enviados a otras mentes con la mejor voluntad y sin ánimo de dominarlas, actúan como auxiliadores y protectores según qué propósitos. Supongamos que tenemos un familiar o amigo que ha caído en el vicio del alcohol o de la droga y queremos ayudarle. Lo primero y muy importante que debemos saber es que nunca se debe imponer la voluntad sobre otro y que tampoco se deben poner obstáculos para que esa persona se vea impedida porque los deseos restringidos tienen un efecto muchísimo peor; además, eso no eliminaría el deseo sino que simplemente buscaría otra manera de satisfacerlos.

Para enviar pensamientos a otras mentes con la intención de ayudar a esas personas a quitarse algún vicio, no es necesario que la persona esté dormida pero si se hace cuando sepamos que lo está será mucho mejor, es más, si se hace por la noche tendremos más seguridad en los resultados. Por parte del que desea ayudar sólo se requiere que esté relajado y aislado y que cree una imagen lo más perfecta y vívida posible de la otra persona, es decir, algo así como si estuviera hablando con ella cara a cara. A partir de ese momento y de una manera concentrada, tiene que ir enviándole uno a uno los pensamientos, imágenes y sugestiones que desea imprimir en su mente. Esta ayuda puede ser de mensajes respecto a su salud, a los problemas familiares que causa a su economía, etc., pero sea lo que sea, debe ser explicado con afecto y con los mejores sentimientos. También a los niños se les puede ayudar  respecto a muchos problemas mientras duermen, sólo es necesario esperar que estén dormidos y hablarles cariñosamente de manera que comprendan cómo pueden afrontar dichos problemas.

Cuando la persona está despierta los pensamientos le llegarán y penetrarán si nada lo impide, pero si así fuera, flotarán alrededor de su cabeza hasta encontrar el momento de afectarle estimulando lo positivo que haya en él y sentando las bases para una nueva forma de afrontar el problema. Si la persona duerme, se sentirá atraída hacia la imagen mental que de él se ha creado y hacia la persona que lo intenta ayudar. Evidentemente, el éxito o fracaso dependerá de la fuerza de voluntad, de la concentración y del poder o desarrollo de la persona auxiliadora. De cualquier forma, puesto que de lo que se trata es de “convencer” a esa mente dominada por el deseo u obsesionada por cualquier otro asunto de que abandone tal actitud y de que manifieste sentimientos y deseos más puros, bastará con que la intención y la voluntad sean firmes con tal de que el receptor capte la idea claramente. Aunque, como he dicho, no se trata de imponer nuestra voluntad ni coaccionar la voluntad de la otra persona porque eso entraría dentro de lo que se considera magia negra, tampoco se debe tener miedo a ejercer esa buena obra por temor a la ley kármica de consecuencia porque, además de que los efectos positivos también repercutirán sobre el emisor del pensamiento, se puede considerar que esté haciendo un papel que le corresponde dentro del karma individual de la otra persona.

Cuando una persona evolucionada es consciente de que un hecho desafortunado ha ocurrido y a afectado a otros, siente la necesidad de ser solidario o de ayudar de alguna manera a los afectados y cuando se entera de otros hechos similares su mente vuelve a recrear la imagen y a crear los mismos pensamientos, lo que le hace ser solidario, fraternal, altruista, etc. Estos pensamientos se mantienen en la atmósfera mental del planeta y cuando unen a otros creados por otras muchas personas, forman una forma de pensamiento de esa misma naturaleza pero con mucho más poder influyente y de atracción. Este hecho forma un carácter solidario y altruista en cada individuo pero, a la vez, crea un pensamiento familiar, local, nacional o mundial. Sobre esta misma base se forma la  opinión pública respecto a cualquier tema actual (como por ejemplo la política) pero también ocurre lo mismo respecto a las religiones mundiales, al patriotismo, a los pensamientos sobre Cristo, Buda o Dios Mismo. Esto significa que, por ejemplo, desde los primeros partidarios de hacer la paz en vez de la guerra hasta nuestros días que se han multiplicado enormemente, no ha ocurrido otra cosa que la unión y fortalecimiento de dichos pensamientos individuales hasta crear un pensamiento-forma que abarca  casi toda la atmósfera mental planetaria.

Como se suele decir, “la unión hace la fuerza” y es esta unión de pensamientos (a su vez expresados en palabras y en hechos) la que hace que la mayor parte de la humanidad busque la paz y la democracia y no la guerra y la dictadura. Gracias a los pensamientos individuales de grandes pensadores y seres evolucionados y a la unión de otros muchos después, se ha llegado a votar por gobernantes democráticos y pacíficos y a crear tantas y tantas ONG, grupos pacifistas, misioneros, etc. Por consiguiente, es nuestro deber como seres humanos y como individuos que conocemos estas enseñanzas colaborar siempre que podamos, y en nuestros momentos de ocio y descanso crear pensamientos solidarios con todos estos grupos, asociaciones y religiones que se dedican a ayudar a los demás.

Hace 40 años en España no se oían palabras como “reencarnación” o “karma”, y quien las decía en conversaciones se arriesgaba a que le tacharan de excéntrico o loco. Pero gracias al desarrollo de unos pocos en su presente vida y gracias a sus pensamientos expresados en palabras y por escrito, hoy son muchos los que han despertado a este conocimiento en su interior y es muy común oír esas palabras en muchos círculos. También aquí, los que creemos en el renacimiento, en las Leyes Divinas, en la Ley de Consecuencia, en los mundos superiores, etc., debemos poner nuestro granito de arena promulgando estos conocimientos que traerán paz, armonía y felicidad frente a los problemas de la vida. Para que se unan y fortalezcan los pensamientos individuales no se necesita que se reúnan las personas, solo es necesario dedicar unos minutos a diario para emitir pensamientos positivos y de esta naturaleza; ellos mismos se unirán y crearán un pensamiento-forma poderoso que alcance a todo aquel que esté en sintonía con sus vibraciones.


                                               Francisco Nieto


martes, 12 de abril de 2016

Las luchas de alma aspirante - Max Heindel


LAS LUCHAS DEL ALMA ASPIRANTE POR MAX HEINDEL
Recogido de Carta a los estudiantes Agosto de 1.916

Llegan algunas veces a este Cuartel General cartas de descorazonamiento procedente de individuos que se ven afligidos por su conciencia, a causa de no sentirse capaces de vivir conforme a sus altos ideales y se figuran que sería más decente abandonar la doctrina  y vivir  como los que no han hecho profesión de fe alguna.  Afirman que mientras leen, estudian o escuchan en el templo pasajes que les exhortan a amar a sus enemigos, y a bendecirles, están de acuerdo, en alma y corazón, con estos sentimientos, pero al hallarse frente a tales condiciones en el mundo no pueden amoldarse al mandamiento bíblico y se consideran, por consiguiente, como hipócritas.
Si el hombre fuera un todo homogéneo, si el espíritu, el alma y el cuerpo fuesen uno e indivisible, cierto que tales individuos serían hipócritas.  Pero el espíritu, el alma y el cuerpo no forman un todo único y esto lo descubrimos en el mismo momento que pretendemos pisar el camino de la vida superior. 
En este hecho radica la solución al problema.
Existen en cada uno de nosotros dos naturalezas distintas.  En los días de nuestra existencia sin aspiraciones, la naturaleza espiritual superior, permanece dormida y el yo personal mundano, es señor indiscutible de nuestras acciones. La paz y la serenidad están entonces con nosotros.  Pero así que despierta la naturaleza espiritual comienza la guerra.  A medida que ganamos en espiritualidad, la batalla se intensifica hasta que con el tiempo la personalidad sucumbe y entonces se obtiene una paz que sobrepasa todo lo imaginable.
Saludos cordiales.  Suyos en el servicio.
Que las Rosas florezcan en su Cruz.
F.R.C. de Barcelona

Agradecemos a Asociación de Estudiantes de Filosofía Rosacruz Max Heindel  - Barcelona España, por este aporte.

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lunes, 11 de abril de 2016

Buscando la vida Interior


BUSCANDO LA VIDA INTERIOR

   Son pocas las personas que, particularmente en occidente, se paran a pensar en quiénes son, qué es la voluntad, qué poder tiene ésta respecto a los deseos y sentimientos, o quién es ese yo que tiene el poder de utilizar la voluntad según su libre albedrío. Podríamos decir que son pocos los que se llegan a analizar y a conocer lo suficiente como para cambiar de actitud pensando más en su desarrollo espiritual que en el material. Otra cosa muy diferente sería si esas personas fueran conscientes de que son un Yo o Alma en evolución que en cada vida utiliza una serie de cuerpos para obtener conocimientos, desarrollar la mente y la voluntad y, en definitiva, para desarrollar los poderes latentes que tiene como Espíritu creado por Dios. El simple hecho de tener presente estos conocimientos en cada momento del día, ya cambiaría mucho su carácter y su personalidad, lo que, por medio de la Ley de Consecuencia, cambiaría su destino.

