viernes, 22 de enero de 2016

¿Por qué siendo espíritus hemos tenido que descender a estos Mundos Inferiores para sufrir?




¿POR QUÉ SIENDO ESPÍRITUS HEMOS TENIDO 
QUE DESCENDER A ESTOS MUNDOS INFERIORES PARA SUFRIR?

Si, como dice la Biblia, tenemos que “ser perfectos como nuestro Padre que está en los Cielos es perfecto” y si “podemos hacer las obras que Cristo hizo y mayores aún”, está claro que eso no se puede conseguir en una sola vida. Según nuestro conocimiento actual, para conseguir esa meta deberíamos, al menos, superar nuestro peor enemigo que es la ignorancia y obtener todo el conocimiento y sabiduría para aplicarlo y desarrollar la mente y la voluntad a la vez que perfeccionamos nuestros diferentes cuerpos. Por estas razones tuvimos que individualizarnos y cumplir el Plan previsto por Dios, donde entra la Ley de Consecuencia y la del Renacimiento. Al igual que los niños que asisten a clase, estas leyes hacen que evolucionemos y que cada vida sea superior en sentido físico, moral, intelectual y espiritual. Por tanto, la vida física es una escuela necesaria para que el Espíritu (omnisciente y omnipotente en su propio mundo pero ignorante de sí mismo y de los mundos inferiores) se individualice conscientemente y desarrolle sus poderes a través de las experiencias. De ahí que se diga que hay Espíritus jóvenes que han renacido poco y están más atrasados, y otros más veteranos porque han renacido mucho y han experimentado durante más tiempo en el mundo físico. Y por eso mismo también hay hermanos nuestros que van mucho más adelantados que el común de la humanidad y ya no necesitan renacer y se han convertido en guías de todos nosotros. Es un error pensar que estamos aquí en contra de nuestra voluntad ni que esto sea un capricho de Dios y menos aún que Dios ponga a unos para que nazcan en un lugar y familia privilegiada donde no les faltará de nada y sean felices, y a otros lo contrario. Nosotros debemos ser el capitán de nuestro barco y dominar nuestras circunstancias por medio de la buena voluntad y de la razón. Nuestra vida actual es el resultado de la vida anterior, las buenas obras del pasado se convierten en bendiciones mientras que los errores lo hacen en sufrimiento y limitaciones 

El ser humano actual no ha llegado a ser tal gracias a un simple desarrollo o evolución, para ser ese ser físico, senciente y pensante ha tenido que hacer un descenso (involución del Espíritu en la materia) para poder adquirir sus diferentes cuerpos de expresión, pues si los hubiera tenido no hubiera hecho falta descender. Además, la materia de la que están compuestos dichos cuerpos no puede existir en esos mundos espirituales lo mismo que no puede estar presente la materia física en los sueños. La materia de estos cuerpos procede de la materia de los mundos que han sido creados antes a tal fin y cuyo origen está en la “materia original” (Espíritu) de donde procede todo lo creado. Por eso se dice que el Espíritu hizo una involución a través de los mundos para adquirir sus cuerpos y ahora está comenzando a ascender por el arco evolutivo ascendente perfeccionando dichos cuerpos y desarrollando la conciencia y la voluntad. Pero tanto en la involución como en la evolución también están presentes otros dos aspectos importantes para que el hombre alcance su meta, uno es la evolución de las formas físicas (el Espíritu va creando y habitando cuerpos cada vez más perfectos para luego extraer el mayor beneficio de ellos en los diferentes mundos) y el otro es la capacidad de crear causas nuevas que facilitan progreso independiente y poderes creadores espirituales.

Cuando el Espíritu, inconsciente de sí mismo, comienza su descenso para la creación y adquisición de sus cuerpos con la ayuda de otras jerarquías más avanzadas (que es algo parecido a decir que cuando el recién nacido –inconsciente de sí mismo- comienza a crecer, a aprender y a trabajar con la ayuda de sus padres) su conciencia es interna y no es consciente de lo que ocurre fuera porque está centrado y usando su fuerza creadora en la construcción de sus cuerpos. A alguien le puede parecer extraño pero si digo que esa fuerza es la misma que utiliza ahora para crear todo lo que nos rodea externamente, lo entenderá. Era necesario que el Espíritu construyera las formas o cuerpos de diferente clase de materia de los mundos mientras involucionaba (como todavía lo hace) para luego entrar en ellos a modo de evolución y así despertar o ser consciente en esos mundos; pero esa obra no hubiera podido conseguirse si no fuera por la capacidad de crear originariamente que llamamos “epigénesis”. El fin de la evolución es hacernos dioses creadores como nuestro Padre que nos diferenció de Él temporalmente con el fin de que lo consigamos gracias a los diferentes cuerpos, mundos y experiencias en ellos, es decir, al desarrollo de nuestros poderes latentes que como hijos de Dios tenemos. Pero hasta no hace mucho hemos sido ayudados y guiados, por tanto, si queremos ser como Hércules, debemos superar las pruebas solos y aprender de nuestros errores y por medio de la epigénesis ya que, imitando las formas ya creadas, no podemos progresar ni hacernos dioses creadores.

Luego entonces, si tuvimos que descender para hacernos conscientes de nosotros mismos como individuos (gracias a la obtención de los diferentes cuerpos que velaron la conciencia del Espíritu) y una vez alcanzado esto, está claro que debemos aprender a ser creadores aquí, ahora desde un cuerpo físico, y en un futuro desde los otros cuerpos y mundos hasta que alcancemos de nuevo el propio mundo de Dios siendo ya capaces de ser como Él lo era cuando nos creó. Las formas o cuerpos creados en el descenso están siendo perfeccionados ahora y seguirá siendo así hasta que se corrijan todos los errores (como un inventor pone a prueba una máquina) y se despierten todos sus poderes latentes procedentes del propio Espíritu. Es la vida individual procedente del Espíritu la que ese abre camino entre las formas y cuerpos físicos para manifestar su naturaleza divina; lo que aparentemente somos es sólo una personalidad temporal que termina desapareciendo. Como he dicho, lo mismo que un niño no puede hacerse responsable de los asuntos de su padre, otros seres que van mucho más adelantados que nosotros, fueron los que nos facilitaron la manera de obtener los futuros cuerpos (cuando aún éramos inconscientes de nosotros mismos) y de despertarnos ciertos aspectos del Espíritu como base de la futura evolución individual. Estos Seres y otros que vinieron en nuestra ayuda después, fueron los artífices de que esa vida evolucionante se convirtiera en un Yo humano. A partir de desarrollar la mente y de manifestarse la conciencia individual, nosotros nos hacemos cargo de nuestra propia evolución y nos ponemos en el puesto de esos elevados Seres externos para trabajar sobre lo interno.

Sin embargo, nuestro origen es el creador de nuestro sistema solar, Él nos facilitó todos los medios para adquirir la conciencia individual actual igual que una madre cuida y alimenta a su hijo hasta que éste puede valerse por sí mismo. Sin Él nada seríamos ni nada podríamos hacer porque la parte está en el Uno y el Uno en la parte. Lo mismo que se pueden concentrar un sinfín de rayos de luz del Sol en un solo punto gracias a una lupa, así tenemos nosotros todas las posibilidades (como dioses en formación) y poderes de Dios latentes en nosotros mismos como Espíritus. La evolución de la conciencia conlleva la proyección de una imagen para después percatarse de ella, así es como se toma conciencia de uno mismo y se diferencia la individualidad de la personalidad. Por consiguiente, la individualidad y la personalidad se distinguen de acuerdo a las etapas de desarrollo, es decir se refieren al tiempo y no a la forma. Lo que en cada vida desarrollamos como personalidad después se hace parte de la individualidad que es quien en realidad evoluciona y despierta sus poderes latentes para convertirlos en dinámicos. De aquí que fuera necesario descender a los mundos como Espíritus para crear la personalidad y tomar conciencia de ambas para luego extraer la quintaesencia de las experiencias de la personalidad (el hombre)

Debe haber un intercambio de fuerzas e influencias entre el Ego y la personalidad si queremos que el Ego evolucione hacia su meta que es Dios. Dentro de esa distinción que hubo que hacer (individualidad-personalidad) una vez en la Tierra y a partir de obtener la mente, es necesario entender que, aunque vida y la conciencia es lo mismo, se produce una distinción cuando se observa como personalidad terrenal. Cuando nos fijamos en nosotros mismos nos vemos como una vida en la forma, y cuando nos reconocemos como un yo o “sí mismo” nos vemos como conciencias que se expresan por diferentes medios. Naturalmente que esto también influye en la visión que tenemos de los demás respecto a nosotros como individuos, lo que no deja de ser otro motivo por el que tuvo que descender el Espíritu. Como ejemplo de lo que estamos hablando diríamos que algún día se acabará con la dualidad que ahora somos como ocurre entre dos renacimientos cuando la personalidad desaparece y se queda el Ego solo con el resultado de todas sus anteriores vidas (resultados o quintaesencia no experiencias) Fue necesario el descenso del Espíritu para que se creara el hombre y se hiciera consciente de que su conciencia está limitada, de que hay una diferencia entre el Espíritu y la materia aunque su origen sea el mismo, y que la vida habita en la forma pero no es ella. No hay Espíritu sin materia como tampoco materia que no esté animada por el Espíritu, ambos son polos opuestos pero ambos están íntimamente relacionados en una única unidad. El Espíritu tuvo que verse limitado por la materia de los mundos donde evoluciona como personalidad para así obtener la conciencia de sí mismo, que no es otra cosa que una pequeña parte de la conciencia de Dios especializada de forma individual en los mundos inferiores.

Cada uno de nosotros, como una unidad de conciencia separada, somos iguales a nuestro creador en esencia, aunque no en grado evolutivo. Para perfeccionarnos y desarrollar los poderes del Espíritu debemos sacrificarnos en este mundo de sufrimiento con la intención de hacernos dueños de nuestros vehículos y auto-conscientes de nuestros poderes. Debemos pasar de dioses estáticos a Dioses dinámicos. De hecho, Dios manifiesta “voluntad” al diferenciarnos de Él como una forma de expresión y de evolución para Él Mismo, y esa misma voluntad también la tenemos nosotros y es la que nos llevó a descender y nos lleva a evolucionar de vuelta a nuestro seno del Padre. Si para que el Espíritu se olvidara de su omnipotencia y se encontrara a sí mismo hubo que encerrarle en varios cuerpos de diferente grado de materia, es obvio que la evolución trate de liberarle a sí mismo de esa prisión para convertir esos cuerpos en Almas y obtener el pleno poder del Espíritu. Es cierto que sufrimos aquí pero ese sufrimiento es fruto de los errores igual que el niño los comete en un examen de matemáticas hasta llegar a suspender; lo que hace que se interese más y ponga más atención. Por consiguiente es más acertado decir que estamos en una escuela de aprendizaje y desenvolvimiento que no en una tierra de sufrimiento. Por otro lado y puesto que al separarnos Dios de Él, tenemos todos sus poderes latentes (ahora creamos físicamente, con la palabra y con el pensamiento) no sería correcto ni estaría dentro del Plan de Dios que dejáramos de experimentar y de aprender para crear según nuestro libre albedrío porque, al no ser perfectos, crearíamos egoístamente y más cosas malas que buenas.

