jueves, 3 de marzo de 2016

Al comenzar el Sendero

AL COMENZAR EL SENDERO

En mi opinión, se puede llamar aspirante espiritual a la persona que en un determinado momento de una determinada vida siente el despertar o impulso que le llevará a buscar medios que satisfagan su inquietud y su sed de desarrollo espiritual. Esta etapa que, tarde o temprano, todo ser humano debe experimentar, es la más difícil de superar y, por consiguiente, cuando más aspirantes fracasan. La explicación a esto es fácil puesto que de lo que se trata es de llevar a la práctica dicho impulso espiritual. Precisamente uno de los motivos por los que muchos fracasan es por tener prisa en obtener resultados sin saber que éstos tardan a veces incluso años dependiendo del esfuerzo, sacrificio y desarrollo que cada uno tenga. Las prisas llevan a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos dicen que es incompatible –alcohol, tabaco, pasiones animales, críticas…– y todo se hace porque hay unos primeros síntomas de “vivir la vida” de otra forma, sin embargo, en estas primeras decisiones y acciones los resultados son más ilusorios y superficiales que los que se obtienen al cabo de unos años de persistencia. El simple hecho de sentir que despiertan ciertos ideales elevados, anima a acelerar el proceso y a tener más prisa sin saber aún que aguardan muchas y duras pruebas que superar.

Se leen muchos libros que otros aspirantes aconsejan, se acude a conferencias, se hacen cursos y se busca conocimiento en todos los sitios sin saber que lo que se busca está en el interior de cada uno y no fuera. Es cierto que todo esto trae resultados y que muchas cosas están así puestas en el destino de cada uno, pero no deja de ser una mera introducción a la vida superior. El entusiasmo, los amigos, los libros, etc., suele, a veces, desviar al buscador terminando éste fuera de lo que verdaderamente debería buscar y trabajar. Así es que, la impaciencia y el hecho de no tener claro lo que es la verdadera vida espiritual son en muchos casos, motivo de fracaso o de desvíos del camino que, muy posiblemente, tenía predestinado antes de renacer. Cuando una persona desea aprender inglés y, guiándose por su entusiasmo y por su impaciencia, decide hacerlo con varios métodos a la vez, no sabe que está atrasando su aprendizaje, pues, está demostrado que se obtiene más ventaja cuando uno se concentra sobre un solo método que sobre varios a la vez. No se debe dejar el camino o pararse a contemplar las flores por muy atractivas que nos parezcan, una vez iniciado el sendero hay que tener persistencia, paciencia y unos ideales elevados que nos recuerden cuál es nuestra meta.

Es cierto que, normalmente, nos queda poco tiempo para dedicarnos a hacer ejercicios espirituales, sobre todo porque hay que dar prioridad a nuestras responsabilidades y deberes sociales y cotidianos, pero eso no significa que nos podamos desviar de nuestros propósitos espirituales diciendo aquello de que “todos los caminos llevan a Roma”. Cada uno de nosotros puede estar en el sendero cumpliendo sus obligaciones laborales y sociales por el sólo hecho de hacer las cosas con amor, como si fueran para  Dios o con cualquier otro motivo que mantenga nuestra mente en lo más elevado de nuestro Ser. No es lo mismo no acordarse de los propósitos espirituales nada más que un rato cuando se llega a casa, que tener la consciencia en todo lo que hacemos pensando en Dios, en Cristo o simplemente en que deseamos de corazón hacernos instrumentos de Dios entre la gente que nos rodea. De nada servirá obtener mucho conocimiento si no se aplica y se lleva a la practica cada vez que se nos presente la ocasión; es necesario un recto pensar, un recto sentir y una recta actitud ante los demás para que el conocimiento nos aporte cierto desarrollo espiritual.

El aspirante espiritual debe saber que el verdadero despertar, la madurez que procede del Yo superior, no se adquiere en unos meses o en pocos años, ésta se adquiere tras un proceso lento de gestación y siguiendo un buen o eficaz método. Es importante y necesario que el aspirante obtenga conocimiento de los ejercicios más adecuados para acelerar su crecimiento, un ejemplo de ellos son: la concentración, la meditación, la oración, y la retrospección que aconseja Max Heindel en el “Concepto Rosacruz del Cosmos.” Si a esto añadimos la oración, la adoración y la contemplación y, a la vez, se intenta servir con amor y altruismo al prójimo, no hará duda de que pronto se notará cierta espiritualización del carácter. A los que tienen mucha prisa les parecerá un proceso largo y lento, sin embargo, es el más seguro y rápido, y cuando se asiente en el carácter como base para vivir la vida será muy difícil que el aspirante se desvíe del camino y de sus ideales.

Cuando el aspirante a la vida superior lleva a la práctica sus primeras decisiones le parece que todo sale a pedir de boca, cuando se quita de sus vicios más comunes se alegra, lo ve todo fácil y observa que sus relaciones con los demás mejoran. Esto es similar al hecho de que cuando un negocio es rentable el dueño es feliz y siente el apoyo y el afecto de quienes le rodean; pero cuando cambia su suerte también cambian dichos apoyos y afectos quedándose así sólo ante los obstáculos. Es en estas pruebas que surgen, sobre todo, al principio, cuando el aspirante tiene que demostrar su firmeza de propósito y decidir si de verdad desea alcanzar esa vida superior o, por el contrario, se deja llevar por el desaliento y el fracaso. Son muchos los casos de aspirantes en que se toma la vía de menor resistencia y se dejan derrotar por los problemas aún entiendo algún buen consejero cerca. La firmeza en el propósito y la persistencia son dos virtudes que siempre deben estar presentes en aspirante, sin embargo, eso de poco sirve si no se tiene un ideal elevado, una luz que ilumine las sinceras intenciones, y ese ideal debe ser “vivir una vid altruista y de servicio amoroso a los demás.”

Cuando un aspirante lleva a la práctica con éxito estos ideales durante largo tiempo, es porque sus aspiraciones espirituales están siempre presentes en su mente y en sus intenciones. Este aspirante puede tener problemas como todo el mundo y puede ser criticado, juzgado y ofendido, pero no permitirá que los problemas ni las desdichas le derroten porque sabe que se está quitando deudas kármicas del destino y que está aprendiendo nuevas lecciones en este renacimiento. Y es que, si de verdad se quiere ser fiel a un ideal elevado, hay que ser constante en mantener una disciplina mental, emocional y física. Cuando se actúa de cuerdo a unos principios espirituales y cuando se hace frente a los problemas aun poniendo en peligro la paz y el equilibrio interno, entonces se hacen grandes progresos y se aprende mucho de los propios errores. Cuando huimos de los problemas e inconvenientes o permitimos que éstos nos desvíen de nuestras intenciones e ideales, lo que estamos haciendo es acomodarnos para vivir una vida fácil y sin esfuerzos que rebajará en gran medida nuestra voluntad. Entonces, dicho aspirante esta retrasando el pago de sus deudas y el progreso  “programado” en esa vida; de ahí que el firme propósito de alcanzar ciertos ideales espirituales no deben debilitarse jamás.

También suele ser común al principio, que el aspirante exponga una serie de propósitos que hagan que sea causa de halago por parte de otros, pero esos propósitos o intenciones se quedarán sólo en palabras o pensamientos si no son acompañadas de una persistente práctica en la vida diaria. Nada que valga la pena puede alcanzarse física o espiritualmente si no hay un propósito basado en un elevado ideal, y para alcanzarlo es importante: primero que no se tenga en cuenta la oposición que pueda haber; y segundo que haya el valor necesario y la firme intención que se necesita. Estos dos aspectos traerán convencimiento moral y espiritual de que ese cambio es para bien. Todas las innovaciones en la vida, y más  aún en lo personal, cuestan y necesitan un firme propósito y una persistente voluntad para poder imponerse sobre lo que está arraigado como hábito o costumbre. No es fácil nadar contra la corriente pero según avanzamos espiritualmente en la vida nos damos cuenta de que merece la pena esforzarse y sacrificarse por ser mejor.

De cualquier forma y como se suele decir, de lo que se trata es de hacer una “limpieza” en nuestra casa, es decir, en la personalidad. Si queremos ser auxiliares de la humanidad debemos purificarnos a nosotros mismos para así manifestar un buen carecer lleno de sinceras y fraternales intenciones. Pero suele ocurrir en muchos casos que no queremos o no nos apetece analizarnos ni pensar en los defectos que tenemos, así es que muchas veces preferimos hacer “lo que podemos” con tal de no esforzarnos por ser mejores. Si lo enfocamos a través de nuestras responsabilidades y deberes cotidianos podríamos decir que ¿Si no cumplimos con nuestros deberes y responsabilidades físicas cómo vamos a cumplir los propósitos espirituales? Quien de verdad desee cambiar su vida y aspirar a una vida superior debe comenzar primero por hacer bien las cosas cotidianas para así ser merecedor de otras obras más grandes. No hay que olvidar que es en el cumplimiento de nuestros deberes y responsabilidades diarias donde se desarrollan las virtudes que nos elevarán a las regiones espirituales; esta es la manera de olvidarnos de esa frase de “hago lo mejor que puedo.” No deberíamos olvidar aquello de que: “Cuando damos lo mejor de nosotros al mundo, nos es dado lo mejor del mundo.” Lo que lleva a preguntarnos. ¿Lo que estoy dando es verdaderamente útil y bueno como ayuda al prójimo? El hecho de auto-observarnos y analizarnos no debería cesar nunca si de verdad queremos espiritualizar el carácter y eliminar todos los defectos que nos hacen egoístamente materialista y muy poco altruistas y fraternales. No es suficiente con tener el propósito de ser mejores personas, hay que disciplinarse e intensificar la auto-observación y la purificación si de verdad queremos ser auxiliares de la humanidad y dar lo mejor de cada uno.