     Existen dos aspectos importantes en el ser humano de los cuales deberíamos ser conscientes todos, estos son:
 
      1º.- Que desde el punto de vista del Ser o de la Conciencia somos independientes del cuerpo físico como así lo demuestra la filosofía oculta y la física cuántica actual.

      2º.- Que aun siendo un Espíritu creado y diferenciado temporalmente “de” y “por“ Dios, somos uno con la vida universal y por tanto con toda vida manifestada o inmanifestada en la forma.

      Este conocimiento le tiene cualquier persona que esté relacionada con el ocultismo o la filosofía oculta, pero como este artículo lo escribo para mis blog donde puede entrar cualquier persona, explicaré un poco el significado de los dos aspectos mencionados para que lo puedan comprender quienes son noveles en estas enseñanzas.

Primer aspecto: La ciencia, y más concretamente la neurociencia y la física cuántica, afirman y corroboran lo que lleva diciendo desde hace siglos la filosofía oculta de que no somos el cuerpo físico puesto que:

      a) Lo que percibimos a través de los sentidos, llega en forma de impulsos eléctricos al cerebro; siendo éste de la misma materia atómica que el resto del cuerpo.

      b) En el cerebro se forma la imagen de lo percibido pero nosotros no podemos ser el cerebro puesto que si lo fuéramos, al ser el cerebro de igual materia que el resto del cuerpo, percibiríamos con todo el cuerpo.

       c) Es la mente quien refleja la imagen formada en el cerebro, pero, como todos sabemos, la mente no es física como tampoco lo son los deseos, los sentimientos, los pensamientos y la voluntad.

     d) La única manera de definirnos, como Alma enfocada sobre sus cuerpos y sobre el mundo físico, es que, como seres, nos manifestamos como Voluntad, como Conciencia y en forma de intuición y, por tanto, al estar incluso por encima de la mente (prueba de ello es que la dominamos) no somos el cerebro ni el cuerpo físico.

Segundo aspecto: Si todo en el universo es vida, se mueve y evoluciona, nosotros, como Espíritus, no podemos estar fuera de ese Esquema de manifestación, por tanto, aunque ahora estemos manifestados temporal e independientemente en un cuerpo físico, formamos parte de esa Vida Universal (de Dios) con la única diferencia de que la propia evolución de cada Alma hace que pensemos que somos individuos con una conciencia propia separada de la de todo cuando nos rodea.

      Así es que, el ser humano está evolucionando como una vida independiente que ha obtenido la autoconciencia gracias a las miríadas de formas que ha utilizado hasta conseguir autoconocerse como individuo con conciencia propia. Pero lo mismo que nosotros estamos evolucionando con un estado superior de conciencia que los animales y éstos en un grado superior a la vida que anima el reino vegetal; también hay vidas independientes que se manifiestan en formas superiores a nuestros cuerpos físicos y que su conciencia es, evolutivamente hablando, muy superior a la nuestra. Sin embargo, hay que dejar claro que es la evolución de la vida a través de la forma, la que desarrolla la conciencia. Por eso, el hombre siempre ha tenido la necesidad de saber quién es y porqué está en este mundo, pero son pocos los que saben que para conocer el universo externo deben primero conocer el interno. El mundo externo nos ayudó a obtener la autoconciencia como están a punto de alcanzarla muchos animales domésticos actuales, pero una vez obtenida, el hombre debe conocerse a sí mismo para encontrar las respuestas que tanto busca. Por tal motivo, uno de los objetivos a alcanzar cuando antes es reconocer al Yo y actuar conscientemente como tal.

      Para saber quiénes somos debemos analizar nuestra propia naturaleza y así darnos cuenta de que hemos pasado por diferentes etapas que nos relacionan con los reinos que nos siguen. Tenemos un cuerpo físico, (compuesto de materia como el mineral) el cual estamos perfeccionando desde hace millones de años a través del renacimiento; de hecho, hubo un tiempo en que tuvimos una conciencia interna como ellos (inconsciencia) similar a un sueño muy profundo. También tenemos una vida individual (como el vegetal) que mantiene vivo el cuerpo físico durante cierta cantidad de años para que obtengamos conocimiento de este mundo por medio de las experiencias y para que desarrollemos los poderes latentes del Espíritu; también tuvimos una conciencia similar en un pasado remoto. Por encima de dichos cuerpos y compenetrándolos por ser de materia más sutil aún que la vida (cuerpo vital o etérico) está el cuerpo de deseos o emocional, que es el aliciente para actuar y experimentar por medio de los deseos, sentimientos y emociones; este cuerpo le tienen los animales, como todos podemos comprobar, y en él pueden estar desde los deseos y sentimientos más bajos hasta los más elevados y espirituales. Por último y como cuerpo que nos diferencia de los reinos mencionados, tenemos la mente que se desarrolló a partir de la adquisición de la autoconciencia y que nos debe servir para discernir, razonar y meditar nuestros actos con tal de que no seamos dominados por los deseos y sentimientos inferiores. Esta mente es la última adquisición como vehículo de expresión y por eso es la menos desarrollada, pero gracias a ella y a la voluntad llegaremos a unirnos con nuestro propio Espíritu y con Dios como creador del universo y como único Ser que compenetra toda la creación con Su vida.

       Como hemos podido comprender, el ser humano, aun con todas sus cualidades física y mentales, no es el verdadero Yo puesto que éste está por encima de la mente y la utiliza en cada renacimiento para avanzar (como conciencia) un poco más en ese Plan evolutivo creado por Dios y en el cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Como Espíritus somos inmortales y eternos como lo es nuestro creador, de hecho, tenemos todos sus poderes de forma latente, los cuales debemos desarrollar progresivamente y hasta que nos unamos de forma autoconscientes a Él Pero lo mismo que un niño no está preparado para comprender lo que le pueda enseñar un profesor universitario o no está preparado para utilizar máquinas y herramientas de adultos, tampoco nosotros hemos alcanzado la preparación necesaria (el grado de conciencia) para asimilar y expresar los poderes internos y el conocimiento divino que nos aguarda. Lo mismo que los animales no pueden comprender lo que somos y porqué actuamos como lo hacemos, tampoco nosotros hemos llegado a identificarnos y a comprender a ese Yo o Alma, pero según vamos haciéndolo vamos abandonando la forma de expresarnos como personalidad egoísta y materialista. Según asumimos la conciencia del Yo, vamos comprendiendo que estamos en este mundo pero que no somos de él y nos vamos liberando de la esclavitud de nuestros cuerpos que hacen que tengamos todavía mucho de animales por los malos deseos, sentimientos y pensamientos que expresamos.

      La chispa divina, la vida de Dios, está oculta en toda forma evolucionante por muchas capas de diferentes clases de materia que tengan. La vida que contiene el reino mineral llegará a estar en el vegetal y después en el animal, y cuando éste llegue a tal grado de desarrollo que necesite la ayuda de una mente, pasará a utilizar el cuerpo de un salvaje o ser poco evolucionado. Y cuando éste, aun haciendo lo que nosotros conceptuamos como verdaderas monstruosidades, llegue a un nivel como el nuestro, ya habrá desechado de sí mismo todos su peores deseos y sentimientos y comenzará a buscar algo más elevado que todo lo material de lo que hasta ahora se ha servido, porque comenzará a escuchar la voz de su conciencia de su verdadero Yo que está en los mundos espirituales. Los animales tienen deseos y sentimientos como nosotros pero no tienen mente, por eso se guían por instinto, pero nosotros, desde que obtuvimos el germen de lo que llamamos mente, hemos estado evolucionando bajo el dominio de los más bajos deseos y pasiones, y por eso no solo nos comportamos peor que los animales sino que, además, utilizamos la mente para hacer el mal. Y es ese mal el que, a través de la Ley de Consecuencia y el karma, debe quitarnos esos bajos deseos, pasiones y sentimientos gracias al correcto uso de la mente; entonces despertamos de ese sueño para comenzar a ver la luz del Yo superior. Según evoluciona el hombre se va identificado con su Yo superior o Alma, se sitúa en el mundo de la mente y desde allí intenta gobernar sus cuerpos actuando conscientemente con ellos gracias a la atenta observación de todo lo que dice, hace, siente, desea y piensa. A partir de ahí y poco a poco, se da perfecta cuenta de que él no es el cuerpo físico, ni los deseos, ni los sentimientos y ni siquiera la mente porque él es mucho más real que todo eso.