El hombre ha ido descubriendo y utilizando su inteligencia para crear gracias a las fuerzas de la naturaleza (instrumentos o máquinas que funcionan con agua o con aire, la electricidad, transmisiones por medio del éter, etc.) `por tanto, el hombre está destinado a descubrir y a utilizar fuerzas casa vez más sutiles y de más poder. Pero llegará el momento en que el hombre tendrá que buscar en su interior hasta encontrar una fuerza mayor que todas esas. Las emociones son fuerzas que pueden dominar y agotar a una persona, los pensamientos también lo son y pueden dominar a las emociones, por eso se dice en ocultismo que esas fuerzas son algunas de las que aún nos quedan por descubrir y dominar junto a otras del Alma. Como escuela de desarrollo que es al tierra tendremos que observarnos, analizarnos, discernir cómo sentimos y pensamos, etc. para contrarrestar lo negativo mientras desarrollamos la fuerza del Espíritu. Algún día nuestros pensamientos y nuestras palabras tendrán vida propia y no llevarán consigo el error ni la mentira.

Para poder ser individuos conscientes de nosotros mismos debemos trasmutar la conciencia en auto-conciencia para así poder distinguir lo irreal de lo real o lo objetivo de lo subjetivo. Si no hubiéramos descendido hasta el mundo físico para obtener un cuerpo físico no seríamos capaces de distinguir esas diferencias y tampoco tendríamos claro lo que es ser conscientes de un impacto externo sin tener aún la conciencia del yo que reconocer ese impacto siendo autoconscientes de nosotros mismos. Es decir, no es lo mismo que un bebé registre en la memoria como placer el hecho de alimentarse de la leche materna que ser consciente de que tiene hambre y alimentarse voluntariamente. Cuando estábamos descendiendo al mundo físico éramos como el bebé y después comenzamos a ser como somos ahora. Es el hecho de hacernos conscientes del mundo físico y de saber que nosotros no somos lo que nos rodea lo que nos va separando de todo ello y nos va haciendo individuos humanos sin recuerdo de nuestro origen como Espíritus. Entonces, esos impactos externos sobre la conciencia son los que causan dolor, placer, sentimientos, deseos, etc., que, a su vez, hacen que pensemos que somos todo eso o la mente a lo sumo.

Esos deseos y esa mente (hace millones de años) fueron los que nos volvieron egoístas y materialistas hasta no saber nada de nuestra naturaleza espiritual. Es ahora cuando estamos aprendiendo a discernir y a utilizar la mente como respuesta al sufrimiento que nos viene como consecuencia de la ignorancia y de los errores contra las leyes divinas y cuando estamos aprendiendo a actuar en sentido ascendente. Una vez enfocada nuestra conciencia en el mundo físico, y en el cerebro físico (lo que nos sirve para conocer, desear, actuar, etc.) es cuando debemos trabajar internamente de nuevo (como hace millones de años) pero siendo auto-conscientes y con la voluntad y el libre albedrío propio para buscar el Espíritu. Todavía nos queda evolucionar hasta ser auto-conscientes en los dos próximos mundos de igual forma que lo somos aquí en el físico. Después continuaremos evolucionando con una conciencia mucho más amplia hasta completar el recorrido ascendente por los cinco mundos donde habremos aprendido a:

1º.- Crear formas físicas (como hacemos ahora)
2º.- Dar vida a esas formas físicas.
3º.- Dar el poder de desear y sentir.
4º.- Dar el poder de pensar. 
5º.- Hacer que esas formas pensantes sean capaces de crear como nosotros.

La vida es una gran escuela donde hay alumnos de muy diversos grados, éstos se han dividido en clases según su adelanto, su poder de adaptación y su esfuerzo (razas y subrazas) Algunos que han aprendido todas las lecciones que se pueden aprender en el presente estado de desarrollo están a punto de pasar a otros niveles superiores como otros ya lo han hecho, otros más negligentes y perezosos se han quedado más rezagados y tardarán más en pasar por todas las razas hasta que aprendan a aprovechar todas las oportunidades; estos están obligados a renacer una y otra vez hasta que se pongan al mismo nivel que la mayoría. Así, los que han perdido oportunidades aún pueden alcanzar a los primeros y éstos últimos aún pueden rezagarse temporalmente. Unos obtienen un Cielo temporal mientras que otros obtienen un Purgatorio pero todos, de una manera u otra, nos salvaremos porque “en Dios vivimos, evolucionamos y tenemos nuestros Ser. Todos seremos absorbidos por el Espíritu de Dios, sea en un ciclo de manifestación o en otro, sea como individuos del presente o sea como individuos de un futuro lejano. 

Francisco Nieto

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en audio  
you tube 



Corresponde a la Conferencia titulada 

¿Por qué siendo Espíritus hemos tenido que descender a los mundos inferiores para sufrir?
"Conferencia impartida por un admirador de la Fraternidad Rosacruz de Max Heindel"
Francisco Nieto

vídeo, desde aquí





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¿Por qué no recordamos las Vidas pasadas?


POR QUÉ NO RECORDAMOS LAS VIDAS PASADAS

Si enfocamos esta pregunta a través de lo que representa el tiempo podríamos afirmar con toda rotundidad que es lógico que no nos acordemos puesto que nos cuesta acordarnos de lo que hicimos en el pasado según van pasando los años. Si respondemos a esta pregunta a través del aspecto físico de nuestro cuerpo podríamos asegurar también que no las recordamos porque hoy no tenemos el mismo cuerpo ni el mismo cerebro que tuvimos hace aproximadamente mil años. Pero si lo enfocamos a través del esoterismo tendríamos que decir que la memoria de las vidas pasadas no se encuentra en el cerebro ni en el tiempo sino en el Espíritu y en la Memoria de la Naturaleza del esquema evolutivo donde nos encontramos como Espíritus evolucionantes. Todos sabemos que hay veces que queremos recordar algo que ha ocurrido no hace mucho tiempo y no podemos pero que, si dejamos la pregunta en el aire con la confianza de obtener la respuesta, ésta nos vendrá por sí misma. Eso suele ocurrir respecto a los hechos de una misma vida, sin embargo, también se han dado casos “extraños”, pero reconocidos por la ciencia, en que una persona ha recordado hechos de ella misma en lugares donde no ha estado en su presente vida, (hechos de la infancia de una vida anterior) y otros donde una persona, en estado de hipnotismo o a punto de morir, han hablado idiomas antiguos o que no habían estudiando nunca. Está claro, pues, que en estos casos no estamos hablando de grabaciones en el cerebro de la presente vida sino de un aspecto o memoria de la mente del Espíritu que bien podríamos llamar supra-conciencia.

Lo que definimos normalmente como memoria, que no es otra cosa que la facultad de responder a las vibraciones que son similares a las ya experimentadas, se acaba con la muerte quedando guardadas las experiencias en un átomo-simiente que nos llevamos para extraer de él la quintaesencia que nos permitirá desarrollar la conciencia de cara a la siguiente vida. La verdadera memoria pertenece al Espíritu y no se parece en nada a la terrenal, de hecho, es posible que no supiéramos cómo actuar si nos viniera a la consciencia humana todo lo guardado desde que nos hicimos humanos. A su vez y de forma similar a lo que ocurre con las células de nuestro cuerpo respecto a nuestra consciencia, nuestra conciencia, como Egos, está integrada y es parte de la conciencia de Dios. Por tanto, sólo elevando nuestra conciencia hasta donde están guardadas las experiencias del pasado de toda la humanidad podremos ser conscientes de la única y verdadera memoria de nuestro plan evolutivo y de nosotros mismos como seres reencarnantes. Esto es una manera de explicar estos conocimientos para que la mente lo entienda porque, en realidad, la memoria de todo el pasado, presente y futuro está en la conciencia siempre presente de Dios. Por eso y porque la memoria de Dios es eterna en Su “Ahora”, no podremos recibir imágenes de ella hasta que elevemos la vibración de nuestros cuerpos de tal forma que estén en sintonía con las regiones superiores del Mundo del Pensamiento. La elevación espiritual o vibracional que alcanzamos en cada vida gracias a la purificación, y al desarrollo que obtenemos en el Purgatorio y en el Cielo, nos permitirá en algún momento de nuestra evolución ver ciertas imágenes en los éteres del cuerpo etérico, pero esas imágenes nunca serán como las que se observan en el Mundo del Pensamiento. 

El recuerdo es parte de la conciencia, lo que significa que si no recordamos un hecho determinado es porque somos inconscientes de él, o sea, no estamos conectados a ese hecho del pasado por el aspecto sensitivo de la conciencia. Aplicado esto al recuerdo de otra vida significa que no hay que buscar en el cerebro sino en el propio Ego porque es en su conciencia (además de la memoria de la naturaleza) donde están grabados todos los hechos de las anteriores vidas. Sí, el cerebro es materia física y esta materia no nos serviría de nada si no estuviera conectada con la mente y si ésta no tuviera una relación directa (como medio de enfoque hacia el mundo físico) con la conciencia del Ego o Yo superior. Por consiguiente ¿Cuál es el problema? pues el hecho de no ser conscientes en el mundo donde se encuentra la memoria de la naturaleza, o lo que es lo mismo, no ser conscientes de nosotros mismos como Espíritus. Solamente cuando el desarrollo espiritual del hombre alcance esos niveles que, según la filosofía oculta, se encuentra en la región intermedia del Mundo del Pensamiento, podremos obtener el recuerdo de todas las vidas pasadas porque las tenemos en nosotros mismos como Espíritus. Alguien puede preguntarse que por qué algunas personas han recordado algo, a lo que responderé que ha sido por medio de los cuerpos invisibles y superiores que están conectados con el físico y, por tanto, con el cerebro, sólo así se puede obtener cierta información de vidas pasadas pero no toda.

El acceso a la memoria de vidas pasadas solo se obtiene cuando se van purificando los diferentes cuerpos y se va espiritualizando el carácter porque ese es el único medio de conectar con el propio Ego, sin embargo, como hay un átomo-simiente en cada cuerpo que es el que está presente en todas las vidas, y hay otros éteres (fruto de la espiritualización) que están formando un vehículo para el Alma, es posible que algunos aspirantes espirituales recuerden algunos hechos del pasado. Vemos, pues, que no se trata de la imposibilidad de recordar, puesto que el cuerpo físico actual no ha estado en otras vidas, sino que se trata de la imposibilidad que tiene el hombre común de desarrollar esa sensibilidad que le capacita para hacerse uno con la conciencia de su Espíritu. Las personas normales, o sea, la mayoría, somos conscientes del mundo físico pero no lo somos de los mundos relacionados con nuestros deseos, emociones, y pensamientos, sin embargo, hay personas que son clarividentes y capaces de moverse conscientemente por esos mundos gracias a que han desarrollado los “sentidos” para ello. Para entender el problema que estamos planteando, pues, hay que tener claro que mientras no seamos capaces de estar “en conciencia” en esos cuerpos y mundos, no tendremos la oportunidad de recordar nada de otras vidas; sólo así podremos ser conscientes de ello a través del cerebro. Se puede entender perfectamente que mientras la materia física y emocional de nuestra vida y de nuestros cuerpos no esté en sintonía vibracional con el observador y pensador (el Ego) no podremos recibir en el cerebro nada de lo que buscamos.