Cuando en momentos de meditación o en la retrospección, nos autoanalizamos nos damos cuenta de que con quien más cometemos errores es con las personas que cocemos y que tratamos, de hecho, pienso que una buena manera de comenzar la espiritualización del carácter es examinando detalladamente nuestro comportamiento con la sociedad. Algunos de los hechos que más nos afectan son las críticas y las opiniones de los demás, no nos damos cuenta de que nos afectan sólo en la medida en que le prestemos atención, lo que significa que si somos indiferentes a ellas no nos afectarán. Estamos más pendientes de las opiniones que digan sobre nosotros para, a continuación, defendernos o atacar, que de las que hacen sobre otros y que sí deberíamos intentar disculpar o apaciguar; por tanto es muy aconsejable pensar en la impresión que podamos causar ante los demás en ese sentido. Por otro lado, ni debemos actuar falsamente para que hablen bien de nosotros ni debemos alegrarnos porque lo hagan con sinceridad porque crean tener motivos para ello; la humildad es uno de los estandartes del aspirante.

El aspirante debe saber que algún día –si persiste en sus propósitos–  desarrollará ciertos poderes que le permitirán ver y oír por encima de lo normal, por eso debe comenzar desde ya a superar las críticas y opiniones en su contra. Digamos que el aspirante maduro no presta ninguna atención a esos hechos como tampoco lo hace a las adulaciones por sus buenas obras. Pero lo que sí hace éste es analizar las situaciones y darse cuenta de las deudas que se crean los que le critican y opinan del él malintencionadamente. Un aspirante avanzado lo es hasta tal punto que se entristece por el mal que esas personas le hacen, y como tal, toma la decisión de esforzarse más aún para que otros no caigan en la crítica malintencionada porque interpreten mal sus expresiones. Ese es el motivo principal por el cual el aspirante no debe tener dentro de él mismo ninguna semilla que pudiera dar pies a malas interpretaciones ni críticas. Lo primero, más fácil y más importante en los primeros pasos, es evitar toda clase de lenguaje o palabras que puedan ofender, juzgar, menospreciar o simplemente llamar la atención para que otros caigan en la tentación de hacer mal en pensamiento, palabra u obra. Aunque la situación lo requiera y nos obligue a opinar, no debemos ser motivo para que otros hagan el mal; si la opinión es siempre amistosa y con un sentimiento fraternal podremos estar seguros de que no afectará negativamente a nadie.

Una manera de ver todo esto es desde el punto de vista siguiente: Cuando un aspirante se identifica y se pone en el puesto de su interlocutor, por lo general, tiene mucho cuidado para no hacer mal ni dar mal ejemplo de ninguna de las maneras. Por eso, cuando este aspirante actúa como un individuo y sin identificarse con los demás, hiere y ofende a veces aun sin motivos. El hecho de identificarse con los demás e intentar sentir y pensar como ellos ya hace que la expresión sea benevolente en todos los sentidos, es más, se expresaran los más nobles y elevados sentimientos, deseos y sentimientos y no se suele ofender a nadie. El hombre no debe herir ni ofender con sus palabras ni hechos por eso lo más importante es hacer el autoanálisis de cada uno  noche tras noche para ver cuándo, dónde y cómo podemos herir aun sin darnos cuenta de ello. Evidentemente, para dejar de hacer mal a los demás hay que comenzar a corregirse uno mismo por la palabra para luego pasar a los deseos, sentimientos y pensamientos, sin embargo, el aspirante maduro y experimentado sabe que la palabra hablada se origina como efecto de un deseo, sentimiento o pensamiento.

Cuando, tras un largo período de prueba, el aspirante serio decide intentar dar el paso definitivo que le podría llevar ante la presencia de un Maestro o Iniciado, comienza a considerar que la mayoría de los placeres de la vida terrenal no ayudan para el progreso y son una pérdida del tiempo. Este es el momento de desechar lo inferior con tal de alcanzar lo superior, y esto se hace más fácil cuando el aspirante percibe lo que es la vida superior, a partir de ahí, lo inferior va dejando de existir. Evidentemente, este abandono de lo inferior debe hacerse con firme propósito y fuerte voluntad porque si hoy se deja un vicio para cogerlo al cabo de unos días nunca se dará ni un solo paso en firme. El abandono de lo inferior debe hacerse con alegría y felicidad interna pero no con orgullo ni complejo de superioridad respecto a otros.

 Dicen los que han recorrido parte del sendero de perfección que la evolución se acelera cuando la vida inferior se sacrifica en aras de la superior, es decir, cuando nosotros, como personalidad, nos sacrificamos para eliminar de nuestra vida toda expresión y todo comportamiento egoísta, materialista y animal. Entonces, más que perderse dicha vida se “renace” a otra superior donde nos identificamos cada vez más
con el Alma. Cuando decimos “sacrificar la vida“ nos estamos refiriendo a eliminar de nuestra vida todo aquello que nos domine, nos atraiga innecesariamente, nos apegue a lo material o nos impida el propio progreso espiritual; es decir, todo lo que represente a la personalidad. Esta es la única manera de identificarse cada vez más con nuestro Yo superior y, a la vez, la gran prueba para saber si el supuesto aspirante maduro está preparado para entregar su vida –casi todo lo que representa la vida cotidiana– a cambio de “nada”, una “nada” que bien puede convertirse en discipulado de un Iniciado.


                                                     Francisco Nieto

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domingo, 28 de febrero de 2016

El orgullo del Conocimiento


EL ORGULLO DEL CONOCIMIENTO 

El orgullo del conocimiento es, a veces, un efecto que se manifiesta al cabo de varios años de trabajos, inculcándonos la ilusión de que somos los únicos que conocemos la Verdad.  Esta ilusión es muy peligrosa, porque nos expone a una dolencia adquirida voluntariamente por nosotros mismos, debida a una inversión del verdadero conocimiento, y en algunas circunstancias, puede dar nacimiento al sectarismo e intolerancia respecto a las ideas de los otros, si no están basados bajo la forma que nosotros hemos adoptado.  Es necesario no olvidar nunca que la Verdad es Una, pero que puede tener diferentes modos de expresión, según sea la característica  de los individuos que la sustenten.  Sepamos reconocer dónde se manifiesta, aunque se nos presente bajo un aspecto desconocido por nosotros.  Es evidente que tenemos el deber de enmendar un error manifiestamente expuesto a nuestra conciencia, pero debemos guardarnos siempre de hablar con el tono dogmático de un pontífice que lanza un estigma contra una herejía.  Por el contrario, debemos hacerlo con toda dulzura y amor, para no molestar a los otros, empleando la paciencia indispensable para inducirles a que acepten las enseñanzas que tenemos interés en inculcarles.

Si desean conocer el artículo completo lo encontrarán en nuestra web: www.rosacruzmaxheindel.org  /  Biblioteca  /  Documentos Históricos / Revista 17

Estas Revistas son de los años 1920 y 1930 editadas en Ripoll-Barcelona-España.
Se ha tomado al azar uno de los artículos, no están completas, a veces encontrarán en la revista 2 o 3 artículos dependiendo de la persona que lo emite y la importancia de los mismos.