      Quedando claro ya que el Yo no es el cuerpo físico puesto que éste es gobernado por el Yo a través de la mente que es inmaterial, pasaremos a situar de manera un poco más clara la posición de este Yo superior o Ego. El yo personal, es decir, nosotros cuando comúnmente decimos “yo soy”, de manera consciente estamos situados en el mismo nivel de la mente concreta y razonadora, por eso la mayoría de las personas se identifican con la mente. El verdadero Yo superior está situado también en el Mundo de la Mente o del Pensamiento pero lo está en las regiones más elevadas relacionadas con el pensamiento abstracto y con las ideas originales que, a veces, se envían a la personalidad a modo de intuición e imaginación. Al igual que decimos que el mundo físico está compuesto de materia sólida, líquida y gaseosa compenetrándose mutuamente por ser cada una más sutil que la otra y todas a su vez por los átomos, también dice la filosofía oculta que esos átomos están compenetrados por unos éteres y éstos por otra materia más sutil, (sentimientos y deseos) y ésta otra por otra materia aún más sutil llamada mental. Estas materias corresponden a los mundos físico, de deseos y mental, y en cada uno de ellos hay siete divisiones o planos de diferente grado de vibración (en su materia) y de conciencia. Así es que nuestro cuerpo físico pertenece a las regiones inferiores (sólido, líquido y gaseoso) del mundo físico; nuestro cuerpo vital o etérico pertenece a las regiones etéricas de dicho mundo; nuestro cuerpo de deseos pertenece (está compuesto) al Mundo de Deseos y contiene materia de diferentes regiones según sean nuestros deseos, sentimientos, emociones…; nuestra mente está compuesta de materia de las regiones inferiores del Mundo del Pensamiento, y es el foco a través del cual el Ego o Yo superior pone su atención en sus cuerpos y en el mundo físico. Por tanto, el Yo está en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento y desde allí intenta gobernar y dirigir sus cuerpos pero, como nosotros, como consciencias, aún no hemos evolucionado lo suficiente como para identificarnos con él (no hemos alcanzado el nivel de esas regiones donde se encuentra él) no puede expresarse directamente sobre nosotros como personalidad hasta que no dirijamos todos nuestros esfuerzos y nuestra atención hacia el Espíritu y nos expresemos a través de nuestros cuerpos con amor, compasión, fraternidad y servicio desinteresado al prójimo.

      Queda claro, pues, que si queremos vivir la vida interna como si fuéramos ese Yo superior, deberíamos tener nuestra consciencia enfocada en todo lo que hacemos, hablamos, sentimos, deseamos y pensamos. Pero vivir la vida interna también es observar a todo lo que nos rodea como una manifestación de Dios de la cual nosotros somos parte, valorarlo con amor, admirar su belleza y su verdad, y sentirla como parte nuestra. Cuando nosotros nos dejamos llevar por los deseos y sentimientos y actuamos sin razonar, instintivamente o dominados por nuestros hábitos y costumbres adquiridas desde que nacemos, estamos manifestando la personalidad o yo inferior. Pero cuando no permitimos todo eso y actuamos consciente y voluntariamente manifestando nuestros más elevados ideales a la vez que evitamos las interferencias de la mente, entonces, vivimos la vida interna. Vivir la vida interna es mirar a una flor, a un animal, a cualquier persona o a cualquier otra cosa con amor y con admiración, como si estuviéramos contemplando la obra de Dios en la cual estamos evolucionando e involucrados, a la vez que no permitimos que el cuerpo de deseos y la mente expresen lo que es personal. Entonces y envueltos en los más elevados sentimientos, es como damos paso a que el Yo superior pueda manifestarse en nosotros.

    Para acercarnos al Yo superior y para alcanzar estos objetivos debemos ser dueños primeramente de la mente en sus diferentes aspectos. El primer aspecto que debe ser dominado es la mente instintiva. La mente instintiva es la que aún nos queda de nuestros primeros pasos como humanos, cuando éramos más animales que personas y no percibíamos lo que hoy llamamos conciencia, sobre todo porque aún no la habíamos creado. La mente instintiva se relaciona más con el mantenimiento de las funciones del cuerpo físico pero en ella también se refleja algo de lo que fuimos en el pasado y por tanto tiene relación con los hábitos; así es que, si imponemos nuestra razón y nuestra voluntad iremos cambiándola poco a poco para que sea una fiel aliada en nuestro progreso espiritual.

     Otro aspecto de la mente es el intelecto o razón, el aspecto con el que nos identificamos más creyendo que es el Yo pero, como podemos comprobar cuando la utilizamos para analizar, discernir y pensar voluntaria y conscientemente, el verdadero Yo (representado también como voluntad) está por encima y la utiliza para obtener conocimiento a través de la experiencia en este mundo.

    El tercer y superior aspecto de la mente es el aspecto espiritual o abstracto del cuerpo mental. El ser humano no tiene apenas consciencia de este aspecto puesto que, actualmente, manifiesta más el aspecto instintivo y el razonador combinados. La mente abstracta es el origen del genio, de la intuición, de la inspiración, profecía y espiritualidad; de este aspecto mental proceden todas las ideas que han servido para que el hombre cree el mundo físico tal como lo vemos. Pero también de este aspecto superior relacionado con el Yo superior es de donde tiene su origen todo lo que llamamos moral, intelectualidad, espiritualidad, religión, justicia, amor, compasión, fraternidad, etc., por consiguiente, quien desee acelerar su progreso espiritual debería centrar su consciencia y su voluntad en lo que representan estas regiones superiores del Mundo del Pensamiento donde se encuentra el Yo superior.

      Como Almas evolucionantes hemos obtenido hasta ahora cuatro cuerpos (el físico, el vital, el de deseos y el mental) pero nuestra consciencia la tenemos en el mundo físico gracias a los sentidos del cuerpo físico que son los que nos informan de lo que ocurre en el exterior. Ha sido gracias a la mente concreta y también a la instintiva como hemos conseguido ser conscientes en este mundo, por tanto, no hay que caer en el error de pensar que por el hecho de que el Yo esté en un nivel superior a la mente, haya que dejar de utilizarla. Lo mismo que de la inconsciencia pasamos a la consciencia gracias a la mente instintiva, ahora debemos utilizar la mente concreta para llegar a su aspecto superior o abstracto. Es más, nuestro futuro desarrollo depende completamente del uso que hagamos de la mente respecto a los otros vehículos; recordemos que estamos comenzando a utilizar el enorme potencial de ese cuerpo.

    Si queremos dominar a la razón para que el Yo superior pueda manifestarse en la personalidad y así ésta vivir más en lo interno, debemos trabajar sobre los diferentes vehículos o cuerpos. Cuando una persona con conocimientos como éstos desea “conocerse a sí mismo” y medita sobre su propio ser, puede darse cuenta rápidamente de que si intenta silenciar la mente no lo consigue fácilmente porque acuden a ella toda una serie de sensaciones del cuerpo físico, sentimientos o deseos del cuerpo de deseos, e impresiones mentales que distraen a dicha persona; es más, tendrá que hacer un gran esfuerzo de voluntad para sujetar y concentrar la mente si es que quiere utilizarla para algo concreto. Esto, queramos o no, demuestra que el Yo que se muestra como “fuerza de voluntad” no es el cuerpo físico ni ninguno de los otros cuerpos. Así, si el cuerpo tiene hambre, el Yo puede retrasar la hora de alimentarle; si tiene deseos de satisfacer algún hábito también puede hacer que el cuerpo de deseos espere; si le invaden pensamientos de cosas que tiene pendientes de hacer o de cualquier otro hecho, también puede echarlos para centrarse voluntariamente en lo que desee. Pero como no todos estamos en el mismo grado evolutivo, está claro que los menos evolucionados así como los que se vean dominados por un vicio o mal hábito del cuerpo de deseos, no podrán vencer la tentación hasta que no tengan más control y fortaleza mental. Y para obtener esta fortaleza mental hay diferentes métodos pero el principal es la concentración constante junto a la observación atenta aquí y ahora. No es necesario decir que toda esta práctica debe ir acompañada del conocimiento de que quien tiene hambre, deseos y piensa es el cuerpo físico, el de deseos y la mente concreta que está descontrolada, pero nunca es el Yo.

      Para conocernos a nosotros mismos como personas con determinados caracteres es muy útil la meditación porque, además, nos hace ver que tenemos control sobre nuestros cuerpos y que no somos ellos. Esto es tan simple como hacer una retrospección de lo que hemos hecho o dicho durante el día, y si resulta que hemos perdido el control o hemos caído en una tentación que normalmente rechazamos, lo que debemos hacer es aislarla y meditar sobre ella como un incidente externo. Entonces llegaremos a la conclusión de que hemos sido débiles de voluntad y nos hemos dejado llevar por la reacción (enfado, deseo o cualquier otro hecho) del cuerpo de deseos en vez de razonarlo y evitarlo; dándonos cuenta así de que nosotros no somos el enfado, el deseo, ni cualquier otro hecho similar. 