Tanto respecto a esta pregunta como a otras muchas, la única teoría que explica razonablemente estas dudas es el renacimiento, puesto que el hombre de una vida no es el hombre de la siguiente pero sí lo es su Espíritu, el recopilador de las experiencias de todas ellas gracias a las cuales va creando el puente que unirá al hombre con su origen espiritual. Como ejemplo bien podríamos decir que recordar las vidas pasadas es elevar nuestra conciencia hasta el lugar donde se encuentran esos recuerdos, que es como decir que el animal doméstico no será consciente de sí mismo hasta que su desarrollo no le permita elevar su “conciencia” hasta el mundo en que se encuentra el ser humano. Es el renacimiento y el hecho de ser conscientes de estos conocimientos lo que nos hace progresar más rápidamente, siempre y cuando nos esforcemos en desarrollar el Espíritu y en servir amorosamente a los demás. Cuando actuemos será cuando comenzaremos a recibir alguna información de nuestro pasado hasta que, algún día y ya con alguna iniciación, podamos buscar en nuestro pasado voluntaria y conscientemente.

Como cualquier persona sabe, los hechos que recordamos están en la memoria consciente y los que no se dice que están en la subconsciente, ambas relacionadas con el átomo-simiente situado en el corazón y con la mente que es el foco a través del cual se expresa el Espíritu en el hombre. Estoy seguro que todos tenemos conocimiento de alguien que tenga especiales habilidades en determinado trabajo o profesión, es decir, de alguien cuyas habilidades o mente sean tan fuera de lo común que nos haga pensar que no lo ha podido aprender todo en una sola vida. En esos casos no podemos hablar de que dichas habilidades sean fruto de las dos mencionadas consciencias, sino de la supra-conciencia que es donde se guardan los resultados de todas las anteriores vidas y que tiene relación con la intuición, con el carácter interno y con el impulso que nos lleva a buscar la verdad. Lo mismo que aquí hay veces que no nos acordamos de algo y cuando menos lo esperamos nos viene a la cabeza, y otras veces intuimos que algo que nos viene a la mente y que no recordamos haberlo vivido estamos seguro que es una vivencia nuestra, también hay personas moribundas que tienen visiones y recuerdos de hechos que nada tienen que ver con la vida que están a punto de dejar.

Esa fuente de donde proceden esos recuerdos es esa supra-conciencia individual que está relacionada con la memoria o archivos generales situados en la cuarta región del Mundo del Pensamiento, donde, lo que se ve, se oye o se estudia no se puede expresar a través del cerebro. Hay otra memoria de la naturaleza más elevada aún pero, según los iniciados de varios grados, ni siquiera ellos pueden acceder a ella. Así es que a la pregunta que encabeza este artículo podemos responder que si no somos conscientes ni siquiera del cuerpo etérico más cercano al cuerpo físico ¿Cómo vamos a serlo de la memoria de otras vidas que se encuentra en el mundo más elevado de los varios en donde estamos evolucionando? Estoy seguro de que, quien sea escéptico ante estas enseñanzas ocultas, pensará que es absurdo, pero lo cierto es que el hecho de no recordar lo que hicimos en nuestra infancia no nos tiene que hacer pensar que no tuvimos infancia.

El hecho de nacer con grandes habilidades físicas o mentales, el hecho de sentirnos muy bien con alguien que acabamos de conocer pero que parece como si le conociéramos toda la vida, el hecho de casarnos locamente enamorados con alguien cuyo carácter y fisonomía nunca hubiéramos imaginados, el hecho de que una persona sumamente buena tenga toda una vida de sufrimiento o lo contrario, etc., demuestran que todo eso ocurre porque existe el renacimiento, y si existe el renacimiento sería absurdo que no se guardarán los hechos que ocurrieron en cada uno de ellos. Según purifiquemos el carácter vida tras vida iremos limpiando nuestros cuerpos superiores (de deseos y mental) y nos quitaremos todo el karma que impide que nuestra conciencia acceda a esa memoria. Aún así, quien se hace esta pregunta no se ha puesto a pensar en las consecuencias de tener conocimiento de lo que hizo mal en el pasado. ¿Qué ocurriría si supiéramos lo que hicimos de mal a la persona que hoy es nuestra pareja o lo contrario? ¿de qué serviría recordar el mal que hicimos (muertes, robos, violaciones, etc.) hace tres vidas, además de torturarnos y amargarnos la existencia? ¿No impediría eso el desarrollo de esta vida y la buena relación y los frutos que debemos extraer de esta vida? Cuando dedicamos la vida íntegramente al Espíritu y a servir amorosamente a los demás es cuando estamos creando el medio de ser conscientes fuera de nuestro cuerpo físico, y cuando se persiste durante varias vidas en esa misma línea se consigue leer la memoria que desde hace unos siglos está guardada en uno de los éteres más elevados que conforman el cuerpo etérico; esa es la lectura más fácil y cercana a nuestra conciencia que tenemos.

Hay quien opina que, además de saber lo que hicimos en el pasado, deberíamos saber lo que nos trae el destino en la presente vida como efecto de lo que hemos hecho en las anteriores. Tanto en un caso como en otro sería una equivocación, retrasaría el progreso del Alma y muy posiblemente no podríamos hacer frente al destino después de saber las barbaridades y maldades que por ignorancia cometimos en el pasado. Las leyes divinas demuestran su sabiduría al no permitirnos recordar nuestras vidas hasta que no hemos alcanzado cierto grado de desarrollo espiritual. La Ley de Consecuencia y el estado post-morten se encargan de que liquidemos las deudas pendientes y de que suframos lo que nos corresponde por el mal causado a los demás sin que recordemos cómo y porqué, sólo cuando estemos espiritualmente preparados para afrontarlo será cuando se nos brinde la oportunidad de acceder a esa memoria de la naturaleza. Es necesario razonar esta explicación para que quede claro que si supiéramos lo que hicimos de mal en el pasado podríamos intuir o casi saber lo que nos trae el destino como karma negativo, lo que sería una vida de sufrimiento y de temor ante la que nos sentiríamos indefensos ¿o es que no es más fácil afrontar el destino como ignorantemente lo hacemos ahora que no sabiendo que en determinadas circunstancias nos puede ocurrir tal o cual desgracia? Si queremos acelerar nuestro desarrollo con tal de poder obtener el poder de leer en la memoria de la naturaleza, deberíamos comenzar por auto-observarnos y auto-analizarnos. Estudiándonos así podremos ver cuáles son nuestros defectos para no caer en ellos, y cuáles son las virtudes que necesitamos o que nos gustaría alcanzar, lo que sería una línea de conducta en la manera de sentir, de desea y de pensar.

Hay una cosa muy clara respecto a este tema que debe servir como consuelo a los aspirantes espirituales y de ocultismo, y es que una vez alcanzado el poder de salir del cuerpo conscientemente ya no se pierde más salvo que, desde el punto de vista físico, el cerebro se vea afectado por las acciones ignorantes y por ciertos vicios del hombre. Cuando por el propio desarrollo espiritual se alcanza el poder de leer en los mundos superiores se comienza por leer en el éter reflector del cuerpo etérico y luego se continua con la memoria que, como se ha dicho, hay en el Mundo del Pensamiento, sin embargo, dudo de que, llegado ese momento, el aspirante esté más interesado en aprender a leer en la memoria que en servir amorosamente a la humanidad.

Francisco Nieto

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¿Hay alguna manera de evitar el Purgatorio y de disfrutar más del Cielo?



¿HAY ALGUNA MANERA DE EVITAR EL PURGATORIO
 Y DE DISFRUTAR MÁS DEL CIELO?

El Espíritu, inmortal, separado de Dios temporalmente y hecho a imagen y semejanza de Su Padre que está en los Cielos, tiene los poderes latentes de su creador pero necesita descender a los mundos inferiores y obtener cuerpos personales para auto-reconocerse como un Yo individual y para desarrollar la mente y la voluntad. Esto lleva al hombre (en un determinado punto de su evolución) a hacerse responsable de su propios actos y a hacer frente y a acatar las leyes divinas, y por eso en el pasado pasaba mucho tiempo en su infierno particular, algo menos en el purgatorio y casi nada en el Cielo. Comenzando por el cuerpo físico, el Ego se rodea de cuerpos que ocultan su naturaleza divina y será en un futuro, aún lejano, cuando desechemos definitivamente esos cuerpos para funcionar como Espíritus en los mundos espirituales. Como es arriba es abajo, y lo que ocurrirá en un futuro desde el punto de vista de la total evolución, ocurre ahora vida tras vida. Cuando llega la muerte abandonamos el cuerpo más denso que es el físico. Después, esas mismas leyes divinas y sus agentes ejecutores hacen que abandonemos el siguiente cuerpo de materia un poco menos densa (el cuerpo etérico) para pasar al Mundo de Deseos que es donde está el Purgatorio y el Cielo. Y es aquí, en este mundo, donde en el estado de conciencia post-morten, la ley de repulsión del mal hace que suframos cada vez que tomamos conciencia del mal que hemos hecho y por cada materia de deseos y emocional negativa que nos arrancan. 

Mientras no nos deshagamos de esa materia grosera y de baja vibración no podemos ascender al Cielo, que es como decir que, mientras no nos deshagamos de esa materia más densa de nuestra aura (como ocurrió antes con el cuerpo físico) estaremos atados al Purgatorio. Sin este trabajo de espiritualización post-morten no habría casi evolución en la próxima vida y continuaríamos con el mismo carácter. Si de verdad quiere el lector extraer un beneficio moral, intelectual y espiritual de estas enseñanzas debe olvidarse por completo de la idea de que el Purgatorio es un castigo pues, al igual que la ley de la gravedad, las leyes inmutables que rigen en nuestro universo hacen que cada uno afronte los efectos de las causas que cometió mientras estuvo en su cuerpo físico. Lo mismo que las leyes divinas hacen que abandone el cuerpo físico cuando ése ya no sirve o cuando el mismo hombre le ha hecho inservible, así también esas leyes arrancan la materia grosera y de más baja vibración del cuerpo emocional para que el Ego pueda seguir su ascenso hasta deshacerse de todo lo personal y prepararse para un nuevo renacimiento en un mejor ambiente y con una nueva personalidad.