Agradecemos a Asociación de Estudiantes de Filosofía Rosacruz Max Heindel (Barcelona España)


Ponemos a vuestra disposición el artículo completo, desde aquí:

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EL ORGULLO DEL CONOCIMIENTO 

Una de las formas de orgullo más sutiles e insidiosas se presenta frecuentemente al estudiante de la Filosofía y de la Ciencia Oculta.  Algunas veces, cuando empieza sus trabajos, y otras, durante el curso siguiente.  Es la tendencia ante la tentación de considerarse como superior a los otros, en razón de conocimientos solamente entrevistos, en la mayoría de los casos, antes de que sean realmente adquiridos.
Afortunadamente no le faltarán las exhortaciones a la humildad para ayudarle a combatir eficazmente esta tentación, con objeto de que vuelva a su instructor.  Estos avisos los encontrará a cada paso, diseminados por todas partes, en las enseñanzas ocultas y místicas.  Así como antes, en la antigua Roma, el esclavo, durante las horas embriagadoras del triunfo, repetía a cada instante al César: “Acuérdate de que tú eres un hombre”, ellos le dirán repetidamente: “Acuérdate de que tú no eres nada”.
Sin embargo, existen algunos a quienes esas exhortaciones no son suficientes, porque la tentación tiene más fuerza.  En este caso es debido al efecto de haber desarrollado cierta sequedad de corazón, cuando, por el contrario, debería vibrar con más actividad al unísono de las armonías sublimes de la Naturaleza, y aprender a conocer la piedad y compasión divina de los Grandes Seres que nos guían sobre nuestro progreso.
El hecho de enorgullecerse del conocimiento, es una prueba de la incomprensión total de las enseñanzas que nos han sido reveladas, porque ninguna de esas profundas verdades nos autoriza a creernos superiores a los que juzgamos como ignorantes.
El conocimiento en sí mismo no es nada, o bien poca cosa, si no va acompañado por la práctica de las virtudes que se nos imponen y que debemos alcanzar con nuestros esfuerzos en todos los actos que ejecutamos, con objeto de obtener un agente humilde de las fuerzas espirituales divinas reveladas.
¿Qué sabemos nosotros de los otros seres humanos que nos rodean? ¿Estamos realmente capacitados para apreciar su verdadero valor, o nos proponemos, por el contrario, guiarnos en esta apreciación por nuestros gustos, simpatías y antipatías? ¿Conocemos realmente algo de sus cualidades y de sus virtudes? He aquí que, al parecer, no hay quien esté inclinado hacia la Filosofía y la Ciencia Oculta, y parece observar en el mismo profesional una especie de desdén para las especulaciones intelectuales que sobrepasan los hechos propios de la existencia diaria, y puede atribuirse a que la nobleza de las cualidades y buen carácter no han sido aún incorporadas a nuestra herencia, a despecho de todos nuestros conocimientos.  Necesitamos vivir muchas existencias sobre la Tierra antes de poder adquirir, por nuestros esfuerzos constantes, y antes de poder igualarnos bajo esta condición.  Al candidato le bastará consagrarse algunos años a los estudios que nos son requeridos para saber otro tanto,  y desde luego obtendrá la ventaja de adquirir esas cualidades que para nosotros aún son inasequibles.  Nuestra pretendida superioridad, basada únicamente sobre un armazón frágil de consistencia, no es más que una ilusión de nuestro orgullo.  Si queremos mostrarnos sinceros ante nosotros mismos, debemos ante todo, llenar el vacío de confusión dominante en nuestro pensamiento, y consagrar tanto tiempo como sea necesario para instruirnos, haciendo los esfuerzos precisos para alcanzar nuestro mejoramiento, y para ello la Ciencia, junto con la Filosofía Oculta, nos invita imperiosamente. 
El orgullo del conocimiento es, a veces, un efecto que se manifiesta al cabo de varios años de trabajos, inculcándonos la ilusión de que somos los únicos que conocemos la Verdad.  Esta ilusión es muy peligrosa, porque nos expone a una dolencia adquirida voluntariamente por nosotros mismos, debida a una inversión del verdadero conocimiento, y en algunas circunstancias, puede dar nacimiento al sectarismo e intolerancia respecto a las ideas de los otros, si no están basados bajo la forma que nosotros hemos adoptado.  Es necesario no olvidar nunca que la Verdad es Una, pero que puede tener diferentes modos de expresión, según sea la característica  de los individuos que la sustenten.  Sepamos reconocer dónde se manifiesta, aunque se nos presente bajo un aspecto desconocido por nosotros.  Es evidente que tenemos el deber de enmendar un error manifiestamente expuesto a nuestra conciencia, pero debemos guardarnos siempre de hablar con el tono dogmático de un pontífice que lanza un estigma contra una herejía.  Por el contrario, debemos hacerlo con toda dulzura y amor, para no molestar a los otros, empleando la paciencia indispensable para inducirles a que acepten las enseñanzas que tenemos interés en inculcarles.
Si la investigación de las sublimes verdades espirituales deben hacer renacer sobre otro terreno las querellas religiosas de otros tiempos, obtendríamos un resultado deplorable, porque ésta investigación ha de tener por objeto contribuir a la avenencia y unión entre los corazones humanos, y ésta unión tan deseada nos conducirá hacia la Fraternidad futura.
                                                                E.C.


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jueves, 25 de febrero de 2016

Reflexión en la morada de los Caballeros Rosacruces


REFLEXIÓN EN LA MORADA 
DE LOS CABALLEROS ROSACRUCES.

Un hermano, que regularmente asistía a las reuniones de un capítulo determinado, sin ningún aviso dejó de participar en sus tenidas y de más actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría el Maestro Instructor de aquel grupo decidió visitarlo.

Encontró al Hermano en casa solo, sentado frente a la chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor.

Adivinando la razón de la visita, el Hermano dio la bienvenida al líder, lo condujo a una silla grande cerca de la chimenea y se quedó quieto, esperando una pregunta. 

Se hizo un grave y atronador silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno de los troncos de leña que crepitaban.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban y cuidadosamente seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, retirándola a un lado del brasero con unas tenazas.

Volvió entonces a sentarse, permaneciendo silencioso e inmóvil después de solicitar permiso para sentarse.

El anfitrión prestaba atención a todo, fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que sólo hubo un brillo momentáneo y el fuego se apagó repentinamente.

En poco tiempo, lo que era una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón recubierto por una leve capa de ceniza. Muy pocas palabras habían sido dichas desde el ritual saludo entre los dos amigos. El líder, antes de prepararse para salir, con las tenazas blandió el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en medio del fuego. De inmediato la brasa se volvió a encender, alimentada por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno suyo. Cuando el dirigente alcanzó la puerta para irse, el anfitrión le dijo:

Gracias por tu visita y por tu bellísima lección. Regresaré al grupo. Buenas noches.

¿Por qué se extinguen los grupos? Muy simple: Porque cada miembro que se retira le quita el fuego y el calor al resto. A los miembros de un grupo vale recordarles que ellos forman parte de la llama y que lejos del grupo pierden todo su brillo. A los líderes vale recordarles que son responsables de mantener encendida la llama de cada uno de los miembros y por promover la unión entre todos ellos, para que el fuego sea realmente fuerte, eficaz y duradero.


Agradecemos a Asociación de Estudiantes de Filosofía Rosacruz Max Heindel (Barcelona España)

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domingo, 14 de febrero de 2016

Afrontando una nueva etapa


AFRONTANDO UNA NUEVA ETAPA

A quienes, en esta vida, les ha llegado el gran momento de adquirir un nuevo conocimiento que les ayudará a cambiar sus vidas y, por tanto, sus destinos, es posible que ese hecho les parezca algo maravilloso, fascinante o increíble. El conocimiento al que me estoy refiriendo es al esotérico aunque, como es obvio, un cambio interno o de conciencia también nos puede venir por otras fuentes. Suele ocurrir que las personas que ya han estado en contacto con esas enseñanzas en otras vidas anteriores, vuelvan a contactar con ellas con el fin de adquirir o prepararse para la iniciación, si es que se lo merece y en su anterior vida no se desvió hacia el lado negativo o de la magia negra. Puede ocurrir que se dediquen durante años a ir de conferencia en conferencia, de “maestro” a “maestro”, de escuela en escuela, y entre tanto leer un montón de libros de muy variados autores. Evidentemente algo aprenderán, tanto en conocimientos ocultos como en otros de auto-ayuda y espiritualidad, pero si no lo aplican a sus vidas poco adelantarán respecto a lo previsto en sus destinos. Son pocos los que se centran en un solo lugar o escuela, pero los que lo hacen extraerán mucho más beneficio que los que andan de un lado para otros, y de éstos “pocos” son menos aún los que se inscriben y pertenecen a una escuela iniciática donde poder continuar en esta vida.

En los muchos años que llevo en el mundo del ocultismo he conocido —a través de su literatura— tres escuelas que me han enseñando mucho y que, por tanto, me han sido muy útiles tanto para adquirir conocimientos como para mi propio desarrollo espiritual. Hay otras escuelas, como es natural, pero para mí son de menor importancia en todos los sentidos, por tanto, escuelas de ocultismo muy reconocidas desde hace un siglo hay tres y son las siguientes: La Fraternidad Rosacruz de Max Heindel —escuela iniciática—; la Escuela Arcana de Alice Bailey; y la Sociedad Teosófica de Mme. Blavatsky. La escuela Arcana y la Teosófica son escuelas cuyas enseñanzas proceden de oriente y fueron dadas por unos Maestros iniciados muy conocidos por su relación con ese lugar misterioso llamado Shamballa. La Fraternidad Rosacruz es una Escuela para occidente cuya enseñanza procede de los más grandes iniciados de la Tierra, por tanto,  su filosofía es más fácil de entender y asimilar que las otras de tipo oriental. Las primeras ayudan a cualquier persona que “busque” y se esfuerce por progresar espiritualmente en esta vida y sean del continente que sean; sin embargo la Rosacruz es una escuela para los aspirantes espirituales de occidente. La iniciación se puede alcanzar por diferentes caminos, y las enseñanzas ocultas de estas escuelas es uno de ellos, sin embargo, lo mismo que es mejor pertenecer y centrarse en una escuela que andar buscando de un sitio para otro, también es mejor pertenecer a una escuela iniciática occidental que a otras cuyos lenguajes son a veces imposibles de comprender y de traducir. Esto no significa que esas escuelas sean peores que la Rosacruz, lo que digo es que la Rosacruz es diferente porque tiene una formación que va desde los primeros pasos como un simple estudiante hasta la preparación adecuada y necesaria para alcanzar las correspondientes iniciaciones según el esfuerzo y sacrificio que el aspirante espiritual haga.