       Desde el mismo momento en que analizamos una situación donde ciertas sensaciones o impresiones mentales nos dominan y somos conscientes de que si hubiéramos actuado de otra forma hubiera sido diferente, estamos demostrando que nosotros no somos esas sensaciones e impresiones y que tenemos poder sobre ellas. Así es que, para acercarnos al Yo superior y vivir en lo interno, debemos estar atentos y observarnos consciente y constantemente para dejar pasar en nuestras vidas solo lo positivo e imponer nuestra voluntad para desear, sentir y pensar sólo lo que se relacione con el Espíritu. Para ello solo es necesario hacer una lista de los sentimientos y deseos más comunes en nosotros y luego ver cuáles nos interesa desarrollar (darles paso) y cuáles hay que aborrecer (cerrarles la puerta) A partir de ahí se emitirán sentimientos y pensamientos sobre lo positivo que nos pueda beneficiar y se evitarán los sentimientos, deseos y pensamientos sobre lo que deseamos aborrecer.

      Como podemos ver, el hecho de analizar o meditar sobre algo nos demuestra que ese algo es ajeno a nosotros y que no somos nosotros pero si, por el contrario, quisiéramos analizar y meditar sobre el Yo separándolo de nosotros, no podríamos porque el Yo es la consciencia de “Yo soy” que analiza, medita y extrae el conocimiento de las experiencias. Y este yo que analiza y estudia las cosas pero que no es dichas cosas, es el aspecto inferior del Yo superior que nos hace conscientes de que ese “Yo soy” es parte de la chispa divina diferenciada por Dios para, después de extraer el mayor beneficio de todos sus cuerpos y una vez desechados los mismos, vuelva al Padre con toda su gloria y sus poderes latentes desarrollados. Por consiguiente, es conveniente dejar claro que somos un Yo individual que está utilizando una serie de cuerpos para evolucionar a través de diferentes mundos, pero que no somos esos cuerpos. Aunque fuéramos capaces de poner al yo en un sitio aparte para analizarlo como cualquier otra cosa o para demostrar que no es el Yo ¿Quién lo analizaría y demostraría que no es el Yo? La personalidad terrestre es una especie de no-yo en comparación con el verdadero “Yo soy” porque nosotros, como Almas, somos dioses en formación que algún día desarrollarán sus poderes latentes; somos una chispa de la Gran Llama, una vida en la Vida Universal.

        Nosotros somos dueños y no esclavos de nuestros cuerpos, nuestra voluntad tiene poder sobre ellos y los debe dirigir y controlar para beneficio del Espíritu, porque cuando dominamos la mente y nos liberamos de sus impresiones dejándola limpia, es cuando estamos mejor preparados para trabajar sobre los sentimientos y deseos que entorpecen nuestro desarrollo. Si el cuerpo de deseos emite un deseo que nos perjudica y la mente incontrolada accede a él, significa que ese no-yo está desarrollando algo negativo y perjudicial. Pero si evitamos que eso ocurra y tenemos la consciencia en el aquí y en el ahora con la voluntad fuerte y preparada para utilizar el discernimiento según lo que mejor nos convenga, entonces estaremos acercándonos al Yo superior y eliminando ese no-yo. Esto también es intentar vivir en lo interno, siendo conscientes de lo que percibimos y no dejando que las sensaciones del cuerpo y las impresiones que llegan la mente nos distraigan. Es triste ver a personas que no pueden dormir ni descansar porque las preocupaciones y los problemas se lo impiden, pero cuando uno vive en lo interno eso no puede pasar porque sabemos que esas preocupaciones y problemas no somos nosotros y las expulsamos de la mente. Controlar la mente y echar o eliminar los pensamientos indeseables es la meta más importante que debemos alcanzar en la etapa actual de desarrollo; esto no sólo evitará torturas mentales ajenas a nuestra voluntad, sino que además obtendremos una gran poder para formar un nuevo carácter gracias al poder sobre el pensamiento.

        El ser humano debe, primero, conocerse a sí mismo y, segundo, autogobernarse desde la posición del Yo superior si verdaderamente quiere vivir en la paz interior y no influir negativamente como personalidad en los demás. Una vez que nos conocemos (sobre todo meditando sobre nuestros deseos, sentimientos y pensamientos) podremos imponer consciente y voluntariamente el discernimiento y la conciencia sobre todos nuestros actos. Una vez que nos reconozcamos como un Yo aparte y por encima de las sensaciones e impresiones tanto internas como externas, estaremos listos para interceptar todo pensamiento, deseo y sentimiento que se interponga y nos distraiga en nuestro deseo de vivir la vida interna. Como verdadera entidad espiritual, somos un centro sobre el que giran todas las influencias y circunstancias ajenas al Espíritu; somos una conciencia que es parte de la Conciencia de Dios, y es en esa conciencia donde debemos centrar nuestra existencia y la de nuestros cuerpos. Es imprescindible que en todo momento actuemos como un Yo superior cuyo poder mental es superior a toda expresión de la personalidad y a toda influencia ajena a nosotros. Es necesario actuar siempre de una manera consciente y voluntaria como algo ajeno al cuerpo físico, a los deseos, sentimientos y pensamientos para observar y corregir los aspectos inferiores de la personalidad.

        Observar el cuerpo físico como herramienta, los sentimientos y deseos negativos como algo ajeno a nosotros, y a los pensamientos ajenos a nuestra voluntad como algo que entorpece el control mental, es la tarea que nos debe ocupar desde la mañana a la noche. Actuando así sentiremos cómo el Yo superior acrecienta su poder sobre la personalidad y cómo nuestra vida es más interna y armónica. Cuando se ha trabajado durante un tiempo en este sentido, notaremos que somos más felices, que superamos los problemas fácilmente, que expresamos esa felicidad interna hacia quienes nos rodean, que miramos el mundo y el prójimo como algo a lo que estamos unidos y debemos amar y respetar, que ya nada nos atemoriza porque sabemos encontrar la salida más positiva, y que, viviendo en lo interno, (amor, fraternidad, servicio desinteresado, compasión…) estaremos haciendo el bien en nombre de Dios.

Francisco Nieto

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sábado, 9 de abril de 2016

Buscando la elevación Espiritual


BUSCANDO LA ELEVACIÓN ESPIRITUAL

Cualquier persona que medite seria y profundamente sobre el desarrollo obtenido por la humanidad desde sus primeros tiempos como tal hasta el presente, puede llegar fácilmente a la conclusión de que la evolución sigue unas líneas de desarrollo de menor a mayor, es decir, de tener un instinto similar al animal a ser una entidad inteligente cuyo discernimiento le hace diferenciar entre el bien y el mal, por consiguiente, es lógico pensar que haya un plan o meta que nos lleve a vencer al mal para así obtener la perfección como entidades espirituales.

La falta de ciertos conocimientos (la ignorancia) y de desarrollo espiritual interno, hizo que desarrolláramos la fe en algo superior aunque invisible a nuestros ojos, y hoy, aunque gran parte de la humanidad tiene su conciencia situada más en el bien que en el mal, todavía necesitamos la fe que nos haga pensar que por encima de tantas catástrofes y maldades del hombre haya una meta de perfección para todos. Y es que de la confusión, de la destrucción y del mal debe nacer el convencimiento interno de que todos procedemos de un Ser superior y de que entre todos alcanzaremos la paz y el amor.

Lo mismo que ese gran ser que llamamos Dios nos ha facilitado todo para que desarrollemos la razón para que diferenciemos el bien del mal y para que luchemos contra la ignorancia y el egoísmo que nos lleva a esa confusión y destrucción, así mismo pone a nuestra disposición los más elevados sentimientos y todo lo que necesitamos para que no volvamos a caer en los mismos errores del pasado y para que escuchemos su voz que, por lo general, no queremos oír. No hay nada fuera de Dios, ni siquiera nosotros, aparentemente independientes y alejados de Él, nos podemos separar de Él. Dios siempre ha tenido un sendero de fe, de confianza y de Verdad a nuestra disposición para que venzamos el mal y para que desarrollemos el bien, por tanto, no es que Dios deba cambiar o manifestarse de otro modo, sino que nosotros debemos buscar  la Verdad y discernir para que, a través de la intuición y del corazón, podamos descubrirle en nosotros mismos.