La voluntad del hombre común no puede cambiar las leyes de la naturaleza y menos aún las espirituales que gobiernan los mundos superiores. Sólo cuando el hombre se conoce a sí mismo y se desarrolla espiritualmente lo suficiente como para expresar sus poderes como Espíritu es cuando comienza a liberarse de dichas leyes, por tanto, antes de hablar de cómo evitar el Purgatorio hay que hablar de desarrollo espiritual. La primera etapa a superar por cualquier persona es la de comprender que todo lo que atrae material y egoístamente a la personalidad no sirve para nada en el Cielo; la segunda sería la de que eso mismo que retiene a la personalidad aquí y todos aquellos apetitos y deseos carnales, pasionales, etc., lo único que engendran es sufrimiento en el Purgatorio; y tercero y como consecuencia de lo anterior, hay que dejar claro que quien desee llenar la necesidad de desarrollo espiritual con lo personal, no lo conseguirá porque lo personal no existe en los mundos superiores. El hombre no puede conocerse a sí mismo ni gozar de paz y de verdadera felicidad hasta que no sea dueño de sus vehículos como Alma evolucionante que es. En el interior de cada uno de nosotros hay un germen divino que en cada renacimiento intenta abrirse paso a través de la personalidad, y mientras no se auto-observe y se auto-analice para después comenzar a trabajar a favor del Espíritu siempre estará engañado por la personalidad y siempre pasará por el Purgatorio después de la muerte del cuerpo físico.

Vivimos en Dios, nuestra conciencia está evolucionando en la conciencia de Dios, nuestra recién nacida mente es parte de la mente de Dios y nuestros deseos personales se tienen que transformar en voluntad de Dios. El cuerpo físico y sus sentidos, el mundo físico y el Sol físico, y como efecto de todo eso el Purgatorio, representan las tinieblas que ocultan la verdadera luz que brilla en los Cielos y mundos espirituales, una luz que procede directamente de Dios y (aunque no queramos aceptarlo) donde vivimos, evolucionamos y tenemos nuestro Ser. Por consiguiente, y aunque la mayoría de las personas sean ignorantes de ello, en cada vida estamos experimentando en lo inferior pero bajo la estrecha vigilancia y reacción de lo superior sobre nosotros. Así que, cada deseo, sentimiento, emoción o pensamiento causado por el hombre, tiene una respuesta de las leyes divinas o leyes superiores, y cuanto más elevadas sean las causas del hombre más enérgica será la respuesta de los mundos espirituales que no son otras que los agentes de Dios que gobiernan y dirigen la evolución de la humanidad en general. No es lo mismo los esfuerzos del hombre egoísta y materialista que hace leyes para beneficio propio que el esfuerzo como respuesta a la inquietud procedente de ese germen espiritual que todos llevamos dentro. Cuando más se abandonan esos esfuerzos personales para escuchar la voz interna que se oye cuando en la meditación nos auto-observamos, más permitimos que las leyes superiores actúen sobre nosotros y más evitamos el Purgatorio para acercarnos al Cielo.

Mientras nosotros pongamos nuestra voluntad al servicio de lo personal y en contra de la voluntad universal, no podremos elevarnos sobre el Purgatorio ni nos podremos identificar con la Voluntad de Dios. La voluntad representa al Espíritu y mientras esa voluntad no esté centrada en desarrollar deseos, sentimientos, emociones y pensamientos positivos, no nos estaremos alejando lo más mínimo del sufrimiento post-morten. El que escucha la voz de su Alma en momentos de meditación y en cada aquí y ahora y el que es auto-consciente de sí mismo en todo momento, es el que está eliminando su propio Purgatorio a través de la buena voluntad; el que utiliza sabiamente su voluntad y cuida, gobierna y purifica sus cuerpos es el que se eleva a pasos agigantados hacia el Cielo; pero el que nace y muere habiendo sido gobernado por sus deseos y emociones personales y el que ha dado rienda suelta a su imaginación personal y a puesto a la mente a su servicio, no encontrará nada más que dolor, desesperación y desengaño tras la muerte.

Toda vida existente es parte de la Vida de Dios y lo que parezca vivir fuera de Dios es que no es vida. Nosotros vivimos engañados por los sentidos y dominados por los deseos egoístas y las bajas emociones con las cuales colaboran la mente y la voluntad sin que nos demos cuenta. No queremos admitir que si queremos elevarnos hacia el Cielo tenemos que ser dueños de nuestros cuerpos y buscar la Verdad dentro de nosotros. Para estar en el Cielo donde trabajan las leyes de Dios tenemos que desear, sentir y pensar imitando la forma que tendría de expresarse Dios en nosotros. Solo uniéndonos a la Verdad conoceremos la Verdad, y sólo olvidándonos de todo aquello que nos separa como hermanos, alcanzaremos un estado de conciencia y de felicidad que nos hará vivir el Cielo. Estamos tan acostumbrados a leer palabras como éstas sin ser auto-conscientes de su significado que, en la mayoría de los casos, no le damos importancia y no dejamos que hagan el efecto espiritual que podrían hacer en nosotros. Sin embargo, sí que ponemos empeño e intención en practicar el desprecio, la crítica, el rencor, el odio, los malos deseos y la mala voluntad en general.

Es necesario vivir conscientemente en Dios o escuchar en el silencio la voz de Su vida (que es nuestro verdadero ser) para comenzar a vivir ese Cielo deseado incluso estando aquí en la tierra. No es a través de los halagos de los sentidos, ni del deseo material, ni del egoísmo, ni del mal uso de la mente y de su poco razonamiento como vamos a encontrar esa Verdad que sólo encontraremos en el Cielo. Quien piense que puede vivir fuera de Dios no encontrará nada que le lleve al Cielo pero sí mucho que le haga sufrir y que le desvíe de la Verdad y de Dios Mismo. Nadie puede vivir fuera de Dios ni nadie puede disfrutar del mundo si no fuera porque lo mantiene Dios. Quien sabe que todo lo que nos rodea procede de Dios (de lo invisible como nuestro cuerpo físico procede de la materia invisible) podrá valerse de ello para eliminar de sí mismo el Purgatorio y para crearse su cielo. Hay una relación entre todo lo existente y visible y las causas que lo crearon y lo invisible, cuando creamos causas de acuerdo a las leyes invisibles estamos conectando con lo superior y eliminando de nosotros lo inferior.

El hombre tiene que desarrollar su voluntad, su mente y todos los poderes que como Espíritu o hijo de Dios tiene, y eso no se puede conseguir sin las experiencias que aquí tenemos gracias y a nuestros diferentes cuerpos, por tanto, las experiencias en el mundo físico son necesarias. Pero este hecho no justifica lo que la mayoría de los que buscan una vida superior hacen, que es justificarse diciendo que no tienen tiempo para dedicarlo al Espíritu. Quien de verdad desea vivir una vida espiritual (además de cumplir con sus deberes y responsabilidades) busca tiempo y lugar para meditar u orar aunque solo sea 15 minutos, porque cuando más se retrase esta decisión y más enfoquemos nuestra conciencia en lo material y personal, más nos alejaremos de ese Cielo. Para imitar a Cristo en deseos, voluntad, sentimientos y pensamientos, no necesitamos apartarnos del mundo ni aislarnos de los demás, porque es más bien lo contrario; se puede estar escribiendo o haciendo cualquier otra cosas controlando la mente para que no piense por sí misma mientras observamos nuestras manos como parte del instrumento que es nuestro cuerpo físico; podemos enfocar nuestra atención en todo lo que nos rodea y ver la Vida de Dios en ello; podemos observar a los demás pensando consciente y voluntariamente que son nuestros hermanos, tengan el aspecto que tengan; y podemos observar nuestros deseos, nuestros sentimientos y a nuestra mente para analizar su naturaleza y cambiarla si es necesario. No deberíamos permitir que nuestra mente piense por sí misma porque si no lo impedimos se dejará dominar por los deseos y emociones personales y terminará criticando, enjuiciando, culpando a otros, excusándose y otros muchos aspectos negativos. ¿No es, pues, esto una manera de trabajar a favor del Espíritu? Todo lo grosero y negativo mencionado y llevado a la práctica origina y atrae negatividad en nuestra aura, y esas negatividades y bajas vibraciones son las que nos llevan al Purgatorio y nos impiden elevarnos al Cielo.

Si la voluntad está por encima de la mente y tiene control sobre ella, y ésta a su vez sobre los deseos, las emociones y, como consecuencia, sobre el cerebro y el sistema nervioso, solo tenemos que estar atentos a nosotros mismos para que nuestra voluntad tenga buenas intenciones y para que utilice a la mente para expresar lo que esté de acuerdo con esa Vida de Dios, nuestro Padre que está en los Cielos. Dado que tenemos conciencia propia y nos sentimos individuos identificados con nuestra mente, con nuestros deseos y emociones y con nuestro cuerpo físico, creemos vivir en un solo mundo físico aislados de todo lo demás. Pero el ocultista y aspirante espiritual sabe que no es así y que, por mucho que algunos lo nieguen, no podemos vivir “fuera” o “separado” de Dios como tampoco podemos vivir sin oxígeno para respirar. El Cielo representa a algo perteneciente a Dios para el común de la humanidad, por tanto, para acercarnos al Cielo debemos acercarnos a Dios, y puesto que vivimos en Dios y no nos damos cuenta de ello, está claro que para encontrarle debemos buscar en nosotros mismos como hijos (Espíritus) suyos que somos. Ahora bien, ¿por qué medios podemos acercarnos a Dios más rápidamente? es decir ¿cómo podemos evitar el Purgatorio? la respuesta es orando y meditando. El hecho de ser conscientes de nosotros mismos y de auto-observarnos con atención ya nos hace practicar la concentración, la observación y el discernimiento; lo que significa que podemos ser creadores de causas y respuestas positivas en todos los sentidos. La oración se podría considerar otra forma de meditación siempre y cuando se tenga presente a Dios y su Obra como medio de acercarnos a Él. Por eso se dice que a menos que nuestra vida esté dedicada consciente y voluntariamente a la oración, nuestras plegarias no tendrán respuestas ni obtendremos medios para ganarnos ese Cielo. Esto es estar en armonía vibracional con la Vida de Dios y actuar en nombre Él.

Si queremos progresar por medio de las experiencias y de las oportunidades debemos hacer todo como si fuera para Dios, pero si nos dejamos llevar por la personalidad y buscamos excusas para no trabajar en Su Nombre, entonces esas oportunidades desaparecerán. Cuando el hombre sigue unas enseñanzas como estas y se auto-observa y analiza a diario crea unos hábitos por medio de la repetición, la misma repetición que desde hace eones le ha llevado al Purgatorio vida tras vida. Pero cuando esa repetición crea unos hábitos centrados en Dios y busca la manera y el lugar, incluso de apartarse del mundanal ruido para entregarse a su Espíritu, entonces puede decir que ha encontrado el sendero. El único error en esta práctica es que se convierta en una monotonía y en algo automático donde falta la devoción, la adoración, la alabanza y la persistencia. Por tanto, es conveniente preguntarse de vez en cuando ¿estoy creando un Purgatorio o un Cielo en mí mismo? Si no hay aspiración, anhelo, deseo sincero, buena voluntad y amor hacia Dios y hacia el prójimo, no estaremos evitando el Purgatorio. Y si no hacemos una verdadera invocación y una autentica oración, todo será palabrería, falsedad y automatismo que, más pronto que tarde, nos desviará del camino del Cielo.