La iniciación es un despertar y una elevación de la conciencia como efecto del poder espiritual adquirido en una o varias vidas, por tanto, nadie la puede conceder a cambio de favores, dinero, ni nada parecido. Ésta debe ser merecida gracias al amoroso y desinteresado servicio a la humanidad y por otros ideales elevados llevados a la práctica, normalmente, en varias vidas. Así es que, generalizando, quien contacta con una de estas escuelas, no sólo trae ya un gran bagaje de otras vidas sino que, además, debe continuar ese trabajo de una manera persistente y precisa a la vez que despacio pero sin pausa. Estudiante de ellas puede ser cualquiera porque tienen centros donde imparten sus enseñanzas y hacen sus servicios ocultos y devocionales o bien lo pueden hacer por correspondencia. Pero el primer paso serio e importante es el llamado “probacionismo” que es cuando la persona interesada se compromete seriamente a trabajar por su Espíritu; este paso es previo al de discipulado cuando, como la palabra indica, se es discípulo de un Maestro. Por consiguiente, el que desea hacerse voluntariamente probacionista debe tener claro que debe respetar y cumplir las normas y hacer los ejercicios y servicios que la escuela tiene para acelerar su desarrollo espiritual. Naturalmente que, cuanto más preparado moral, intelectual y espiritualmente esté menos le costará al aspirante y si, a la vez, ha vencido o no ha caído en ciertos vicios que suelen dominar —alcohol, tabaco, drogas, crítica, espiritismo, …— más poder tendrá para superar otras pruebas más sutiles.

La vida cotidiana de un aspirante a la iniciación, que conecta en esta vida con una escuela seria de ocultismo, es algo fácil en sus primeros grados —interesado o estudiante— pero bastante más difícil para algunos en el grado de “Probacionista”. En el primer grado no hay obligaciones pero, además de la adquisición del conocimiento oculto, el estudiante debe acostumbrarse a hacer toda una serie de ejercicios —concentración, meditación y observación— o llevar a la práctica durante el día la oración, el discernimiento, la devoción a Dios, el servicio a los demás y el dominio de la mente para que no piense por sí misma y para utilizarla con el fin de no pensar mal y evitar malos deseos y sentimientos. Pero para el probacionista, además de todo eso: Las lecturas y enseñanzas deben ser meditadas; los ejercicios espirituales deben ser hecho con el corazón; —devoción y adoración a Dios— la observación del mundo y la propia observación deben ser hechas con responsabilidad, profundidad y franqueza para poder corregir las actuaciones o expresiones; la palabra deber controlada para que no critique u ofenda; la mente no debe pensar por sí misma sino que debe estar atenta a lo que ocurre para que sus respuestas sean responsables y bienintencionadas; en las mañanas debe haber una auto-programación para tener una actitud positiva en todo lo que se haga durante el día; por las noches es revisará esa auto-programación para ver dónde se ha fallado; y durante el día se procurará hacer todo como si fuera para Dios.

Si bien es cierto que el aspirante cae muchas veces en tentaciones y pruebas, también lo es que gran culpa es de que no sabe escuchar a la vez que habla demasiado o pretende saber mucho. Hay un proverbio que dice que la sabiduría viene de saber escuchar y que el arrepentimiento tiene su mayor causa en el hablar; por consiguiente, el principiante en el mundo del ocultismo así como los propios ocultistas, deberíamos tener esto muy presente puesto que todos —unos más y otros menos— metemos la pata de alguna manera, bien por pensar mal o no entender lo que escuchamos o bien porque hablamos sin razonar y sin analizarnos cuando nos expresamos. No es lo mismo oír que escuchar, oír es permitir que los sonidos o palabras entren en nuestros oídos, pero —en la mayoría de los casos— sin prestar atención y, como efecto, sin apenar ser conscientes de lo que oímos. Escuchar, es permitir lo mismo pero con la atención puesta en quién, cómo o qué nos hablan, es decir, estando presente como un yo consciente. Cuando somos conscientes en cada momento “presente” de que somos un Yo que percibe gracias a los sentidos y a la mente, podemos controlar perfectamente nuestros sentidos y, por tanto, escuchar y hablar lo correcto y preciso.

Estamos de acuerdo en que esto no es fácil pero eso no significa que sea imposible. Hablar menos y escuchar más, no es pensar en lo que se va a decir a la vez que se escucha y menos aún si la intención es de decir o responder con prepotencia, superioridad, orgullo, etc. Es todo lo contrario, escuchar con humildad —con intención de aprender, con compasión, con tolerancia, con comprensión, con amor..— con una actitud meditativa, receptiva, interesada y serena. Hay una gran diferencia entre escuchar desinteresadamente y escuchar con humildad y compasión; como también la hay en oír y en escuchar buena música —clásica y sacra principalmente— Cuando se escucha de esta manera se estimulan buenos sentimientos, hay paz interior, se eleva la vibración de los cuerpos y nos hacemos más sensibles a la influencia de nuestro Yo superior. Cuando varios aspirantes espirituales se juntan y hablan sin control y sin razonamiento previo, aún con la intención de estar en armonía, es más fácil que haya contradicciones y malos pensamientos sobre lo que dicen otros que si todos hablaran solamente cuando tengan algo importante que decir y previo discernimiento. Es más, además de ser buenos oyentes, deberíamos ser unos interlocutores simpáticos, conciliadores, tolerantes y comprensivos. Resumiendo este tema diremos que escuchar con atención y consciencia desarrolla el Alma Consciente y trae equilibrio y progreso.

Podríamos interpretar estos últimos párrafos como una importante y correcta preparación para hacerse probacionista puesto que el probacionista promete esforzarse por subyugar su naturaleza inferior o personalidad al Yo superior. Alguna vez se ha dicho que esta promesa es similar a la que se hacen dos personas cuando se casan, y es que, en verdad, que algo de parecido tienen. En el matrimonio prometen ante Dios amarse, respetarse y ayudarse; mientras que en el compromiso que hace un probacionista también promete ante Dios —y ante un elevado iniciado— dedicar su vida a servir amorosa y desinteresadamente a Dios y al prójimo y a purificar su personalidad y carácter. Este es el significado del compromiso del aspirante para hacerse probacionista, aunque el ritual no lo diga literalmente así. Hay que tener en cuenta que el aspirante —una vez recluido en la soledad y el silencio— mantiene una mano en el corazón y otra sobre la Biblia en el momento de hacer la promesa. Además, y por dar algún dato más puesto que los probacionista y discípulos tienen prohibido comentar ciertas hechos, el momento elegido para esa promesa se calcula según la fecha y lugar de nacimiento y según la latitud y longitud donde se viva entre otras cosas. Así es como el probacionista da ese paso tan importante —si de verdad lo lleva a cabo durante toda su vida— que hace que desde ese momento —puesto que incluso se siente la presencia etérica del iniciado— este conectado a ese gran iniciado representante de la escuela u orden oculta.

El compromiso del probacionista hace que —entre otras cosas— no pueda comer carne ni utilizar pieles de animales, pero también tiene otras muchas ventajas para la salud psíquica y física. A partir de ahí el probacionista que cumpla con sus deberes y responsabilidades estará protegido de ataques psíquicos tanto en estado de vigilia como en los mundos superiores mientras duerme; cuanto más purifique sus cuerpos más brillará su aura y más fácil tendrá dicho iniciado o sus discípulos ayudar al probacionista. Otra de las “ventajas” del probacionista es que es puesto a prueba por dichos iniciados para ver su fortaleza ante las tentaciones que le pueden hacer caer en sus puntos más débiles. Son muchos los probacionistas e incluso discípulos que se han rendido, se han aburrido por no saber buscar los alicientes espirituales debidos, se han derrumbado a causa de su vuelta a los vicios que ya habían superado, se pierden buscando lo fenoménico o dejándose llevar por falsos maestros, o lo dejan decepcionados por determinados hechos que, después de un tiempo, comprenden que no son tales. A partir de entonces ya quedan desligados del Maestro o Iniciado, pierden su guía y protección incluso en los trabajos que hacían por las noches en los mundos superiores. Si queremos definir en pocas palabras el probacionismo lo haríamos en dos frases: Primera: que al igual que el cuerpo físico necesita alimento para mantenerse vivo y en buen estado de salud, así mismo debe el probacionista alimentar el Alma; y Segunda: que debe olvidarse de su pasado personal y mirar al futuro con sus más elevadas aspiraciones espirituales.