Nos solemos quejar de que los problemas que nos afectan tanto a nivel personal como de humanidad impiden que alcancemos nuestros propósitos y aspiraciones, pero no nos paramos a pensar que somos nosotros mismos los que en un anterior renacimiento hicimos las causas que ahora tienen esos efectos sobre nosotros mismos. Si bien es cierto que hay unas leyes inmutables o divinas que administran nuestras causas de pensamientos, palabras y obras, también lo es que esas Leyes tienen como fin llevarnos a una meta llamada perfección. Así es que, somos nosotros quienes de forma individual debemos comenzar a crear causas nuevas cada día y en cada momento para que la meta de Dios, la perfección del Espíritu, vaya desarrollándose como divinos e hijos de Él que somos. Por muy lejos que nos podamos sentir de Dios, no debemos olvidar que trabajando y esforzándonos por hacer el bien, nos estamos acercando a Él. Cada tentación o prueba vencida, cada virtud nueva desarrollada y cada experiencia vivida con buena voluntad, nos acerca un poco más a Él. Es necesario que comprendamos que somos nosotros quienes creamos los problemas físicos, mentales y emocionales, y que si dedicáramos cada momento de nuestra vida a observar y meditar lo que hacemos desde el punto de vista del Espíritu, expresaríamos mejor lo que somos y crearíamos un mejor destino para la humanidad.

Dios es Espíritu y nosotros, como hijos separados temporalmente de Él, también lo somos y tenemos Sus poderes en estado embrionario. Actualmente, esa parte de la humanidad que va en cabeza de la evolución y que ha desarrollado en gran medida el discernimiento y el corazón, demandan un nuevo conocimiento, una nueva enseñanza que les lleve a descubrir los misterios del “corazón” y de la “mente”. El corazón se desarrolla cuando aplicamos consciente y voluntariamente a la vida las enseñanzas de Cristo, es decir, cuando estamos pendiente de lo que pensamos, de lo que hacemos y de los sentimientos que manifestamos para así poder expresarnos como lo haría Cristo en nosotros. La mente se desarrolla de forma más rápida cuando se medita y se razona profundamente las enseñanzas dadas por las Escuelas de Misterios. El discernimiento aplicado a estas verdades y a la vida cotidiana nos llevará a la conclusión de que todos somos hermanos y que todos debemos llegar a alcanzar esa perfección espiritual.

Cuando alguien ha alcanzado el nivel necesario como para necesitar estas nuevas enseñanzas y dado que su corazón también muestra la necesidad de encontrar a Dios, se encuentra con el primer impedimento: la personalidad. La personalidad está compuesta por un cuerpo físico, un cuerpo de deseos (deseos, sentimientos, emociones, pasiones…) y una mente, de los cuales el cuerpo físico fue el primero que obtuvimos y la mente la última. Así es que el cuerpo físico se ha dejado llevar por los deseos materiales y egoístas durante millones de años y por eso nos cuesta tanto transformar la personalidad por medio de la razón o el discernimiento. Pero aunque lo primero que desarrolló el cuerpo de deseos fue el mal, está claro que desde entonces y hasta ahora hemos desarrollado también buenos sentimientos y deseos, por eso, en la etapa actual, debemos utilizar la razón para descubrir cuáles son nuestras virtudes y cuáles nos faltan por desarrollar para así dejar morir los defectos de la personalidad por inanición o falta de práctica. Y es así como estamos abriendo el corazón para recibir las influencias espirituales a la vez que controlamos la mente para que observe a los cuerpos inferiores y escuche la voz del propio espíritu reencarnante.

Es cierto que el cuerpo físico es materia y, por tanto, es lo opuesto al espíritu, y que ha estado dominado por los deseos más bajos que le han impulsado a hacer mucho mal, sin embargo, si no fuera por el cuerpo físico nada de lo conseguido y gran parte de lo que nos queda por conseguir se alcanzaría. El desarrollo y evolución de la humanidad se alcanza por medio del renacimiento y de las experiencias en cada vida física y en nosotros está utilizar la voluntad y la razón para doblegar los malos deseos y sentimientos y manifestar en cada momento lo mejor de de cada uno. Al igual que una madre forma en su interior el cuerpo de un futuro ser, así nosotros podemos hacer lo mismo respecto al Cuerpo-Alma gracias al cual venceremos la muerte y nos liberaremos del renacimiento; y lo mismo que esa madre sufre para que nazca pero lo hace con amor y con cierto gozo interno, también nosotros debemos formar y dar a luz ese Cristo niño por muy duras pruebas y tentaciones que se nos presenten. Somos libres y tenemos la voluntad y el discernimiento a nuestro favor, por tanto, si de verdad queremos encontrar la Verdad para elevarnos en espíritu, es decir, a Dios, debemos tener la fortaleza suficiente como para elegir en cada momento entre el sí o el no, entre la verdad o la mentira, entre el bien  o el mal.

Cuando a una persona le llega el momento, en determinada vida, de conocer las nuevas enseñanzas que le llevarán a hollar el sendero de aceleración o perfección, conectará con alguna Escuela de Misterios donde sus guías o Hermanos Mayores le observarán y pondrán a prueba. Pero por muchas y muy duras pruebas que pase estos Hermanos Mayores nunca le abandonarán ni tampoco le podrán pruebas que no pueda superar. Al contrario, el aspirante comprobará que con cada prueba superada, con cada experiencia asimilada y con cada virtud desarrollada, su espíritu crece y muestra su poder naciendo así como un Cristo en la personalidad. Sin embargo, si esa persona preparada ya para dar ese nuevo paso, no desea hacerlo porque se siente a gusto (dominado) entre los placeres y el materialismo, estará atrasando en gran medida su evolución ignorando que tarde o temprano (como los niños en los colegios) tendrá que dar ese paso que le hará avanzar hacia la meta prevista o perfección.

Aún así, estas personas deben saber que por muy pocos esfuerzos que hagan y por poco que consigan en esta vida no lo perderán, lo que la personalidad desarrolla según los planes de Dios ya no se pierde y lo tendrán a su disposición para la siguiente vida. Por otro lado y aunque normalmente nunca se abandona definitivamente el sendero, es muy triste para los Hermanos Mayores y un gran sufrimiento para el Espíritu el que la personalidad salga vencedora de esta lucha entre el hombre y el Alma. De aquí la necesidad de observarnos como personalidad, de conocernos y analizarnos para después poner manos a la obra y levantarnos después de cada caída porque, lo cierto es que, “se deja vencer quien deja de intentarlo una y otra vez”

De alguna manera, las religiones coinciden en que Dios es Amor, de hecho, pienso que nadie ha definido la grandeza y el verdadero significado del verdadero Amor. Dice la Biblia que “quien vive en amor vive en Dios y Dios en él”, así es que si somos hijos de Dios debemos desarrollar ese amor que de forma latente todos tenemos  en el corazón, ese es el camino más corto y más seguro para alcanzar la elevación y la perfección. Las esperanzas y los ideales son medios para elevarnos en busca de la Verdad que nos llevará a Dios, y para realizar las esperanzas y los ideales elevados, tenemos que valernos de nuestras virtudes, ya que éstas son parte del verdadero amor. El desarrollo de virtudes espirituales, la superación de nuestros defectos, la oración y la adoración a Dios son aspectos del amor que están a nuestro alcance en la vida diaria y que pueden transformar nuestras vidas. Consagrar nuestra vida a hablar, pensar y actuar con amor es consagrarnos a Dios y es acelerar nuestro crecimiento anímico a pasos agigantados.


                                               Francisco Nieto

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jueves, 7 de abril de 2016

Buscando el verdadero sendero


BUSCANDO EL VERDADERO SENDERO

La vida del común de la humanidad está compuesta de pequeños hechos o incidentes que forman la base de su existencia, son pocos y raros los hechos o circunstancias especiales y, sin embargo, nos cuesta mucho mantener el interés y el entusiasmo y estar atentos a los hechos y a las circunstancias para poder extraer el mayor provecho de todo ello. La rutina y la monotonía hacen que desperdiciemos la mayor parte de nuestras vidas al no prestar la suficiente atención y meditar cada momento u oportunidad de progreso. Así es que, podríamos decir que el mayor mérito del hombre consiste en mantener el interés, el entusiasmo y una integridad espiritual en medio de la rutina y en mantener la armonía y un perfecto equilibrio respecto a los pensamientos y las emociones que tanto nos afectan derivadas de las circunstancias y de los problemas que surgen en nuestro destino. Por tanto, sabiendo que las pruebas para el desarrollo espiritual proceden de las actividades diarias y no de determinados hechos extraordinarios, no nos queda más remedio que admitir que sólo la fortaleza interna del verdadero Yo nos puede ayudar a encontrar dicha armonía y dicho equilibrio. Son muchos los aspirantes espirituales que han fracasado en su búsqueda de la Verdad por falta de interés y de entusiasmo, de hecho, nada extraordinario se consigue sin entusiasmo.