Es evidente que si estamos hablando de evitar el Purgatorio y de ganarnos el Cielo es porque estamos convencidos de que algo nos llevamos después de la muerte del cuerpo físico, y que ese algo es lo que hará que estemos o no en alguno de esos “lugares” más o menos tiempo. Por tanto, es lógico que nuestra estancia post-morten en el Purgatorio o en el Cielo esté basada en el bien y en el mal que hayamos podido causar en la última vida, lo que significa que debe haber un mecanismo para que eso ocurra. Luego entonces, ¿cómo podemos evitar el Purgatorio? Hasta aquí hemos visto una serie de aspectos que nos ayudan a alcanzar y a estar más tiempo en el Cielo principalmente pero, aunque además de esto también evitemos en parte el Purgatorio, nadie del común de la humanidad está tan preparado como para pasar directamente al Cielo. Así es que, si hemos de intentar evitar el Purgatorio estando aquí en la Tierra, está claro que además de hacer el bien y evitar hacer el mal, debemos borrar del archivo de las experiencias todo aquello que nos pueda llevar a dicho estado de conciencia celestial. Teóricamente, para llegar al Cielo es necesario pasar por el Purgatorio como para llegar de un continente a otro tenemos que hacerlo por mar o por aire. Pero el verdadero ocultista y aspirante espiritual sabe que dicho mecanismo nos puede facilitar lo que deseamos si de verdad somos persistentes en hacer el ejercicio nocturno llamado “retrospección”.

El ser humano tiene una “película” o mejor dicho, un átomo donde, a modo de “memoria” o “disco duro”, se está guardando todo lo que decimos y hacemos y todo lo que ocurre a nuestro alrededor y que esté al alcance de nuestra consciencia y de nuestra visión. Esto ocurre gracias a un tipo específico de éter (como el éter permite que una imagen se grabe en un negativo de una cámara) que transporta esas imágenes por medo del aire que respiramos para pasar por los pulmones y terminar en el ventrículo izquierdo del corazón, que es donde está dicho átomo. La película guardada en ese átomo es la que nos llevamos y la que decidirá cuál va a ser nuestro destino, si el Purgatorio o el Cielo. Lo que significa que la “retrospección” trata de borrar el aspecto negativo de nuestras actitudes cotidianas y de nuestro carácter para intentar no tener que sufrir en el Purgatorio. En el Purgatorio se borra el recuerdo de las malas acciones por medio del remordimiento y de una experiencia penosa de acuerdo a las grabaciones negativas que tengamos en nuestra aura o cuerpo emocional. Esta es la manera que el Purgatorio tiene de que evitemos hacer el mal en futuras vidas. Lo mismo que en los colegios y en las universidades unos se esfuerzan más y se adaptan mejor que otros y terminan por dejar muy atrás a éstos, así en la evolución de la humanidad hay hermanos mayores nuestros que han investigado en los mundos superiores todo el método de evolución y el proceso post-morten y han ideado el ejercicio de la retrospección para ayudar a la humanidad.

La retrospección trata de hacer, respecto a las actividades diarias, lo mismo que hace el Purgatorio respecto a toda la vida pasada a partir de llegar al Mundo de Deseos. Esta es la manera más fácil y cómoda de evitar el Purgatorio ya que si, por un lado intentamos hacer el bien y por otro intentamos no hacer el mal, está claro que si hacemos la retrospección cada noche poco tendremos que “sufrir” voluntariamente a modo de Purgatorio personal. Como ocurre en la recopilación de la película que nos llevamos y que vemos nada más morir (la vemos desde la muerte hasta el nacimiento) y en el Purgatorio, también se hace lo mismo en el ejercicio de la retrospección, primero se analizan las imágenes de antes de acostarnos y se termina con las de la mañana. El fin es ver cómo ciertos hechos o efectos son el resultado de lo que hemos dicho o hecho, o incluso cómo esto último puede ser el efecto de lo que hemos pensado y sentido en determinado momento. Llegado a este punto es necesario comprender que la retrospección no es una mera visualización de los hechos del día, ni tampoco que haya que hacer un simple arrepentimiento de algo que hayamos hecho mal, la retrospección va más allá y tiene que tener el mismo efecto que el Purgatorio si se quiere evitar éste después de la muerte. Este ejercicio también tiene su efecto positivo respecto al Cielo siempre y cuando tomemos conciencia del bien que hemos hecho y que nos han hecho otros y revivamos y valoremos todo como un medio para seguir haciendo el bien.

Como lo que estamos tratando es la manera de evitar el Purgatorio por medio de la retrospección, ha de quedar claro que de lo que se trata es de revisar o volver a ver mentalmente, todo lo que hemos hecho desde la noche hasta la mañana para ver dónde hicimos mal (hechos, palabras, malos sentimientos y pensamientos…) y ponernos en el puesto de los demás para sentir ese mal en nosotros mismos. Es imprescindible que el remordimiento produzca una profunda contrición cuando se revisa una determinada causa negativa, sólo eso podrá borrar ese hecho del átomo que se encuentra en el corazón. Cuando esto se hace así noche tras noche, el átomo se irá limpiando de tal manera que, a la hora de la muerte, no tengamos nada que nos retenga en el Purgatorio. Por otro lado y si es que se hace el ejercicio correctamente, es evidente que cada día será más fácil hacer más cosas buenas y menos malas. La gran ventaja de hacer bien la retrospección no es sólo que no sufriremos en el Purgatorio, sino que también tendremos mucho tiempo libre para ayudar a otras muchas Almas, tanto allí como aquí. El hecho de no tener que comer, dormir ni trabajar en el Mundo de Deseos nos permite hacer grandes obras espirituales que acelerarán el desarrollo del Alma, lo que, a su vez, nos facilitará más poderes espirituales para la próxima vida.

Francisco Nieto

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¿Existen los extraterrestres tal como los describen?


¿EXISTEN LOS EXTRATERRESTRES TAL COMO LOS DESCRIBEN?
(Un razonamiento basado en la lógica y en el conocimiento esotérico)

Se sabe que en nuestro sistema solar no existen seres con cuerpo físico como el nuestro, solo la tierra, por su distancia del Sol, puede contener vida en un cuerpo material, por consiguiente, tendríamos que hablar de seres de otros sistemas solares y, por tanto, de espíritus diferenciados por otros dioses diferentes a nuestro creador. Esto ya nos dice que no podrían ser similares a nosotros (cabeza, tronco y extremidades) porque nuestro arquetipo es original de nuestro Dios (al cual se asemejan también los espíritus de la naturaleza) y es difícil que sea copiado por otros dioses cuya evolución, pienso, que será diferente a la del nuestro.

Suponiendo que tengan la capacidad de construir naves físicas y que para viajar por el espacio interestelar puedan convertirlas en energía, (éteres) está claro que deben estar muy por encima de la evolución del ser humano, y si es así, ¿no es lógico pensar que lo puedan hacer en sus cuerpos etéricos? Si pueden transformar las naves físicas en etéricas y al contrario, es evidente que puedan hacer lo mismo con sus cuerpos físicos si es que los tienen. Pero si no tienen cuerpo físico sino que evolucionan en cuerpos etéricos o de materia más sutil ¿qué necesidad tienen de hacerse ver con naves y cuerpos físicos si hasta ahora no se ha demostrado sus intenciones ni han dado ningún mensaje digno de crédito? ¿Están jugando con nosotros como niños irresponsables? Suponiendo que fueran etéricos y pudieran crearse un cuerpo más denso, o sea, físico como el nuestro ¿no sería comparable al hecho de que nosotros (por ejemplo) no podemos renacer en un mundo (que sí existen) o en un cuerpo más denso que el nuestro? Razonando un poco más también me pregunto, ¿si tienen la capacidad de crearse un cuerpo físico, por qué no se lo crean a imagen y semejanza al nuestro y no que forman esos monstruitos grandes y feos que nos quieren hacer creer los supuestos contactados?

Los movimientos bruscos de las naves y sus cambios de dirección repentina podrían ser explicados quizás si habláramos del espacio-tiempo y de una composición etérica de los mundos superiores al nuestro, pero no es tan fácil admitirlo si son cuerpos y naves físicas. Y si así fuera tendríamos que preguntarnos que cómo unos seres que pertenecen (por lógica) a otro esquema evolutivo pueden funcionar en un esquema de siete mundos creado por otro Dios. Pero, repito, para que esto pueda ser así tendrían que ser mucho más evolucionados que nosotros y no tendrían la necesidad de viajar o mostrarse en naves y cuerpos físicos puesto que estamos hablando de la transformación o materialización de la esencia o substancia de la que se forman los mundos.

Es cierto que la ciencia ha descubierto el átomo y sus diferentes divisiones que bien podríamos llamar “cercanos al éter” pero una cosa es saber que existen y otra cosa es tener el poder de utilizarlos o de transformarlos para utilizarlo a nuestro antojo. Me atrevo a decir que cuando nosotros seamos capaces de hacer esa manipulación o transformación de la materia, nuestra conciencia y nuestra voluntad no estarán centradas en viajar en naves y cuerpos físicos para “curiosear” otros mundos. Claro que, además de eso y como ya veremos tampoco lo podremos hacer hasta haber adquirido algunas iniciaciones que son las que nos permitirían viajar por los mundos superiores; ahora pregunto a los ocultistas ¿podemos salir del círculo no se pasa, es decir, de los mundos creados por nuestro Dios?

Algunos afirman que los extraterrestres están observándonos y que cuando vean un peligro total para la humanidad salvarán a ciertos “elegidos” para ser semilla de otra humanidad. ¿y por qué no han ayudado, guiado o aconsejado a la humanidad para que no llegue ese supuesto? Estas personas no saben que el planeta no se puede destruir puesto que es el terreno donde la humanidad se desarrolla según su actual grado evolutivo. Y Tampoco sabe que, aun en los errores pequeños, la ley de consecuencia nos “enseña” y corrige la dirección que hemos tomado, por lo que, nunca permitirán las jerarquías que pongamos el planeta en peligro. Respecto a eso otro que dicen que nos ayudan a curar nuestras enfermedades o a descubrir nuevas tecnologías, tampoco saben estas personas que el hombre no se le puede regalar nada, es él quien tiene que inventar o descubrir todo y hacer un uso correcto de ello puesto que nuestra meta también trata de gobernar y transformar el mundo físico.

Por otro lado y viendo lo dicho hasta ahora, pregunto ¿qué clase de seres y qué evolución pueden tener si secuestran a personas, mutilan animales y, según otros, nos implantan chips o algo similar en el cerebro? Los más evolucionados no lo pueden hacer porque pienso que estarían actuando conscientemente en contra de las Leyes Divinas, y los menos evolucionados (más bien malos) creo que no podrían hacer todas estas cosas por falta de desarrollo. Hay personas que afirman que hay extraterrestres buenos y menos buenos, pero yo me pregunto ¿cuándo, cómo y dónde han tratado con ellos como para afirmar eso? ¿Por qué no hay pruebas físicas de ellos? Hay otros que afirman que todo está incluido en un plan de unos seres (especie de hermanos mayores de los planos cósmicos) cuyo gobierno es interestelar y forman una confederación galáctica. Sigo pensando lo mismo, ¿Qué necesidad tienen de viajar en cuerpos y naves físicas? ¿Cómo pueden inmiscuirse en el esquema y en el Plan de Dios? ¿por qué actúan muchas veces con maldad?