Cuando nos comportamos como verdaderos probacionistas elevamos las vibraciones de nuestros cuerpos y nos armonizamos con los mundos espirituales; cundo volvemos a los vicios y costumbres del pasado creamos mala salud psíquica y física y nos creamos un karma bastante más duro que el que hubiéramos creado si no nos hubiéramos conectado a una escuela seria y no nos hubiéramos hecho probacionistas. Y es que, si todo el mundo tuviera la posibilidad de ver de antemano el sufrimiento que nos espera después de la muerte tras una vida perdida de vicio y maldad, escucharíamos y razonaríamos más y nos dedicaríamos a hacer el bien en pensamiento, palabra y obra.


De los que en esta vida no les ha llegado la hora de contactar con una escuela seria de ocultismo, —con todo lo que eso conlleva respecto al desarrollo espiritual— la mayoría no se paran a pensar en que existen y tienen lo que tienen gracias a Dios y a toda la humanidad del pasado —puesto que todo lo creado y existente hoy es gracias a las obras y descubrimiento del pasado— y a la del presente que crean trabajo, cultivan alimentos y hacen que podamos vivir mejor. Pero el estudiante de ocultismo, y más aún el probacionista, saben esto así como que también debemos dar gracias a las otras creaciones y jerarquías que Dios ha creado y que colaboran con nuestro desarrollo. Si nos paramos a pensar y a meditar lo maravilloso que es vivir con amor hacia todo lo que nos rodea; vivir para ayudar al prójimo allá donde nos encontremos y por los medios que tengamos; admirar la belleza de la naturaleza; el valor de la buena música, el arte, la poesía; y los millones de personas de buena voluntad que hay en el mundo sean de la escuelas, secta o religión que sean. Entonces valoraríamos mucho más nuestra vida individual y nos dedicaríamos a hacer algo por los demás y a colaborar en la obra de Dios. No hay malas personas en el mundo son personas ignorantes de la verdad, son personas que vienen a ponernos a prueba o a hacernos comprender nuestros errores, son personas que no han llegado a nuestro nivel como nosotros no hemos llegado a otro y por eso no lo comprendemos; son personas que vienen a devolvernos el karma que en un pasado les hicimos a ellos; son personas, en definitiva, que nos ayudan o al menos así debe verlo el aspirante espiritual.

Francisco Nieto Vidal

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domingo, 24 de enero de 2016

¿A qué llaman Espíritus apegados a la Tierra?


¿A QUÉ LLAMAN ESPÍRITUS APEGADOS A LA TIERRA?

Tal y como hemos podido comprender en otros párrafos y capítulos de esta obra, el estado post-morten sigue unas líneas generales para todas las personas que abandonan el cuerpo físico, es decir, se abandona el cuerpo físico; se recopila la película de la vida pasada para llevárnosla al mundo de deseos gracias al cuerpo etérico; abandonamos el cuerpo etérico; tomamos la imagen del cuerpo físico pero en la materia del cuerpo de deseos que es en el que estaremos unos años en el Purgatorio y en el Cielo; y, por fin, abandonaremos también el cuerpo de deseos para llevarnos la esencia de las experiencias de la vida para que formen parte del Alma, esa conciencia que nos habla y nos advierte cuándo hacemos mal. Pues bien, en el caso de los apegados a la tierra no ocurre exactamente así, porque éstos están más tiempo del debido en las regiones inferiores del Purgatorio que se entremezcla con las regiones superiores etéreas del mundo físico. Dentro de este grupo de Almas apegadas a la tierra se podría hacer algunas divisiones porque el motivo por el que lo hacen no es el mismo para todos. 

Sabemos que las personas que fallecen están en las regiones etéricas del mundo físico en su cuerpo etérico, de deseos y mental entre 15 y 75 horas aproximadamente que es el tiempo que se suele necesitar (dependiendo de varias circunstancias como, por ejemplo, el tiempo que se pueda estar despierto, la duración de la vida y las molestias que le puedan causar las personas que haya a su alrededor) para grabar la película de la vida pasada en el cuerpo de deseos, y así luego pasar al mundo de deseos. Bien, hay personas que por determinados intereses materiales, vicios, pasiones, etc., se quedan durante un espacio de tiempo en estas regiones etéreas y éste puede ir desde unos meses hasta varias decenas de años. Recordemos que la región inferior del purgatorio, es donde se purgan las peores maldades, y que los mundos se compenetran mutuamente porque cuanta más elevada sea su vibración más sutil es su “materia” y por eso las regiones inferiores del mundo de deseos (purgatorio) se mezcla con las superiores de las etéreas del mundo físico.

Así es que esas Almas errantes que tan atraídos se sienten por lo terrenal se encuentran en el Purgatorio pero, a la vez, en las regiones etéricas gracias a su cuerpo etérico que no han abandonado. Cuando una persona ha sido verdaderamente mala, cuando se ven dominadas por el vicio, cuando disfruta haciendo sufrir, cuando se mete y se pierde en el mundo del espiritismo, cuando es inmoral y cuando se degenera hasta el punto de que en su vida pasada casi no ha habido expresión de su Alma, entonces no se produce la separación del cuerpo etérico y, al contrario, éste se ha endurecido y se ha amalgamado con el cuerpo de deseos. Esta unión y compenetración del cuerpo etérico y de deseos es llamado en el lenguaje rosacruz el “cuerpo del pecado” pero hay quien le llama simplemente demonio. Hemos dicho que el cuerpo etérico puede estar “vivo” (habitado por el hombre que acaba de morir) varios días, pero cuando se ha llevado una vida depravada y negativa como se ha dicho, este cuerpo se cristaliza y fortalece hasta el punto de aferrarse a la vida y mantenerse de las partículas etéreas de los cuerpo vitales de los humanos. Esto es así hasta el punto de que estos seres don asiduos de los lugares donde asista gente similar a ellas para absorber los vapores del estómago como si fueran vampiros de los éteres que mantienen vivo a los cuerpo. La “materia” más densa que utilizan en su cuerpo etérico son los dos éteres inferiores de su cuerpo etérico, pero a veces utilizan las partículas de la atmósfera para hacerse visibles.

Generalmente, tarde o temprano, llega el momento en que ese ser abandona ese cuerpo del pecado que él mismo ha creado, pero mientras tanto, ese ser malvado habita junto a nosotros mucho más cerca de lo que imaginamos, puesto que la materia etérica y de deseos compenetra la física. Estos seres (viciosos del sexo o de la droga, dictadores, machistas, terroristas, etc.) son más peligrosos que cuando vivían físicamente porque ahora son invisibles y tienen los medios o la capacidad suficiente como para incentivar a otros de similar naturaleza para que se comporten de una manera degenerada o depravada como ellos lo harían. Según estudios clarividentes, estos seres son causantes de accidentes, asesinatos, violaciones y otros hechos similares, actuando así tranquilamente porque saben que la ley no les puede hacer nada, y alegrándose enormemente cada vez que consiguen lo que desean. También hay que decir que solo abandonan a su víctima que manipulan cuando ésta se ve impedida para actuar. Esta podría ser la razón, o una de las razones principales por las que hay que abolir la pena de muerte. Ahora cabe preguntarse ¿cuántas de las personas que toman un arma y asesinan a un grupo de personas sin razón aparente, no ha podido estar influenciada por algún demonio de esta clase? 

Como ya mencioné cuando escribí el artículo sobre los contactos con los fallecidos en el más allá, quien practica el espiritismo como la oui-ja o la escritura automática, se arriesga a encontrar seres como estos, otros menos malos y otros “buenos”. Estos seres apegados a la tierra pueden producir los efectos llamados “poltergeist” e incluso aparecerse a los presentes y hacer otras muchas cosas gracias a la fortaleza y a la densidad de su cuerpo etérico. Por otro lado, según algunos estudios de clarividentes y según mi propia experiencia, también se hacen pasar por maestros espirituales cuando los que están haciendo espiritismo buscan el desarrollo espiritual. Lo que ocurre es que no se tarda mucho tiempo en comprobar que no son tales maestros. Pero, si se les dice que no se quiere nada con ellos, hacen que se enfadan y amenazan con abandonar u otros hechos similares que no vendría a cuento recordar por mi parte. Como se puede ver y como he repetido muchas veces, nunca se debería introducir nadie en el mundo del espiritismo ni de la mediumnidad porque se puede ver engañado, obsesionado, manipulado, etc. etc., a lo que habría que añadir (en muchos casos) la pérdida de la felicidad. Es evidente que cuanto más atrás en la historia más casos se podrían encontrar sobre estos cuerpos del pecado o demonios, puesto que el hombre estaba más atrasado y era más partidario de la guerra y de la venganza, pero todavía hoy se pueden dar muchos casos de éstos.