El éxito en cualquier materia se puede deber a la persistencia, a determinados hábitos y a la voluntad, y de todo ello surge la eficacia y el cumplimiento de los deberes, pero esto, al fin y al cabo, es casi automático. Son necesarios el interés y el entusiasmo si se quiere tener una vida creativa desde el punto de vista de la individualidad (Yo superior) y no de la personalidad, porque una mente llena de entusiasmo y de profundo interés no tiene miedo ni duda ante los obstáculos ni ante las pruebas del destino. El error de vivir la vida superficialmente, con prisas y anteponiendo el egoísmo por encima del discernimiento y de la meditación de los hechos hace que vivamos en la excitación, en las sensaciones y en las distracciones físicas y mentales concluyendo, por tanto, con que una mente que sólo actúa superficialmente nunca podrá experimentar en lo profundo. La mente que piensa en las formas físicas y desde un punto de vista personal no podrá alcanzar a comprender la vida interna porque un campo de actividad externo no trae los resultados y las experiencias de un trabajo interno que es la base del desarrollo espiritual.

La gran mayoría de las personas creen o piensan que las leyes divinas son injustas por adjudicarles un destino poco cómodo o benefactor, se sienten frustradas y luchan contra viento y marea con tal de obtener seguridad y toda una serie de objetivos fáciles, pero sólo las mentes superficiales actúan así y sólo para esas mentes cualquier problema se hace mucho más grande. Cuando no hay actividad interna cualquier dificultad parece imposible de superar y eso es por falta de interés profundo que es el que trae el entusiasmo necesario para la actividad interna. Lo cierto es que el verdadero aspirante espiritual no lucha por forzar su destino y menos por alterar las circunstancias objetivas porque sabe que son el campo experimental y de expresión de cada uno de nosotros. Cuando hay entusiasmo y profundo interés, los cambios objetivos (si los hubiere) se producirían o advertirían de una forma lenta y armónica, lo que facilita el trabajo al aspirante espiritual, el cual, se adaptará a cualquier circunstancia puesto que en su interior hay paz y armonía. Pero, cuidado, no estamos hablando de interés sobre algo personal en particular puesto que eso es superficial y crea apego emocional y mental, es el estado de puro y profundo interés al que nos estamos refiriendo puesto que éste es la base del entusiasmo.

Evidentemente, el aspirante que desarrolla el interés profundo que da pie al entusiasmo, está desarrollando a su vez un espacio o profundidad mental que le servirá para adentrarse en la realidad de la vida y para experimentar profunda y conscientemente , aun en la rutina. Es necesaria una transformación para que no haya ningún grado de resistencia en la mente (consciente o inconscientemente) Si hay resistencia (actividad mental sin control) falta flexibilidad y sensibilidad y, por tanto, en la mente solo hay ruido, bullicio y desgobierno, sin embargo, de lo que se trata es de encontrar la calma y ese silencio profundo mental. Tampoco estamos hablando de una mente plácida, indiferente, abandonada, distraída, etc., porque ese tipo de mente nunca experimentará en la realidad ni en lo profundo de la vida. Sí, hay que flexibilizar y sensibilizar la mente y hay que renovarla para que esté en el presente y elimine todo el pasado, pero también es necesario que haya perturbación o tormentas para que surja el interés y el entusiasmo. Ante las perturbaciones o inquietudes uno debe quedarse quieto porque si nos dejamos llevar por la actividad mental y por la confusión nos perderemos entre ellas mismas pues, después de todo, tras la tormenta viene la calma. 

No queremos admitir que el destino nos trae muchas y nuevas oportunidades de desarrollo interno así como desafíos que ni siquiera advertimos porque la mente busca ser la protagonista e intermediaria para así mantener su poder. La mente crea algo así como un velo que nos impide ver la realidad de todo cuanto nos rodea, evita que tengamos un contacto directo con la vida y, por consiguiente, que tengamos ese interés profundo y ese entusiasmo. Si no fuera por las distracciones y el entusiasmo de la mente que desde la memoria realiza tendríamos una mente fresca y viva que nos permitiría observa r y afrontar los desafíos y las oportunidades del destino. Las tormentas son creadas por la personalidad, las que pueden complicar más aún los desafíos y pruebas del destino, pero cuando en medio de la agitación hay control y mantenemos quieta la mente (no reaccionar ni enjuiciar) entonces permanecemos tranquilos y pasará todo sin afectarnos consiguiendo así una limpieza mental. Una tormenta o desafío sin respuesta es permanecer en el silencio y en la soledad que nos fortalecerá internamente ante las siguientes. Es en este silencio donde se encuentran las mayores oportunidades espirituales de desarrollo porque entre otras cosas, traen una renovación subjetiva que hace que lo objetivo desaparezca.

Está claro que el aspirante espiritual debe hollar el sendero de santidad en la rutina diaria, en sus problemas y en cualquier circunstancia, pero para encontrar este sendero debe identificarse y escuchar a su Alma por encima de todo el bullicio que le rodea. El sendero se hace y se desarrolla a cada momento y nadie puede hacerlo por nosotros, solo es necesario escuchar al corazón y a la voz que se hace sonora cuando controlamos el cuerpo de deseos y la mente. El aspirante se debe hacer un luchador incansable y un buen capitán de su barco para vigilar constantemente que el rumbo que lleva sea el correcto, si no se auto-observa para ver que va por el camino correcto es fácil que se pierda entre tanto egoísmo, placer y materialismo. Es muy posible que alguien se pregunte que “qué” es y “cómo” se anda el sendero, y la verdad es que no es fácil de responder porque el “cómo” se anda es algo que cada individuo irá descubriendo paso a paso pero el “qué” es un despertar o toma de conciencia de que tenemos la posibilidad de acelerar nuestra evolución y nuestro desarrollo espiritual. El sendero no es físico ni objetivo, ni tampoco está fuera de nosotros, es más, no hay normas ni planos para recorrerle, aunque está claro que todo lo que nos ayude a ser mejores y todo el bien que podamos hacer es de gran ayuda para hollarle.

Naturalmente que, si queremos avanzar por el sendero de espiritualidad, debemos comenzar por poner nuestros sentidos y nuestra mente en lo subjetivo y espiritual y no en lo objetivo y material pero, además, debemos procurar ser auto-conscientes constantemente para no permitir que la mente, los deseos y las emociones participen en los asuntos terrenales por su propia cuenta y en más de lo que sean sus deberes y responsabilidades. Esto se consigue observando nuestras reacciones ante los impactos externos e internos que modifican y distraen a la mente, una vez observadas no es necesario crear una guerra para cambiar dichas reacciones porque esa guerra solo las alteraría. Solo es necesario observarlas sin enjuiciarlas y sin intervenir de ninguna forma, entonces ellas se marcharán y nosotros conseguiremos la paz y el silencio de la mente que nos irá acercando progresivamente al Ego o Yo superior.

De lo que se trata, pues, es de eliminar el centro u origen de las reacciones para que así no pueda haber respuestas automáticas, instintivas ni de ninguna clase sin que haya voluntad y conciencia por parte nuestra. De ahí la necesidad de la auto-observación para ver de “dónde” y “por qué” surgen dichas reacciones, modificaciones y distracciones de la mente. A la vez, también debe haber un auto-análisis como personalidad (nuestro egoísmo, materialismo y todas las actitudes negativas que interfieren en el trabajo de hollar el Sendero de Santidad o de iniciación. Esta actitud es la que nos lleva a descubrir la Verdad, la Realidad, y es descubriendo la Realidad como podemos rechazar lo falso. No se trata de guiarnos por libros o por lo que digan otros, sino de limpiar la personalidad de apegos y deseos y de poner la consciencia y la voluntad a merced del Ego para que la mente no reacciones ni se distraiga con todos esos “obstáculos” que interfieren la acción de lo superior sobre lo inferior ¿Por qué sufrir por el hecho de que la mente esté siempre preocupándose por cosas innecesarias y personales? Sólo cuando seamos capaces de descubrir (por medio de la auto-observación y de la auto-consciencia) la falsedad de nuestros deseos, emociones y formas psíquicas o mentales estaremos listos para ver la realidad y hollar el sendero con seguridad. 