Si nosotros, que estamos dando nuestros primeros pasos como humanos, ya comenzamos a tomar conciencia de que los animales son hermanos menores nuestros e incluso les curamos, protegemos, operamos sus cuerpos para que no mueran, etc., ¿qué no haremos cuando nuestra evolución alcance los mundos superiores como se supone que ocurre con estos seres respecto a nosotros? ¿Creéis que haremos las barbaridades que esos extraterrestres hacen aquí en la tierra sin respectar (como sagrado que es) el libre albedrío? 

Nosotros estamos evolucionando EN Dios, o sea, en Su conciencia, en Su vida y en Su materia, con esto quiero decir que nuestros cuerpos han seguido un plan evolutivo en el cual tienen la necesidad de la energía del sol y de las energías del planeta entre otras ¿pueden estos seres sobrevivir fuera de su sistema solar, galaxia, planeta y esquema de su Dios? Nosotros estamos evolucionando siguiendo el Plan hecho por Dios y llevado a cabo y mantenido por las Jerarquías Creadoras de este mismo Dios ¿A qué pueden venir seres que no pertenecen a nuestro esquema si no es para actuar e inmiscuirse en los asuntos de nuestro Dios? y si alguien dijera que puede ser un acuerdo entre dioses del séptimo plano cósmico yo me pregunto ¿y por qué van a venir seres de otros esquemas y mundos a cambiar los planes de Dios teniendo su Plan perfecto desde el principio de la manifestación y a las jerarquías que si hiciera falta, lo cambiarían?

A la luz de la filosofía oculta, para viajar entre sistemas solares se necesita haber desarrollado (tener conciencia) el vehículo correspondiente al mundo del Espíritu de Vida, lo que significa que para viajar por la galaxia hará falta el vehículo del mundo del Espíritu Divino. Sabiendo esto podríamos admitir la posibilidad de que los extraterrestres hayan desarrollado esos vehículos pero ¿cómo van a crearse aquí un cuerpo físico si no pertenecen a nuestra evolución y, por tanto, no saben? No olvidemos que para manifestarse en un mundo hay que (saber construir) tener un cuerpo de materia de ese mundo. Por otro lado, lo mismo que nosotros solo vemos la materia física y no lo existente en otros mundos, ellos no tienen que vernos necesariamente porque son de otro planeta, de otro sistema solar y de otro esquema o mundo. Lo mismo que nosotros podemos manifestarnos (los iniciados más elevados) en los mundos superiores porque nuestros vehículos están compuestos de materia de esos mundos, así mismo lo podrían hacer los extraterrestres en su sistema solar pero no en otro de diferente materia y naturaleza. Además para manifestarse aquí un extraterrestre tendría que tener un cuerpo como el nuestro puesto que si no duraría poco como nosotros duraríamos poco en los planetas más cercanos o más lejanos del Sol. Ni siquiera por las noches estamos capacitados para salir de nuestro campo evolutivo aunque fuera con el cuerpo-alma, ni tampoco un iniciado creo que pueda sobrepasar el propio mundo de Dios para ir a otro como una célula tampoco puede salirse de un cuerpo físico para introducirse en otro de materia, vida y conciencia ajena. 

Nuestro plan evolutivo y nuestro estado de desarrollo actual trata de transformar la materia en espíritu, de abandonar el aspecto animal para desarrollar los poderes del espíritu, de manifestar la perfección de Dios como Voluntad, Amor y Sabiduría, por tanto las mejores ayudas que nos pueden dar tienen que ir en la línea como ya lo hizo en el pasado Jehová y Cristo (que aún siguen haciéndolo) y como lo hacen los Ángeles y demás jerarquías superiores, luego entonces, ¿qué clase de ayuda dan los extraterrestres manipulándonos e intentando (según algunos) dirigir nuestro destino como humanidad? Nosotros sabemos que nuestro destino pasa por alcanzar la independencia total y por conseguir la dirección y guía de nuestro planeta, incluyendo a los seres que nos siguen como reinos, por tanto, si las jerarquías superiores nos han guiado respetando esa meta y nuestro libre albedrío (dentro del Plan de Dios) ¿por qué van a venir otros a manipularnos? Es más ¿no es lógico pensar que incluso están violando las leyes divinas y no respetando el karma, el renacimiento, la epigéneis…?

Los conocimientos que hacen progresar material y espiritualmente a la humanidad han sido dados por las jerarquías superiores o las hemos alcanzado gracias a nuestro esfuerzo, adaptación, sacrificio, etc. Para ello se han valido las jerarquías del contacto con los humanos más evolucionados y preparados para recibir ese conocimiento, (adaptado a los planes de Dios) pero nunca lo han hecho con naves y cosas similares sino de conciencia a conciencia; las enseñanzas que necesitemos para evolucionar serán dadas públicamente para el común de la humanidad, y privadamente a cada uno cuando el desarrollo espiritual lo requiera.

¿Cómo percibe el hombre? Principalmente con los ojos, pero como sabemos y dentro (por lo general) de unos mismos parámetros, los ojos perciben gracias a la luz y a las vibraciones de la atmósfera. Estas visiones pasan al cerebro y de ahí sale un resultado o creencia según lo que haya grabado de otras visiones y experiencias del pasado. Ni que decir tiene que las alucinaciones, las obsesiones y otras “enfermedades” visuales y del cerebro existen, pero es que, además, algunas personas pueden percibir algo de la región etérica porque en ese momento se dan las circunstancias adecuadas pero, ¿qué nos hace asegurar que lo que vemos es tal o cual cosa si no tenemos la conciencia en esa región? ¿Podemos pensar que conocemos el mundo de la electricidad, del electromagnetismo y de otras fuerzas que actúan y repercuten en la atmósfera? Por supuesto que no conocemos apenas nada fuera de la materia física. Si a nuestros sentidos les puede parecer real algo reflejado en un espejo ¿qué sabemos de lo que pueda producirse en el cielo como efecto de las leyes naturales de Dios y del sistema solar? Son muchos los experimentos que se han hecho que demuestran que los sentidos (y más los ojos) nos engañan, o ¿qué explicación se puede dar al hecho de que un ovni aparezca y desaparezca repentinamente? Por no decir que muchas veces se ha demostrado que eran objetos científicos reconocidos, (aunque otras veces no han querido decir nada) que autores de libros como Eugenio Siragusa o el que escribió “Yo visité Ganimedes” reconocieron que todo era falso, o incluso las fotos y grabaciones falsas y manipuladas que se han descubierto.

Los ovnis físicos no pueden vulnerar las leyes físicas, y si para actuar fuera de las leyes físicas se hacen invisibles, (etéricos) no se pueden ver con los sentidos físicos porque nuestros ojos no perciben esas vibraciones tan altas; sin embargo, sí que sabemos los ocultistas que las fuerzas etéricas pueden tener unos efectos en nuestra atmósfera que bien podrían considerarse físicos. Pero esto no se puede interpretar como que los habitantes de los mundos invisibles se entretienen en hacer aparecer y desaparecer cosas en el espacio, eso sería absurdo en el mayor de los sentidos; es más lógico pensar que todo será efecto de la región etérica. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la atmósfera se está enrareciendo debido a la influencia de la era de acuario y eso también puede afectar a la visión humana y más aún a los que comienzan a desarrollar algún grado de videncia, consciente o inconscientemente.

No nos engañemos, solo nosotros podemos guiar a la humanidad, (sistema político, social, judicial, tecnológico, humano, religioso…) cuando los verdaderos guías (hermanos mayores, maestros e iniciados más elevados) quieran dejarse ver, lo harán a quien y dónde deseen, pero estoy seguro de que no lo harán con naves ni haciendo cosas raras en el cielo. Los extraterrestres existen pero no como los pintan. 

Francisco Nieto

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jueves, 21 de enero de 2016

¿Existe la Reencarnación?



¿EXISTE LA REENCARNACIÓN?

Partiendo de la base que todos sabemos de que todo lo existente en el universo evoluciona, hay que decir que la reencarnación juega un papel fundamental en nuestra propia evolución. El mundo no sería el que es, o mejor dicho, la evolución no existiría tal como la conocemos si no fuera por la reencarnación. Si hubiera un Alma nueva en cada ser humano la evolución sería muy inferior puesto que ésta sólo hubiera podido ser por medio de lo que enseñaron los padres a los hijos más las propias experiencias de los hijos. Pero si lo entendemos como que un Alma aprende una serie de lecciones a través de las experiencias y al cabo de ciertos años renace con ese aprendizaje en forma de conciencia, entenderemos que esta teoría supera a la que muchos dicen que cada ser humano viene con un Alma nueva en cada vida. ¿Qué podrían enseñar aquellos prehistóricos a sus hijos si aún no habían desarrollado la mente? Pues el uso de la fuerza para su supervivencia, su instinto salvaje y poco más, pero si lo enfocamos a través de la teoría del renacimiento comprenderemos (como ya veremos después) que lo que se experimenta en una vida tiene sus resultados positivos y que estos resultados son la base de su carácter en la próxima. Creer que cada ser humano nace con un Alma nueva en cada vida es como creer que un niño va a aprender igual que aprenden ahora si cada día fuera al colegio con un cerebro o con un cuerpo nuevo.

Sabiendo ya que somos un Espíritu o Alma evolucionante que en cada vida toma una serie de cuerpos (que también evolucionan) para, a través de las experiencias, poder desarrollar la mente, la voluntad y el propio Espíritu, está claro que la meta final es convertir los poderes latentes del espíritu en dinámicos y hacernos perfectos como es perfecto el ser que nos creó (diferenció de Él Mismo). Como siempre se ha dicho, nuestro mundo no es el terrenal sino el espiritual o celestial; y como dijo San Pablo, tenemos un cuerpo terrenal y otro espiritual. El Espíritu representado como Alma renace gracias a sus varios cuerpos para obtener experiencias y asimilar su quintaesencia en forma de conciencia y, como ocurre en la vida física durante el sueño, después de dicha asimilación y de un descanso que nos hace olvidar la vida pasada, volvemos a renacer en busca de nuevas experiencias que aumentarán el poder de la voluntad, la moral y la mente. Lo mismo que el niño comienza por aprender las vocales y las consonantes en la escuela infantil, así comenzó el hombre en sus primeros pasos aprendiendo a sentir y a pensar para diferenciar el bien del mal y para actuar según el resultado de sus experiencias. Sin embargo, al igual que el hombre que se acuesta y que no tiene conciencia propia durante unas horas para luego levantarse siendo el mismo, así el Alma sigue siendo la misma por muchos cuerpos que utilice en sus renacimientos.