Lo que sí se puede afirmar es que todo el mal que siguen haciendo después de abandonar el cuerpo y gracias a ese cuerpo del pecado, tendrán que pagarlo en las regiones más bajas del Purgatorio, que bien podríamos llamar “infierno”. Pero esto no se queda solamente aquí porque cuando esa Alma se eleva al Cielo gracias al trabajo que sobre él hacen las fuerzas del mundo de deseos, se queda el cascarón de ese cuerpo de deseos y vital. Este cascarón no es como el de cualquier otra persona porque tiene una especie de conciencia individual gracias a las experiencias grabadas en el cuerpo etérico y en el de deseos. Es cierto que al no tener mente, este cascarón no puede pensar, sin embargo, el resultado de su vida física y de la post-morten apegada a la tierra, le han facilitado una astucia y una especie de instinto que le permitirá “vivir” de forma independiente durante, quizás, siglos. Como el comportamiento de esta persona ya en la tierra no fue nada espiritual y como el cuerpo del pecado empeoró la película de su vida, está claro que no tiene motivos para estar mucho tiempo en el segundo ni en el tercer Cielo, por eso sólo está el tiempo necesario para preparar un nuevo ambiente para su próxima vida y renace muy pronto para satisfacer esos deseos materiales y personales que tanto le dominaron y que debe terminar de superar.

Como enseña la filosofía oculta, cuando un Ego desciende para renacer otra vez en el cuerpo físico, atrae la parte kármica que se relaciona con su vida anterior y sus deudas con la humanidad, por tanto, el Cuerpo del Pecado se une al Ego (en su nueva personalidad) para hacer frente a su destino. Hay casos en que ese Cuerpo del Pecado apegado a la nueva personalidad ha sido ocupado por un elemental y eso hace que esa persona sea “diferente”. Otras veces los elementales ocupan el Cuerpo del Pecado y se valen de él para contactar con médiums llegando a ocurrir, a veces, que cuando el médium muere, le expulsan de sus cuerpos y los utilizan ellos valiéndose de las experiencias grabadas en los mismos. Esto, como es lógico, retrasa muchísimo el progreso de ese Ego. Es muy posible que todos conozcamos a alguien cuya voluntad sea débil y que, además, esté muy centrada en la vida física y en el materialismo. Estas personas que son casi autómatas y que ejercen poco la razón, la voluntad y la originalidad son las más fáciles de dominar por esos cuerpos del pecado y por los elementales.

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Pero estos no son los únicos espíritus apegados a la tierra, hay otros muchos, aunque no son un peligro tan notable. Las personas que se han suicidado son uno de los que pululan entre nosotros como lo hacen el drogadicto, el alcohólico, el fumador o el que deja riquezas que a nadie ha querido dar por su egoísmo. El caso del suicida se diferencia principalmente en un hecho del resto de los ejemplos, y es que éste ha adelantado el momento de su muerte. Nuestro cuerpo físico se construye según el molde etérico que los Ángeles del Destino depositan en el útero de la madre, y éste le construyen basándose en la vibración del arquetipo que crean las Jerarquías superiores (colaboradoras en nuestra evolución como nosotros colaboramos en la evolución de los animales) en el Segundo Cielo en el Mundo del Pensamiento. Esto significa que, a la hora de la muerte, la vida procedente del Espíritu y relacionada con ese arquetipo, se rompe en su conexión en el corazón para que el cuerpo etérico salga del físico y al cabo de unas horas comience también su descomposición. De este modo el Ego queda libre para ir al Purgatorio y al Cielo y después continuar hasta llegar a su hogar con la quintaesencia de la vida pasada. Pero, cuando una persona se suicida, lo que hace es forzar la ruptura en el corazón y la salida del cuerpo etérico del físico, con la diferencia de que al cuerpo de deseos se le une parte de los éteres inferiores (más densos) y de los gases del cuerpo, quedándose el suicida con un cuerpo astral muy materializado y muy sensible y susceptible a lo más bajo e inmoral precisamente por no tener el amortiguador cuerpo físico.

Porque una persona se suicide no elimina la vibración del arquetipo que existe en el Mundo del Pensamiento y que mantiene vivo el cuerpo físico, por tanto, suicidarse es como decir que no ha madurado lo suficiente como para recoger la cosecha de lo que debería ser su vida. Entonces, en el más allá, lo que hace es que sigue intentando hacer la vida de antes pero con las sensaciones del cuerpo físico aunque sin tenerle (hambre, sed, etc.) lo que le produce un fuerte dolor agudo en todo el cuerpo. La única solución que a veces encuentran los suicidas para calmar ese dolor es aspirar olores fuertes y muy condimentados. Es muy posible que en el caso de que la persona sea culta, moral y con anhelos e ideales elevados, sufra menos o tenga alguna ayuda. De todas formas, aunque se le puede ayudar hablándole (haciendo una programación de lo que le queremos explicar hasta dormirnos) mientras dormimos y orando por él para que nuestros pensamientos benefactores y auxiliadores sean como un guía y ayuda espiritual, no dejará de sufrir hasta que llegue la fecha prevista para su fallecimiento físico. Mientras el arquetipo vibre, estará intentado atraer materia para el mantenimiento del cuerpo pero como no tiene cuerpo físico no la atrae y el suicida tiene una sensación muy grande de hambre. El suicida, como cualquier otra persona, puede cumplir con el tiempo “programado” y morir cuando el arquetipo se colapse, puede alargar su vida si lleva una vida pura, o puede acortarla cuando desprecia las oportunidades y las posibilidades de progresar moral y espiritualmente. El hecho de suicidarse suele ser a casusa de no querer cumplir con sus deberes y responsabilidades pero el suicida no sabe que después de “morir” está más vivo que nunca y que es mucho más sensible a todo lo terrenal.

El estado de sufrimiento temporal de un suicida también es una oportunidad de aprender algunas lecciones. El suicidio es una manera de escapar o un acto de cobardía para no afrontar el destino, a veces, maduro e inevitable que la ley de consecuencia nos trae. Pero el sufrimiento mismo también hará que en la próxima vida no tenga el coraje necesario para volverlo a hacer y sí lo tenga para cumplir con su destino y para enfrentarse a sus problemas. Está claro que el sufrimiento no va a cambiar nada de lo que tenga pendiente como causa de su suicidio, por tanto, tendrá que volver a ver a las personas o a vivir las circunstancias del pasado para saldar deudas y fortalecer el carácter. Las leyes divinas son sabias y el suicida extraerá su adelanto de dicho sufrimiento, dándose cuenta de que lo que hizo fue un acto voluntario y por eso no puede culpar a nadie. Aunque no con la conciencia terrenal, somos nosotros quienes aceptamos el destino que nos ofrecen las Jerarquías Creadoras (en el mundo del pensamiento) de ese arquetipo, y como el arquetipo tiene vida (vibración y sonido) para determinados años seguirá intentando atraer materia para los cuerpos etérico y físico con la intención de mantenerlos vivos. Lo triste, además del sufrimiento y el dolor, es que tendrá la escena del suicidio siempre presente hasta que llegue el momento en que debía morir, y esto ocurre en la división inferior del Purgatorio. La única ventaja que se puede obtener es que durante esa estancia tendrá tiempo suficiente para estudiar y razonar profundamente los motivos del suicidio y así fortalecer su carácter y su voluntad.

El arquetipo vibrante situado en la región concreta del Mundo del Pensamiento, es el que atrae el material (de acuerdo con esa vibración) que, según su desarrollo espiritual, le pertenece para formar sus cuerpos. Pero como cada cuerpo también tiene un átomo-simiente que emite una vibración (como un diapasón) de acuerdo al arquetipo, resulta que el átomo simiente del cuerpo físico del suicida sigue vibrando con la intención de atraer materia y así lo seguirá haciendo hasta que cesen dichas vibraciones del arquetipo. Al no tener cuerpo físico, el suicida vive una especie de tormento o angustia que le hace sentirse como si le hubieran arrancado o sacado a la fuerza de su cuerpo físico.