Descubrir en determinada vida que hay una vida superior o sendero de espiritualidad implica el comienzo de un desarrollo que nos lleva a trabajar sobre la ética y la moral o, lo que es lo mismo, a cambiar nuestra conducta y nuestros hábitos. Esto se consigue mediante el esfuerzo consciente, sin embargo, el sendero de espiritualidad implica (también como trabajo consciente) una transformación desde lo interno, algo así como la creación de un nuevo centro desde donde se dirigirá y controlará la actitud y expresión de los diferentes vehículos del Ego. Como hemos visto, el profundo interés y el entusiasmo nos lleva a desarrollar el sendero que nos obligará a hacer cambios personales e internos, y como el cuerpo de deseos y la mente son, mayormente, la causa de nuestro sufrimiento por dejarnos dominar por su influencia, es necesario trabajar sobre ambos para hacer de ellos unas más perfectas herramientas. Uno de los primeros cambios que se deben hacer es cambiar los deseos, es decir, cambiar los conocidos por otros superiores que hasta ahora casi ni hemos imaginado.

Pensar, aun conscientemente, en cambiar nuestros deseos personales no va más allá de una modificación más en la mente que traerá un nuevo comportamiento, mientras que de lo que estamos hablando es de hacer los esfuerzos conscientes necesarios para ver las posibilidades de “alcanzar” lo que, normalmente, es inalcanzable. Así es que, en este caso, estamos hablando de desear lo que no puede alcanzarse por medio del esfuerzo común y para ello debemos desarrollar la sensibilidad hacia ese estado superior; a partir de ahí podremos comprender cuáles son las limitaciones que encontraremos. El hombre tiene ambición por ser importante, por tener éxito, etc., pero detrás de cada meta alcanzada viene otra superior con nuevas limitaciones y pruebas, por tanto, el éxito total siempre se le niega para que se dé cuenta de las limitaciones; cuando se hace consciente de éstas es cuando supera la ambición personal. El hombre también desea una vida experimental continua pero al final siempre encuentra que la muerte es una discontinuidad, aún así, no renuncia a tener seguridad física, emocional y mental pero, como en todo lo demás y como personalidad, se termina en la frustración. Solo la individualidad puede despejar las limitaciones para hacernos ver la “realidad”.

Existen muchas personas que si pudieran se aislarían del mundo para, una vez separados de la corriente humana, poder vivir en paz y hacer lo que quieran, pero este sentimiento de separatividad solo produce estancamiento y fracaso. Hay otros que les gustaría tener siempre sensaciones o impactos a modo de vivir más la vida y no se dan cuenta que esa continuidad de sensaciones es precisamente la causa de las reacciones de la mente y que lo se necesita precisamente es “momentos de silencio” entre reacciones. Las ambiciones, el deseo de éxito e incluso de crecimiento son sólo útiles desde el punto de vista personal pero no desde el de la espiritualidad y la expansión de conciencia puesto que éstas pertenecen a otra dimensión. El cuerpo de deseos y la mente no pueden alcanzar algo que está en una dimensión superior a la suya, sin embargo, ellos sí pueden ser utilizados por algo superior para buscar y hollar el Sendero de Santidad. Por eso, todos los deseos personales de crecimiento no son nada más que deseo de continuidad de sensaciones y experiencias personales que garanticen su supervivencia, y eso no trae la transformación espiritual necesaria para expandir la conciencia hasta una dimensión superior.

El sendero de santidad o iniciación es tan estrecho que sólo se puede hacer de uno en uno, y es que para hollar el sendero hay que convertirse en el sendero mismo. El aspirante espiritual no debe esperar que nada ni nadie pueda hacer el trabajo por él, y si algo ha de pedir sólo debería ser fuerzas y aspiración espiritual porque cualquier otra cosa estaría relacionada con los sentidos, el cuerpo de deseos y la mente. El “pedir” debe surgir desde lo más profundo del corazón donde la soledad impone el silencio de la mente, si la mente está distraída, descontrolada y pensando en mil cosas a la vez, no tendrá cabida la ayuda que el aspirante pide. Para reconocer la presencia de lo divino, el aspirante debe estar sólo y con la mente en silencio, por eso y porque la mente siempre suele estar entretenida con algo o alguien es imposible que el hombre común tenga ni siquiera un vislumbre de lo que es la vida superior. He mencionado las palabras “sólo” y “silencio” como necesidad para poder percibir lo superior, pero “solo” no es estar aislado de los demás ni tampoco estar con nuestros deseos, emociones y pensamientos. Cuando digo “solo” y estar con la mente en “silencio” me refiero incluso a detener toda actividad mental que es la única manera de estar ”sólo”, sin la compañía de sensaciones ni pensamientos. Porque, mientras la mente tenga una idea, concepto o imagen presente no está sola, es decir, cuando la mente no existe como manifestación es cuando estamos solos. Cuando la mente está en silencio cualquier cosa que proceda de lo superior alcanzará al Ser interno, pero si la mente está distraída se quedará en nada porque será distorsionada y obstaculizada.

Estar distorsiones y distracciones de la mente que impiden ver la realidad son las que hacen que nuestra vida sea superficial y que seamos pobres en espiritualidad. Cuando hay soledad y silencio hay enriquecimiento espiritual para que el Ego florezca y se manifieste por encima de lo personal es, en definitiva, una nueva y superior calidad de vida dirigida desde un nuevo centro de conciencia. Mientras la mente esté influenciada por los sentidos y desee dar expresión a lo que percibe no estará en el silencio que se requiere para percibir lo superior, es más, mientras la mente se distraiga y piense según lo guardado en la memoria sin un discernimiento consciente superior tampoco estará en ese silencio del Espíritu. Podríamos llegar más lejos aún y decir que la palabra es un medio de comunicación que no tiene significado o poder tal y como lo practicamos, es lo que se comunica o transmite por medio de la palabra lo que da significado a la palabra, por eso, la palabra puede ayudar o agrandar y crear heridas dependiendo de la fuente (mente) que proceda según el recuerdo de experiencias pasadas. La diferenciación verbal es una cosa y la psicología es otra, estando ambas basadas en los recuerdos y en las asociaciones mentales. Las palabras que nacen de una mente depurada no pueden herir porque no están contaminadas con los recuerdos de las experiencias del pasado ni con posibles programas del futuro. De aquí que para hollar el sendero también sea necesario eliminar el lenguaje hiriente por medio del control de la mente que llevará al silencio consciente y voluntario.

La personalidad es la acumulación de lo conocido, experimentado, pensado, expresado e incluso de los planes de futuro, y mientras tengamos todo esto como real y sintamos apego a ello no podremos dar el paso necesario para encontrarnos con nuestro Yo superior. Solo el presente, el aquí y ahora, forman ese estado de consciencia o silencio que abrirá la puerta a lo divino. Mientras la mente siga distraída con lo que le llegan de los sentidos y de los recuerdos del pasado o proyectos de futuro estará en tinieblas y no podrá ver la luz que le guiará en el sendero, pues ella misma crea su propia oscuridad. Somos nosotros con nuestra voluntad y discernimiento quienes debemos hacerla transparente y que se deshaga de todo lo que contiene y que sea un obstáculo para encontrar el silencio que lleva a contactar con lo superior.

Cuando el aspirante, al cabo de cierto tiempo, se hace sensitivo hasta determinado grado, su mente se encuentra ante una encrucijada o, mejor dicho, ante tal soledad que no sabe qué hacer porque ni el pasado ni el futuro están para actuar por sí misma. La mente se encuentra ante algo desconocido ayudado (en todo caso) por la buena voluntad y el desarrollo espiritual acumulado de otras vidas que, como voz de la conciencia o intuición, pueden guiar hasta cierto punto sus pasos. Esto significa que el trabajo del aspirante ha alcanzado tal grado que su mente se ha agudizado y se encuentra en un estado de gran intensidad por estar muy despierta y alerta (y no distraída con el pasado y el futuro) Por tanto, el aspirante debe ser responsable y no volver a dejarse dominar por las emociones ni por los deseos personales. Por otro lado, debe quedar claro que el hecho de controlar la mente hasta el punto que estamos mencionando no significa que no se pueda usar con discernimiento y buena voluntad para hacer el bien, tomar decisiones correctas, cumplir con los deberes y responsabilidades, etc., puesto que, precisamente ahora tenemos la ayuda de lo superior de una forma más directa que antes. Pero, de lo que nunca se debe olvidar el aspirante, es de su propia observación y auto-consciencia para estar siempre alerta ante cualquier posible despertar de algo que distraiga o condicione a la mente.

Cuando el aspirante silencia su mente hasta el grado mencionado es cuando puede hacer objetiva la búsqueda del verdadero Sendero de Santidad. Es decir, cuando está listo para ver la realidad de lo externo de la vida y cuando la mente es controlada y silenciada y su objetivo es el Sendero de Santidad, es cuando ya no se teme a nada porque la mente es libre y no se identifica con lo que perciben sus sentidos ni con las sensaciones e impactos que antes la distraían y la condicionaban. Pero el sendero implica llevar a cabo el cumplimiento de las leyes divinas y, por tanto, no solo debe el aspirante estar alerta para no hacer el mal (debilidades y defecto personales) sino que a partir de ahí deberá intentar hacer el bien en cada momento, en cada aquí y ahora, o sea, con su mente, con sus deseos y sentimientos, con palabras y con sus buenas acciones. Esto, evidentemente, conlleva una actividad de humanidad y de sumisión a Dios para no creerse más que nadie y, por el contrario, ser un instrumento al servicio de los demás. El descubrimiento del verdadero sendero trae consigo el contacto con el Alma la que, a partir de ahí, hablará al aspirante con una voz cada vez más fuerte.