El verdadero hombre, el Ego o Yo superior, no es nuevo en cada vida porque Dios no podría ser Dios si a un hijo suyo le pidiera las mismas cuentas habiendo nacido pobre, enfermo o entre gente malvada que lo contrario. El hombre siembra en una vida con sus deseos, emociones, pensamientos, palabras y actos, y según sean éstos así será lo que coseche en la próxima vida después de pasar por el estado de purificación del purgatorio y de elevación espiritual en el cielo. Y según esas siembras y cosechas de una vida, así nacerá con determinado carácter en la próxima. La reencarnación o renacimiento será parte de la evolución del hombre hasta que éste adquiera tal desarrollo de conciencia y tal liberación del aspecto personal respecto al mundo físico, que ya no tenga ningún interés por lo material.

Desde el punto de vista de la lógica y de la razón, la reencarnación es necesaria. Sin la teoría de la reencarnación la razón no encontraría explicación alguna a muchas de las inquietudes y preguntas que se hace el ser humano. La reencarnación aporta esperanza, paz y deseos de superación de uno mismo, es más, la luz que arroja explica el origen, evolución y el fin de la vida humana. La teoría del renacimiento ha anulado por completo a la de Darwin a la vez que elimina la angustia producida por los problemas morales que aún mucha gente tiene cuando no encuentra las respuestas adecuadas a sus siempre presentes dudas sobre la vida y el ser. Veamos algunos ejemplos: Todos hemos visto algún documental que diga o demuestre que aún quedan tribus o culturas tan (sobre todo para los occidentales) amorales, atrasadas y salvajes que aunque para ellos sea muy normal lo que hacen, para nosotros sea horrible. No hace tantos años que se descubrieron antropófagos y otras tribus que no tenían lengua reconocida sino que se comunicaban por sonidos y expresiones físicas. Si no existiera el renacimiento como una ley (entre otras) que contribuye a la evolución de cada individuo ¿Dónde irían esos seres después de la muerte? Excepto que alguien siga pensando en aquella teoría absurda de que “venimos de la nada y volvemos a la nada”, a algún sitio tiene que ir su Alma, sea infierno, purgatorio o como queramos llamarlo.

Igual que un niño puede dejar muy atrás a otro desde que comienza en el colegio hasta que consigue su doctorado gracias a su esfuerzo y sacrificio y a que se adapta a las circunstancias y a las enseñanzas, también algunos humanos se quedan tan atrasados en la evolución que aún siguen en esa tribus o razas (que nadie interprete mal estas palabras, todos somos hermanos e hijos de Dios en Espíritu) Está claro que estas Almas no pueden estar mucho tiempo en el Cielo porque no han hecho tantos cosas buenas como para estar allí. La estancia en el Purgatorio o en el Cielo depende de lo bueno o malo que se haya hecho y de los ideales y grado de conciencia que se haya alcanzado. Por consiguiente y suponiendo que un ser con poca razón, moral y espiritualidad acabara de morir, no podría ir al Cielo sin antes limpiarse de todo lo malo que lleva consigo, y eso solo se consigue en el Purgatorio o, a veces, Infierno. Si no creyéramos en la reencarnación diríamos que Dios es malvado por enviarle al infierno o al Purgatorio, pero si lo vemos a través del renacimiento y de la evolución diríamos que (como ejemplo comparativo) es como el niño que no quiere esforzarse por estudiar y se dedica a obstaculizar a sus compañeros, y que a fin de curso repetirá y durante el mismo recibirá algún castigo.

Lo mismo que no se debe castigar físicamente a un niño según lo expuesto anteriormente, tampoco se manda a ese Infierno famoso donde se sufre por toda la eternidad. Ese infierno no existe, lo que existe es un estado de conciencia que hace comprender al individuo el mal que ha hecho, quedando así grabado en la “conciencia” por medio del dolor, que no es otro que el que él causó a los demás. El renacimiento hace comprender y asimilar las leyes divinas para que en cada vida pueda aplicarlas y así liberarse de ellas mismas, tanto durante la vida como después de la misma cuando se encuentra entre sus familiares, amigos y “enemigos” en el más allá. El renacimiento hace que la quintaesencia de las experiencias de todas las vidas pasadas se muestren como “carácter” y como “destino” en la siguiente. Esto, a su vez, hace que cada vez pase menos tiempo en el Purgatorio y más en el Cielo y que subida sea más elevada moral, mental y espiritualmente hablando. El sacrificio, el esfuerzo, la adaptación a la vida, los ideales, el cumplimiento de los deberes, etc., hacen evolucionar al Alma y esa evolución es la que hace que un individuo se interese por lo elevado y espiritual en vez de por lo personal y material. Y cuando ocurre esto es cuando las Leyes de Consecuencia y de Renacimiento nos procuran un mejor destino y una más larga estancia en el Cielo. Es el renacimiento quien hace que el salvaje se convierta en civilizado, quien hace que cada defecto se convierta en virtud y quien nos hace tan dueños de nuestro destino que podamos afirmar que todos alcanzaremos la meta dispuesta por Dios.

Tanto los que creen en el renacimiento como los que no, estarán de acuerdo conmigo en que las experiencias son la base del progreso (trabajo, relaciones, estudios, etc.) Partiendo de esa base ¿qué beneficio o sentido tiene el hecho de que un niño muera al poco tiempo de nacer? Si creemos en ese creador de todo lo manifestado e inmanifestado que todas las culturas y religiones dicen que es Amor, debemos pensar que debe tener un plan para todos sus hijos y que ese plan no puede ser perjudicial sino todo lo contrario. Siendo esto lo más lógico y razonable, veremos qué sentido tiene la teoría del renacimiento cuando decimos que (por ejemplo) los padres de ese niño abortaron voluntariamente una o varias veces en su anterior vida. Pero si no creemos en el renacimiento no encontraremos una explicación convincente. ¿Para qué nace? ¿Viene de esa nada para volver a la nada? Pero también para esa Alma que ha perdido su cuerpo físico tiene explicación el renacimiento si, como ejemplo, murió en un terrible accidente y no pudo llevarse la película de su vida de donde se extrae el beneficio de las experiencias. En este caso pasará a la “escuela infantil celestial” donde aprenderá lo perdido y vivirá felizmente hasta tener preparado un nuevo y mejor renacimiento. De una forma u otra y en todos los casos, la ley de renacimiento hace que no se pierdan las experiencias porque sin ellas no podemos evolucionar.

Hay algo en la naturaleza interna del ser humano que nos presiona para que ejerzamos el poder creador y como resultado de ello podemos ver el mundo que hemos construido desde la prehistoria hasta nuestros días. Las experiencias son muy importantes y por eso intentamos pasarlas de unos a otros pero ¿Cómo se podría entender esto sin la teoría del renacimiento? Si naciéramos todos sin virtudes, tendencias, cualidades mentales, carácter, etc., (que son el resultado de las experiencias de pasadas vidas) es decir con el disco duro mental y de conciencia en blanco, ¿Podríamos haber construido este mundo? O lo que es lo mismo, si el niño se olvidara cada noche de todo lo aprendido durante el día ¿Podría llegar a la universidad? Es el renacimiento como músico durante varias vidas quien hizo que el Alma encarnada como Mozart fuera un genio. Un genio como él y otros muchos no se pueden hacer en una sola vida puesto que desde niños ya demuestran que traen esas cualidades o virtudes.

Cuando cualquiera de nosotros llega a una edad avanzada hablamos con más conocimiento, responsabilidad, precaución y conciencia que cuando éramos jóvenes, si no creyéramos en el renacimiento podríamos preguntarnos ¿para qué sirve toda esa sabiduría? Desde esa incredulidad podemos afirmar que no sería útil a ninguno de nosotros ni siquiera después de muerto, pero desde el punto de vista del renacimiento podemos afirmar que nos servirá para mucho tanto después de muerto como respecto a la vida próxima. ¿Tendría esto sentido en un Plan creado para que todos “seamos perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto”?

Hasta no hace muchos años se creía que el progreso se basaba en la ley del más fuerte y en la herencia personal que éste dejaba a sus hijos, hoy la ciencia ha comprobado que no es así y la genética sabe que un hijo puede nacer con ciertos aspectos físicos de los padres pero no con otros morales ni intelectuales. Si fuera cierto lo que decía la ciencia de que es la herencia la que hace al hombre y el progreso, significaría que después de Mozart debería de haber nacido el otro Mozart con mayor genio y así sucesivamente, lo que no ocurre normalmente con los genios. Esta teoría científica tiene otro inconveniente y es que si hubiera una cadena de genios familiares por la herencia del primero (que, por cierto hay que preguntarse cómo se hizo) si uno no tiene hijos se cortaría la cadena y se acabaría la genialidad. Pero mirándolo desde un punto de vista más amplio, podríamos decir que, a la larga, todos podríamos ser genios en determinado campo, puesto que los hijos de los hijos de otros hijos genios irían sembrando su genética de genios por todo el mundo. 

Todos hemos conocido o conocemos algún caso donde de un padre inculto y más bien machista, bruto o malvado han nacido hijos/as con un carácter noble y mucho más elevado que el del padre, fruto de sus anteriores vidas. Ha sido la ley renacimiento quien le ha hecho nacer de ese padre porque en el pasado tuvieron alguna relación y dejaron alguna deuda pendiente entre ellos, quizás el que hoy es hijo fue padre en otra vida y no cumplió con su deber correctamente y ahora renace como hijo para hacerlo con sus más elevadas cualidades. El verdadero progreso procede del grado o nivel de conciencia que cada individuo tiene, con la particularidad de que la conciencia se obtiene después de la muerte, cuando revisamos la vida pasada para ver los errores y los aciertos. En la vida social no progresa más el más ladrón, el más bruto o el más tirano, sino el de más elevada moral, intelecto y espiritualidad, y eso no se hereda de los padres sino que lo traemos como carácter gracias al renacimiento. Así es que ni cada persona nace con un Alma nueva (que es como decir que nace sin carácter y con un cerebro y una mente en blanco) ni la evolución se consigue por herencia, sino por la ley de renacimiento que, junto a la de “Consecuencia”, nos ponen dónde nos corresponde y nos dan lo que necesitamos de acuerdo a las deudas del pasado y a los proyectos del futuro.

Si, como algunos afirman, Dios no existe ni tampoco creen en el renacimiento ¿Qué ocurre con esas Almas que nacen en lugares y familias tan diferentes? ¿Qué ha hecho esa Alma para nacer en un barrio de delincuencia y de gente deshonesta y maltratadora? ¿Qué ha hecho ese otro que nace en una familia de ricos donde no le faltará de nada? ¿Por qué uno se verá obligado casi a delinquir o a tener muy pocas posibilidades de progreso mientras enferma una y otra vez, a la vez que el otro puede estudiar una carrera y alcanzar un puesto elevado en la sociedad? A esto le llaman justicia o hechos de la naturaleza muchos de esos incrédulos, pero viendo la perfección del universo y de los reinos de la naturaleza y de nuestros cuerpos, etc. ¿Cómo se puede pensar que esa sabia naturaleza cometa esas injusticias con los seres humanos? 