La muerte no cambia a la persona fallecida y según sea la moral, los deseos e inclinaciones de ésta así podrá arrepentirse y purgar sus deudas o, por el contrario, continuar en esta parte inferior del Purgatorio apegado a los vicios y placeres o haciendo presa y mal a los vivos pero, es conveniente tener presente que “los molinos de Dios muelen muy lentamente pero lo hacen muy fino”. Cuando una persona muere asesinado o por accidente porque no ha tomado las debidas precauciones o porque ha sido víctima de un hecho sin mala intención, no ocurre como en el caso de los suicidas, sino que está en una especie de sueño temporal hasta que llegue la hora en que debía morir. El suicida es consciente se sí y de que le falta el cuerpo y por eso sufre al sentir intensamente la vida, lo cual solo puede calmar en algún grado gracias a las personas físicas y a los médiums. Visto desde el punto de vista de la materia, el arquetipo es un espacio vacío vibrante cuya nota-clave atrae la materia y los éteres para sus futuros cuerpos. El suicida está conectado con sus cuerpo de deseos al arquetipo y como tiene los átomos simientes o núcleos sobre los que se forman el cuerpo etérico y el físico pero no tiene esos cuerpos, tiene una sensación de estar hueco, lo que, como he dicho, se traduce en “un gran hambre”. El tiene materia a su alcance para atraer hacia su cuerpo físico pero como el átomo simiente, (que es el que debe atraerla) no recibe la vibración del arquetipo como cuando estaba en el cuerpo, no puede atraer la materia. 

El suicida suele tener ante su visión el propio suicidio durante mucho tiempo, lo que le hace sufrir, pero eso se grabará tan bien que si en una próxima vida se le mencionara algo sobre el suicidio, le entraría verdadero pánico. Con el asesinado, como se ha dicho, no ocurre lo mismo porque se le induce a una especie de coma, y si el asesino muere antes de que su víctima despierte y pase al Primer Cielo, sentirá la presencia de su víctima asesinada junto a él; de cualquier forma la presencia del asesinado acompañará al asesino durante su estancia en el Purgatorio. Si queremos evitar el apego a lo terrenal debemos analizarnos y ver si nos domina el hecho de acumular bienes o dinero, o si estamos dominados por el alcohol, el tabaco, etc. porque, si es así, significa que tendremos que sufrir por todo ello en la región más cercana posible a la tierra. Ningún deseo material ni personal puede ascender al Cielo.

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Otro caso en el que se quedan muy cerca de la tierra es el de los asesinos y terroristas puesto que esas acciones causan un “infierno” para ellos, con la particularidad de que si el asesino muere y su víctima está todavía en el Mundo de Deseos, se verá atraído por ella. Sí, ese es uno de los sufrimientos de estas personas que tanto dolor causan en la tierra, el asesino estará en presencia de su víctima o víctimas, las cuales pensaban que su asesino estaba muerto y que no le volverían a ver. Si el asesinado ha despertado del sueño o estado de coma a que se le sometió por no ser culpable de su muerte, también puede estar ante su asesino durante un tiempo pero luego deberá hacer su Purgatorio y su Cielo como cualquiera. Es muy posible que un asesino no sea asesinado en otra vida como efecto, pero sí es muy fácil que muera en algún “accidente” para que tome nada en su conciencia de lo que es verse privado de su cuerpo físico que tanto necesita para evolucionar en este mundo. En el caso de que el asesinado haya ascendido al Cielo, el asesino permanecerá junto al cascarón (cuerpo de deseos abandonado) también hasta terminar padeciendo, entre otras cosas, todo el sufrimiento que él causó a familiares y amigos del asesinado. Como es evidente incluso para los vivos, al asesinado le “programarán” una vida donde se le compensará las pérdidas sufridas por su asesinado.

En las regiones inferiores del Mundo de Deseos domina la fuerza de “repulsión” que es la encargada de desintegrar las formas negativas y de más baja vibración. Aunque la fuerza de “atracción” domina en las regiones superiores (cielo) también actúa en parte en el Purgatorio con la intención de atraer para que las formas crezcan, siempre dentro de un equilibrio. Esto significa que si la Ley de Atracción actuara plenamente en estas regiones inferiores atraería mucho mal que, a su vez, tendría que eliminar la Ley de Repulsión para que no reinara el mal. Así es que cuando un ser llega a la primera región con sus vicios y maldades que le atan a la tierra, debe purgar (eliminar de sí mismo) todo el mal y todos esos deseos y vicios, si no lo hace no podrá elevarse hacia el Cielo. El equilibrio se mantiene cuando dos maldades (una atraída y otra que está en fase de repulsión, se enfrentan por ser similares pero no idénticas en su naturaleza) se destruyen mutuamente. Pero en el caso de las personas que mueren dominadas por vicios, con pasiones por ciertas personas o cosas en la tierra, etc., sufren porque la ley de repulsión “extrae” el mal del cuerpo de deseos del fallecido cada vez que este desea apasionadamente algo y no lo puede obtener. Es cierto que los que tienen un vicio por algo para consumir pueden crearlo en el mundo de deseos pero ese producto nunca produce los mismos efectos que cuando lo consumían físicamente. Así el borracho creará alcohol etérico con cierta densidad pero no le emborrachará, el fumador intentará coger colillas físicas pero no podrá, y tanto unos como otros solo se pueden consolar asistiendo a lugares donde se fume y se beba para aspirar la atmósfera del local e incluso los gases de los estómagos de los allí presentes.

Los recién muertos que van al Purgatorio están vestidos con su cuerpo de deseos (con materia de los vicios, pasiones, maldades, etc. que han creado) y con éteres físicos y gases del mundo físico. Esta materia es la más grosera y se encuentra en la capa externa porque es la primera que debe ser eliminada por medio del sufrimiento hasta que el fallecido comprenda que esos deseos groseros no caben en esas regiones y que la Ley de Repulsión tiene que arrancárselo para que la de Atracción, que gobierna en el Cielo, haga su función. Como el sufrimiento en el Purgatorio no es continuo porque hay pausas, el hecho de tener esa materia grosera en la capa externa hace que el ser se sienta atraído hacia la tierra en busca de lo que aún le domina, y cuando hace esto vuelve a sufrir y a purgar sus defectos. Según va eliminando la materia de deseos grosera de su cuerpo estará capacitado para ascender a las regiones superiores donde completará su aprendizaje de que lo que le atraía en la tierra no sirve para anda en el Cielo. El hombre no puede ascender al Primer Cielo mientras no esté arrepentido del mal que ha causado, mientras no tome conciencia de ese mal, y mientras le quede algo de materia que esté en sintonía con las regiones inferiores.

Los Espíritus que están apegados a la tierra lo siguen estando allí porque el cuerpo de deseos (que no tiene sentidos físicos) tiene unos órganos de sensación sutiles pero poderosos que les permiten ver y oír con cada uno de sus átomos. Dense cuenta que los deseos, pasiones y demás emociones negativas que llevan al hombre a crear un vicio que le llega a dominar, no pertenecen al cuerpo físico sino al cuerpo de deseos por eso es el cuerpo de deseos el que los contiene en su materia y es el hombre el que sufre cuando se deshace de esa materia por no poder obtener lo que desea. Vemos así cómo ningún drogadicto, malvado o alcohólico puede ascender al Cielo y cómo no hay un Dios castigador y creador de purgatorios e infiernos. Solo el hombre crea esos estados de conciencia con su maldad y sus vicios. Esto es tan simple de entender como que el muy dominado (por ejemplo por el sexo) que desea satisfacer su pasión de la forma que sea, más sufrirá; mientras que el fumador que cuando murió ya casi no fumaba y controlaba en parte su vicio, apenas sufrirá porque superará el deseo rápidamente. Esta clase de apegados a la tierra lo tienen más fácil que el suicida o el asesinado porque cuanto antes se den cuenta del mal que se están haciendo y el karma que se están creando para la próxima vida, (pruebas y tentaciones para ver si lo han superado) antes dejarán el lastre del mal que les aprisiona en esas regiones. 

No quiero entrar en otros aspectos y entidades que se pueden ver relacionadas con un alcohólico o vicioso de cualquier cosa porque sería muy largo de explicar, pues, en el mundo del Deseo hay muchas clases de entidades y algunos de ellas pueden hacer de tentador ante cualquier debilidad del hombre. ¡Cuánto mal nos evitaríamos si fuéramos conscientes, (por medio de la observación de nuestros cuerpos de deseos y mental) de cómo sentimos y pensamos en cada aquí y ahora! Siempre tenemos la voluntad y el libre albedrio para imponerlo sobre los deseos y sobre los hechos terrenales e inclinarnos sobre lo positivo y espiritual en vez de sobre la negativo y sobre la maldad, tan solo necesitamos observarnos y decidir. La ignorancia y la falta de razonamiento llevan al pecador al Purgatorio, pero la inteligencia y la razón le hacen discernir y comprender lo que es verdaderamente útil para el Alma y lo que no.

Francisco Nieto

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¿Puede el Ser Humano renacer como animal?


¿PUEDE EL SER HUMANO RENACER COMO ANIMAL?