En el mundo del esoterismo se suele hablar del camino hacia la iniciación que es como decir del sendero de santidad. Al hecho de cambiar ciertos hábitos o aspectos de la personalidad le suelen llamar “comenzar el sendero” pero, en realidad no es tan simple, sobre todo porque se basan en simples informaciones, libros, etc., que llegan al conocimiento del aspirante. En la mayoría de los casos, el hecho de comenzar el sendero de esa manera y sin haberle descubierto antes, lleva al fracaso por monotonía o cansancio. Cuando se comienza el sendero imitando lo de otros y sin la guía y la creatividad interna no se puede hablar de un recto comienzo que traiga la alegría interna que debe traer. Los senderos a que me estoy refiriendo son senderos de disciplina, mientras que el sendero que lleva a la Verdad es un camino individual que se descubre cuando se hacen los trabajos previos con interés profundo y entusiasmo. Así es que, el sendero de santidad o de iniciación varía de un individuo a otro incluso perteneciendo a una misma escuela iniciática porque el desarrollo interno, las experiencias y el carácter no son lo mismo en todos los aspirantes.

Si para comenzar a hacer el sendero tenemos que descubrirle está claro que debemos ser observadores, y si el sendero es individual y no es un objeto físico, tendremos que practicar la auto-observación y la auto-conciencia en cada momento o aquí y ahora. Por tanto, para comenzar o descubrir el sendero hay que desarrollar una nueva condición mental o conciencia ya que, en realidad, podemos estar descubriendo aspectos internos a cada instante que serían la base para descubrir el sendero. Tampoco hay que confundir ese “descubrir aspectos internos” que muchos aspirantes hacemos con el comienzo del sendero, sólo cuando se está comenzando el sendero se vive la vida (momento a momento) con alegría porque descubrir el sendero es comenzar a percibir y vivir la espiritualidad que hemos acumulado como ser interno. Así es que, cuando se comienza el sendero (vivir la espiritualidad interna) una vez descubierto, ya no cabe la maldad en ningún sentido porque la experiencia es individual y debe estar complementada con la observación y el recuerdo de sí mismo. El sendero se ha de descubrir constantemente por medio de la sumisión ante lo desconocido y ante lo no alcanzado hasta ahora, es decir, en el silencio que sigue a lo que hasta ahora era la actitud de la personalidad; es una nueva fuerza que llena y satisface al corazón del aspirante.

Comenzar a “Hollar el Sendero” es, por tanto, camina r en compañía del Yo superior, de la Verdad o de Dios y esto debe ser así ante cualquier circunstancia de la vida. Esta es la gran diferencia con lo que otros llaman hollar el sendero (hacer cambios en la personalidad) Aquí no cabe la duda porque este “descubrimiento” llena de gozo y de felicidad interna al aspirante y esto es así porque es la Verdad o Yo superior, quien guía al aspirante y le hace un luchador o canal de Él Mismo. Cuando dejamos de hacer oposición a lo que representa la personalidad y en el silencio actuamos como buscadores de la realidad, es difícil que fracasemos y que volvamos a vivir en la confusión y el caos personal. Aunque esto parezca una actitud pasiva no lo es porque donde hay esfuerzo y lucha personal no cabe la intervención del Espíritu. Sólo cuando la mente deja de luchar por conseguir el éxito, la seguridad o la continuidad de la vida es cuando puede manifestarse el Yo superior. Sólo cuando la mente deja de actuar por su cuenta es cuando se acaban las limitaciones que velan la “realidad”; el trabajo se debe realizar con el aspecto superior de la mente (discernimiento, intuición, inspiración) pero la “realidad” está por encima de la mente.

Nosotros, como individuos en el sendero, debemos ser el instrumento afinado para que suene la Verdad y se exprese, el Yo superior. Entonces el vacío o silencio se convertirá en la voz del Maestro que nos ayudará a hacer el Sendero en nuestra vida cotidiana. El Sendero de Santidad (también llamado de perfección) es un sendero de equilibrio entre el hombre común que se rige por la religión y el idealista que, guiado excesivamente por su confianza propia, no se da cuenta que todo esfuerzo consciente tiene un límite; el primero se pasa de pasividad (negatividad) esperando que Dios le perfeccione y el segundo también cierto sentido porque confía demasiado en sus propios poderes y confunde positividad con confianza propia. El camino que el aspirante debe seguir es aquel que deja a un lado las discordias, las preocupaciones, las ambiciones… y la lucha que, contra todo eso, sólo trae amargura y sufrimiento. Solo así se podrá escuchar la melodía que procede de los mundos superiores y solo así, entre las acciones, se podrá vislumbrar el silencio que lleva a la realidad. Cuando una persona, alerta y en su silencio mental percibe la belleza de una flor sin emitir pensamiento o palabra alguna, está observando la realidad y expresando internamente lo que percibe. Así mismo, nosotros podemos observar la calidad de los demás cuando percibimos el silencio que hay en el intervalo entre dos expresiones de sus expresiones; cuando se guarda esto en la memoria en vez del significado de sus expresiones es cuando nuestro Yo superior manifiesta el equilibrio en nosotros.

La realidad está representada por el silencio entre dos sonidos o pensamientos y para vivirla hay que auto-observarse y ser auto-consciente en cada instante, pero eso no evita que la mente y el cuerpo de deseos intenten responde a lo que nos llega por los sentidos (impactos externos) o de la actividad y hábitos de ellos mismos. Esto representa otra lucha difícil de alcanzar al menos en algunos aspectos, sobre todo porque tenemos grabado que lo que está en su lugar correcto representa el bien y lo contrario el mal, y porque nuestro estado mental suele estar cambiando constantemente sin un código de valores fijo y perfecto. Por consiguiente, para estar en lo superior y poder elegir lo correcto deberíamos buscar ese silencio entre expresiones en todo lo que nos rodea y eso sólo es posible con la atención plena y el control emocional. De aquí que hayamos hablado de observación intensa y de interés profundo en todas las expresiones de la vida. No estamos hablando del interés que identifica al hombre con el objeto o el que hace que el individuo juzgue o critique, ni tampoco el que surge de un hábito, sino el que busca el silencio espiritual que es donde se encuentra la realidad y la luz. Esto significa que hay que observar la vida, no desde la mente fría sino desde el discernimiento y el corazón que engloba todo (aun en partes) como la obra de Dios en cada momento presente. Hay que tener en cuenta que la mente (que casi debería considerarse un sentido más) actúa del pasado al futuro y sus trabajos se basan en la identificación, la comparación, los recuerdos, etc. mientras que la inteligencia o intelecto trabajan en el presente o aquí y ahora, que es lo que debemos utilizar para intentar observar directamente en el corazón del prójimo y en el silencio de donde surgen las expresiones de la vida.

También es imprescindible que el aspirante observe con suma atención a su corazón, lo que no significa que nos tengamos que volver sentimentales o emocionales. Esto es así porque el corazón debe ser liberado de la influencia personal de las proyecciones y distracciones de la mente. Todo en la creación es puro, es la mente la que lo hace impuro, pero cuando nos situamos en la pureza del corazón purificamos la mente y la hacemos transparente. Por tanto, meditando en el corazón y buscando la realidad en el silencio es como encontramos el verdadero significado de la vida y disfrutamos de ella intensamente.

Algunos aspirantes piensan que el equilibrio que lleva a descubrir el sendero lo encuentran poniendo su atención en los mundos invisibles y no se dan cuenta que ni los poderes (por ejemplo la clarividencia) invisibles facilitan el equilibrio porque para eso deben encontrarle en lo interno y por medio de la intuición espiritual. Es lo invisible a la mente concreta y a los sentidos lo que hay que buscar internamente y viviendo en el eterno Ahora. El pasado y el futuro es “tiempo” pero el tiempo se para en el ahora presente psicológico. Para estar equilibrado y vivir la realidad hay que vivir en el presente que es una dimensión diferente al pasado y al futuro, y sólo viviendo de instante en instante es como se encuentra el sendero de la Verdad. En este estado la mente no puede agarrarse a nada concreto ni existencia, ningún aspecto psicológico del pasado o del futuro la dominan y se hace una mente libre lista para expresar el verdadero significado de la vida.

Francisco Nieto

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