Cuando un hijo de cualquier de nosotros comete un error grave o persiste en sus faltas, le castigamos sin salir, sin ver la televisión u otros hechos similares, pero eso no evita que el amor que sentimos hacia él nos haga sufrir. Pues de la misma manera que el hombre ha creado sus leyes sociales y sus normas familiares donde, por medio de un castigo rectifica en sus maneras de actuar y de pensar, así mismo Dios también tiene sus leyes divinas para que el hombre vaya por el camino de perfección. Pero hay una diferencia (entre otras) entre la justicia de Dios y la nuestra, y es que, aunque nuestro desarrollo actual aún no nos permita comprenderlo perfectamente, las leyes divinas están hechas y actúan por medio del Amor de Dios. De aquí que cuando una persona nace traiga lo mejor de sus anteriores vidas y lo haga en el lugar y en la familia donde más desarrollo pueda obtener, aunque también sea pagando deudas y errores del pasado.

El ser humano poco evolucionado lo es porque (como el niño en sus primeros años de colegio) ha renacido menos que otros o porque se ha quedado rezagado por no adaptarse y esforzarse como los demás, de ahí que, como en la vida misma, el joven cometa errores por su inexperiencia y el anciano no los cometa tan fácilmente por sus experiencias y conocimientos. La mayoría de la humanidad va recorriendo un sendero cómodo alrededor de una montaña y lo hace inconscientemente y entreteniéndose en contemplar el paisaje y coger las flores que se encuentran en el camino. Pero otros pocos han mirado hacia arriba buscando algo nuevo que les saque de la monotonía y han descubierto que allá en lo alto hay una luz que les sirve de guía y les alumbra el camino recto y empinado que, a diferencia de los otros, ellos toman con fe y esperanza. El renacimiento es lo que hace que en alguna vida veamos esa luz y tomemos el sendero del sacrificio y del servicio amoroso y desinteresado al prójimo. Y cuando estamos en ese nivel comprendemos que esos otros más atrasados y que se entretienen en las cosas del mundo son hermanos nuestros y que es nuestro deber ayudarles. Si no fuera por la conciencia y la sabiduría que nos aporta el hecho de renacer la vida sería un caos porque está claro que el hombre solo piensa en él y en la manera de vivir cada día mejor en perjuicio de los demás. Y si alguien tiene dudas, partiendo de la propia época prehistórica y suponiendo que no existiera el renacimiento ¿dónde estaría o cómo sería actualmente la humanidad?

Francisco Nieto

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¿Es real el Mundo Físico?



¿ES REAL EL MUNDO FÍSICO?

Hay personas a quienes no les gusta oír decir que el mundo físico no es real sin darse cuenta que, al igual que el cuerpo físico, solo es real para los sentidos, para el cerebro y para el aspecto personal de la mente pero no para el yo; veamos por qué se afirma esto. La ciencia descubrió hace ya muchos años que la materia no existe porque todas las formas o cuerpos están compuestos de átomos y éstos, a su vez, de diferentes componentes “energéticos” (protones, electrones y neutrones) Con esta primera conclusión ya podemos afirmar que la materia no es tal sino “energía” pero ¿Por qué vemos formas materiales? pues porque nuestros ojos sólo perciben una escala de vibraciones, esto es, están capacitados para percibir determinados grados de vibraciones pero no todos, como es el caso del calor, los rayos X o la electricidad.

Lo mismo que hay ojos que no ven, otros que ven poco, y otros que ven lo normal, hay algunos, pocos, entre los mortales, que perciben vibraciones más elevadas de las que normalmente percibimos la mayoría y por tanto ven formas energéticas o etéricas que están más allá de la materia física; éstos son los llamados clarividentes. Esto, aunque algunos no lo crean, es demostrable puesto que se ha descubierto que el átomo se divide en otras partículas y éstas, a su vez, en otras. Para demostrarlo solo tenemos que poner un ejemplo: Imaginemos que nos hicieran unas gafas con la tecnología con la que han descubierto las divisiones del átomo mencionadas ¿Qué ocurriría si las lleváramos puestas? pues que no veríamos el mundo físico ni sus formas materiales sino que veríamos un mundo de partículas energéticas en movimiento (similar a lo que ve un clarividente) Y si esa clase de visión fuera nuestra visión desde que nacemos hasta que nuestro cuerpo muere ¿nos atreveríamos a decir que el mundo es material? Y, por el contrario, ¿No tacharíamos de loco a quien dijera que existe un mundo de una materia más densa llamado mundo físico?

Razonando lo anterior es fácil que alguien se pregunte ¿Entonces para quién es real el mundo físico? La respuesta es “para los ojos” que solo perciben las vibraciones de las formas físicas y nada más, para los oídos que perciben los sonidos que también entran dentro de las vibraciones más bajas de la escala y que no suele pasar de mil y pocas vibraciones; y en general, lo que se refleja en el cerebro por medio del sistema nervioso. Como ya sabemos, esas vibraciones (ondas de luz, impactos físicos y sonidos) que llegan al cerebro como impulsos eléctricos, se reflejan para que los capte la mente. ¿Podríamos decir que es la mente la que percibe las formas físicas? No exactamente, la mente recrea las imágenes que perciben los ojos y que registra el cerebro, pero eso no significa que sean reales para ella puesto que la mente es sólo el instrumento para ponernos en contacto con el mundo físico y para pensar; si este mundo no fuera físico sino etérico, percibiría imágenes etéricas.

Pero, en realidad, esto tampoco nos aclara la pregunta porque no es la mente la que ve sino el yo personal, siempre que tenga la conciencia en el mundo físico. Por ejemplo, cuando dormimos no somos conscientes del mundo físico porque nuestra conciencia no está en él sino en los mundos superiores y en los cuerpos superiores de “deseos” y “mental”. Luego entonces, ¿Quién percibe el mundo físico? pues el yo, pero el yo tampoco es físico puesto que se manifiesta como voluntad y como conciencia. El yo como voluntad domina a la mente, (pensamos lo que queremos y cuando queremos) la mente domina a los deseos y sentimientos, y los deseos y sentimientos dominan y son el aliciente para que el cuerpo físico actúe. El yo como conciencia tampoco es físico ni está en ningún lugar concreto porque, como sabemos, mi conciencia (yo) puede estar centrada en este artículo mientras lo escribo o puede estar, a continuación, en el lugar que yo desee cuando me ponga a pensar en él esté en este planeta o fuera de él.

Supongamos que las partículas de una forma física densa tienen un grado vibratorio de 800, que el humo tiene 1000, y la electricidad, que no vemos pero que hemos conseguido manejarla, de 1200. Podríamos afirmar (como enseña la filosofía oculta) que: 

1º.- La energía que mueve el cuerpo es superior en su grado vibratorio que éste. 

2º.- Que los deseos que impulsan al cuerpo físico están en un nivel superior aún que dicha energía. 

3º.- Que la mente y los pensamientos que gobiernan los deseos tienen también un mayor grado vibratorio que éstos.

4º.- Que el yo, que está capacitado para gobernar todo lo anterior, está en un nivel o plano vibratorio mucho más elevado que los pensamientos. 

Así es que, las formas físicas son reales para los sentidos del cuerpo físico, pero a partir de ahí ya no son reales para el yo puesto que éste vibra muy por encima de esas formas y las percibe en forma de vibración o imágenes etéricas a través de esos niveles que llamamos de deseos, sentimientos y mentales.

Un objeto que produce placer es físico para los sentidos físicos, pero en el nivel de los deseos y sentimientos ya no lo es puesto que se transforman en una sensación, (y ésta, por lo general, en otro deseo) y esta sensación, junto a la imagen que perciben los ojos, se presenta ante la mente como otra imagen pero de materia mental y por lo tanto no física. Así es que el yo no percibe nada físico sino una reproducción mental, cuya vibración está en una nota más alta que la física como la voluntad está en una escala vibratoria por encima de los pensamientos y sentimientos.

Veamos otra manera de comprender que el mundo físico no existe para el yo. El yo se ha creado gracias al hecho de “conocer”, o sea, el conocimiento está en él; si no hubiera “conocido” no habría podido separarse como un yo de todo lo que le rodea. Cuando se conoce algo se toma conciencia de ello y se guarda una imagen mental y una sensación, la cual, en la siguiente ocasión puede hacer que nos sintamos atraídos o no o que seamos indiferentes, pero de cualquier forma esa imagen no es física. El yo conoce por medio de las vibraciones que le llegan, así es que, las vibraciones de los objetos que no le llegan no las conoce y por tanto no existen para él puesto que no es consciente de ellos.

Sabemos que lo que llamamos materia física es la condensación o manifestación de fuerzas invisibles infinitamente superiores (es materia más sutil) a lo que conocemos, que llegan al mundo físico gracias a que sus vibraciones se hacen mucho más lentas y las conocemos como moléculas, células, neuronas, etc. Podríamos decir, por tanto, que una naranja tiene materia sólida, líquida y gaseosa, pasando después a las partículas energéticas que conocemos (átomos con sus protones, electrones y neutrones) y otras que no conocemos y que ponemos como, por ejemplo, la vida que hace que se forme la naranja, las fuerzas que hacen la digestión sin que nos demos cuenta, o las que forman el polluelo en el huevo. Así es que, de lo que no se toma conciencia no se conoce pero, además, de lo que conocemos, podemos llegar a la conclusión de que es el resultado de la combinación de fuerzas invisibles y energías. Y todo esto ¿Con qué intención fue hecho? pues con la misma con que nos fue facilitado el cuerpo físico con sus sentidos, o sea, con la intención de que tomáramos conciencia del mundo físico para autoconocernos como un yo y evolucionar gracias a los sentidos y a las experiencias.

Resumiendo, si no tuviéramos los sentidos (como no los tienen las plantas) el mundo físico no existiría para nosotros puesto que no seriamos conscientes de él. Lo que significa que es el yo o conciencia, según su estado evolutivo, quien percibe las formas según su grado vibratorio, lo que quiere decir que, por el hecho de no ser conscientes de vibraciones más lentas que las que perciben nuestros ojos, no significa que no haya otras formas más densas aún que las que vemos. Y si existen dichas formas más densas, como así creo, nuestra materia sería una materia etérica en relación con ella puesto que su vibración sería más elevada como lo es la del gas respecto al líquido y éste respecto al sólido.

Sin embargo, y en el mismo supuesto, nosotros no consideraríamos real a ese mundo más denso como no considera real el yo al nuestro. Cuando estamos en un lugar y nos vemos rodeados de objetos, nuestra conciencia hace que el yo se sienta en ese lugar pero, si ese yo o persona cierra los ojos y concentra su mente en otro lugar donde no reciba impresiones de objetos ni del mundo físico, entonces el mundo desaparecerá para él, por tanto, el mundo existe cuando nuestra conciencia vibra en respuesta a los objetos que perciben los sentidos.

Francisco Nieto


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