Para responder a esta pregunta es necesario explicar primero a qué llamamos animal y quién es el ser humano. Todo en el universo evoluciona y por eso podemos ver cómo hay minerales tan variados; plantas que se alimentan de rocas, tierra, de otro vegetal o incluso de insectos; animales que van desde lo más salvaje a lo doméstico y desde tener un instinto de supervivencia a mostrar ciertos sentimientos e inteligencia similar a los humanos. Esto último se relaciona con la evolución de la vida en la materia o cuerpos pero no respecto a la conciencia puesto que, respecto a ésta, el mineral es el más inconsciente mientras que el ser humano tiene conciencia de sí mismo, lo que el animal (al igual que ocurre con la mente) no la tiene aún. La vida que anima a los reinos y a todo ser viviente en el sistema solar procede de Dios y es sólo una diferenciada de Dios mismo para que, más tarde y como individualidades, puedan desarrollar los poderes latentes de Su Creador que llevan latentes. Así, la vida se encuentra más limitada en su expresión en el reino mineral y, en lo que a nuestro planeta se refiere, más libre, con voluntad propia y conciencia de sí misma como Alma en el ser humano.

Pero, para llegar a humano, esa vida ha pasado por el aprendizaje de construir formas geométricas gracias a la cristalización como mineral; luego pasó a construir un organismo vivo y expresivo, aunque mínimamente, como vegetal; después construyó organismos animales para renacer en muy variadas especies donde desarrolló sentimientos, emociones, deseos, instinto y algo de inteligencia en las especies más domésticas. Una vez que la vida evoluciona en cuerpos de animales domésticos acelera su evolución, también con la ayuda del hombre, hasta que llega el momento de que esa vida se individualiza como un ser gracias a las experiencias adquiridas y está lista para renacer como humano. Desde el punto de vista de la conciencia y de los vehículos de expresión que esas vidas tienen diré que:

1º.- El mineral tiene un solo cuerpo físico y una conciencia profunda. 

2º.- El vegetal tiene un cuerpo físico y otro etérico y una conciencia similar a la de nuestro sueño sin ensueños.

3º.- Los animales tienen un cuerpo físico, un etérico, y uno de deseos o emocional, y una conciencia similar a la de nuestros sueño con ensueños.

4º.- El ser humano tiene los mismos cuerpos que el animal, más la mente y la conciencia de vigilia y de sí mismo como un Yo.

Hay, por tanto, dos grandes diferencias entre el animal y el hombre, una que la mente en el hombre ha hecho que se desarrolle la voluntad, el libre albedrío y la razón; y dos, que también como fruto de la evolución, la vida y la conciencia del hombre son individuales e independientes.

La vida del animal es parte de una vida grupal o Espíritu-grupo (como la de una célula es parte de la nuestra) y está dirigida por un Arcángel. Esa vida que aprende de las experiencias como, por ejemplo un tigre, irá acumulando experiencias en especies similares hasta que termine como gato doméstico expresando ciertos sentimientos, deseos y emociones como los humanos. Pero, como parte de un grupo, esas experiencias benefician a toda la especie a través de dicho Espíritu-Grupo, lo que no ocurre en el hombre que ya ha desarrollado su propia conciencia para que se exprese un Espíritu individual. Podríamos decir que lo mismo que el genio (por ejemplo Mozart) es el fruto de renacer varias vidas como humano desarrollando esas habilidades, el instinto animal y sus expresiones casi humanas son fruto de la memoria de las experiencias acumuladas en ese Espíritu-Grupo. El aspecto “hombre” o “humano” de nuestro Espíritu está situado en el Mundo del Pensamiento y el Espíritu-Grupo de los animales también, por eso nosotros tenemos nuestra propia mente y ellos la adquirirán (crearán un cuerpo mental para expresarse como una vida individual) en un futuro gracias a las experiencias en las especies y a nosotros. Pero eso no ocurrirá hasta que gran parte del reino animal esté listo como cuando nosotros la adquirimos hace millones de años por medio de las impresiones y experiencias y gracias a la ayuda de otras Jerarquías.

Lo mismo que el hombre evoluciona desde lo más salvaje hasta tener una moral y una inteligencia que le hacen ser totalmente diferente a los demás incluso en sus fisonomía, en sus huellas y en la sangre, así los animales se van humanizando y especializando, y van expresando cada vez más características propias de la especie y de la familia humana. De forma parecida al niño genio o prodigio que necesita estar varias clases por encima de la que le corresponde por su edad porque si no se abure en el colegio, así la vida de un animal se individualiza para renacer ya como humano cuando ha adquirido cierto progreso también por medio de la asimilación de las vibraciones que le llegan de los sentimientos y pensamientos humanos. La vida que anima toda una especie de cualquier animal es la vida que dirige el Espíritu-Grupo y que algún día estará preparada para dividirse en individualidades que comenzarán a desarrollar la voluntad y la razón, mientras que la vida del hombre está individualizada y ya es libre, por eso es responsable de su actos y tiene que rendir cuentas ante la Ley de Consecuencia y pasar por el Purgatorio y por el Cielo. El ser humano tiene un cuerpo de deseos compuesto de materia de todas las divisiones del Mundo de Deseos según sean de espirituales o malvados sus deseos y sentimientos o lo contrario, sin embargo los animales suelen tener materia de deseos de las regiones inferiores y los domésticos también algo de las superiores. Nosotros alcanzamos el Mundo del Pensamiento después de la muerte del cuerpo físico y de pasar por el Purgatorio y por el Primer Cielo para asimilar el resultado de la vida pasada y preparar la próxima, mientras que los animales no pasan del Mundo de Deseos (por que no tienen mente) y no pueden hacer ningún trabajo individual para su próximo renacimiento porque no existen como tal en ese mundo.

El Espíritu-Grupo del animal se encuentra en las regiones superiores del Mundo del Pensamiento, mientras que nuestro Ego, ya individualizado, ha alcanzado en su descenso hacia la manifestación las regiones inferiores del mismo mundo gracias a la adquisición de la mente. Es decir, la inteligencia o instinto del animal procede del Espíritu-Grupo mientras que la nuestra procede de nuestro propio cuerpo mental gracias al cual somos conscientes en el mundo físico por medio del cerebro y de los sentidos. De aquí que al no tener el animal un Espíritu individual no haya podido entrar totalmente todavía en un cuerpo físico y por eso se dice que el ser humano tiene un Espíritu interno. El hombre tiene todos sus cuerpos centrados internamente en el cuerpo físico, mientras que el animal los tiene parcialmente fuera, (sobre todo la cabeza) y por eso y al no tener un cerebro humano, el hombre no podría expresarse en un cuerpo de animal. Solamente algunos animales domésticos como, por ejemplo el caballo, podrían manifestar cierta inteligencia o razón si su cabeza etérica estuviera interiormente centrada en la física. En sentido contrario, como tienen su conciencia de sueños con ensueños, ellos pueden ver el Mundo de Deseos y nosotros no hasta que nuestra propia evolución nos permita ser conscientes allí. Por este motivo los animales ven a los habitantes de ese mundo y a los fallecidos (como les ocurre a los niños) y siguen comportándose con éstos como cuando estaban vivos en la casa.

Si aplicáramos la teoría errónea del renacimiento del hombre en animal a la teoría del renacimiento, veríamos que tan absurdo sería hacer sufrir a un animal por el mal karma que hizo en su anterior vida un humano, como hacer pagar a éste una serie de deudas por el mal que, por ejemplo, un lobo causó a los dueños de las ovejas que mató. Solamente, en mi opinión, un humano puede tomar un cuerpo de animal cuando es tan depravado y malvado que, por hacer mal, no le importe estar aprisionado en ese cuerpo como en los casos mencionados en el Nuevo Testamento en que Cristo expulsó a los espíritus que habían obsesionado a los animales. El verdadero ser es un Espíritu que, gracias a la evolución, ha adquirido una serie de cuerpos y que por medio de su progresiva perfección (Cristo dijo que teníamos que ser perfectos como nuestro Padre lo es) irá despertando sus poderes espirituales latentes para hacerlos dinámicos. Pero, como es evidente, nadie puede alcanzar la perfección de Dios en una sola vida, por tanto, debemos adquirirla gracias al renacimiento en cuerpos cada vez más elevados en sentido moral, intelectual y espiritual pero no yendo marcha atrás y haciéndolo en animales.

Si un salvaje no puede renacer en un cuerpo cuya vibración es superior a la que le corresponde según la evolución adquirida como conciencia, menos puede ocupar un Alma desarrollada moral, intelectual y espiritualmente el cuerpo de un salvaje de un renacimiento a otro. El ser humano se puede degradar progresivamente y en varias vidas hasta parecer un salvaje pero seguirá teniendo su mente y su voluntad propia que adquirió en el pasado, haga buen o mal uso de ellas. El salvaje tiene que espiritualizar su carácter progresivamente y en sucesivas vidas, pero nunca puede pasar de salvaje a Alma humana desarrollada en una sola vida. Por tanto, menos razón de ser tiene que se afirme que un ser humano renace en un cuerpo de animal una vez que ha adquirido su mente y su voluntad como tal. Lo mismo que no podemos hacernos recién nacidos para entrar en el vientre de nuestra madre, tampoco podemos ir en contra de la evolución y renacer en cuerpo de animales perdiendo así unos derechos adquiridos tan importantes como la conciencia de sí mismo, la voluntad y la razón.

Francisco Nieto

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